jueves, 20 de abril de 2017

Ingeniera de Telecomunicación inversa

Como comúnmente se afirma, “rueda el mono y regresa al borne”.
Aquí iría una larga perorata tecno-filosófica (“Cómo ya dijo Howard Hugues en el rodaje de ‘Próstata'...", que se podría articular de mil maneras, todas ellas aseadas y pulcras, pero que no aportarían nada.
Cómo esto no es JotDown magazine, os ahorro la chapa.

Tanta ha absorbido el Whatsapp el mundo de la comunicación ‘ligera’ que hoy en día prácticamente no hablamos vía audio con nadie.
Whatsapp arriba, Whatsapp abajo, y acudimos al teléfono, esencialmente yo, bajo tres escenarios:
*Emergencia/Hemos quedado aquí->llego tarde->y no te veo por ningún sitio!
*El intercambio de mensajes se alarga arrastrando los pies y no hay manera de aclararse de una puta vez.
*Para hablar con los padres, que les hace ilusión y tal.
Es entonces cuando agarramos el teléfono y zanjamos la controversia en 1 minuto, 2 máximo (women’s results may vary)

Cómo iba diciendo, entre esa maraña de coñas, porno, accidentes de motos y críticas al Barça, uno tiende a hastiarse de revisar el puto Whatsapp a menudo, y algunos mensajes importantes, o de relativa desimportancia, se pierden en el océano de heces whatsáppico.

Recientemente he aplicado, con notable éxito, una nueva técnica: mandar un puto SMS.
No sólo son gratis (creo) sino que a menudo tienen un –ding- diferente que el de Whatsapp, por no hablar de que el icono en status bar es diferente y por raro es más llamativo. Creo que hablo en nombre de todos cuando digo que sólo recibimos SMS cuando compramos con VISA en el extranjero, cuando el banco quiere algo, o cuando tenemos una llamada perdida (*)

Por consiguiente, como diría el difunto Felipe González, un SMS tiene hoy en día una capacidad de respuesta inmediata MUCHO mayor que la de un mensaje de Whatsapp.

Similarmente, y eso no lo he probado, imagínense ustedes la respuesta, unánime y de irremisible prontituz, que resultaría de mandar un FAX a una oficina.
Imagino las caras de los tíos, girándose todos a mirar la máquina conforme va entrando el FAX, una tecnología inconcebible para los becarios…

O imagínense recibir en casa una misiva de puño y letra de algún amigo....se te caen las bolsas del Caprabo y los ocho cojones al suelo del impacto emocional.

Lo dicho, pruébenlo y ya me dirán.
Soy un puto genio.




(*) Una llamada perdida es ‘una llamada perdida’, no ‘una perdida’; de la misma manera la sala petita del TNC debería ser ‘la sala petita del TNC’ y jamás ‘la petita del TNC’.