Junto con Henry Ford, quien quiera que inventase la tele, la rueda, el ajedrez y el off-side, Steve Jobs ha sido de las personas más enormemente influyentes en el devenir de la civilización occidental. Así de fácil: él y su equipo fueron quienes transformaron el ordenador
de pantalla negra llena de sintaxis absurda a escritorio con iconos que inician programas. Apple hizo personal al ordenador, lo domesticó, lo hizo operativo incluso para un babuino tonto, y con ello todas las casas terminaron teniendo uno y cada imbécil fue capaz de enchegar un navegador.
Similarmente Apple fue quien convirtió el mísero teléfono en centro de entretenimiento, y consiguió que medio mundo tenga la previsión del tiempo en la palma de la mano y que lentamente arrinconemos el PC en pos de una espachurrada en el sofá trasteando con el smartphone. Microsoft en el caso de los PCs y todos los demás en el ámbito de la telefonía les imitaron, les destriparon, y les levantaron el concepto pero, como decía mi ex-jefe, el plagio es el más dulce de los cumplidos.
Jobs además se adhirió a un concepto ya virtualmente en desuso: que la máquina funcione bien. Las cosas Apple funcionan bien, cojonudamente bien, siempre, de forma previsible y sostenida, cosa que ni Microsoft ni el batallón Android pueden decir. Funciona bien por sus cojones; parte nuclear del plan es que funcione bien. En tiempos en que nada dura nada y uno se hace una jartá de parchear mierdas y flashear scripts dudosos, se agradece que Apple hiciera siempre cosas que funcionan rematadamente bien.
Hay dos cosas negativas, que en realidad son una; la sectarización conceptual de Apple para con su maquinaria. Su determinación en crear un ecosistema –razonablemente deplorable- con iTunes, incompatibilades, boycotts y trastadas, ha echado atrás a muchos potenciales compradores. Su absurdísima cruzada contra el reproductor flash, sus asincronías con GMails y Hotmails, su enroque corto con el iTunes y su cerrazón conceptual son realmente una tocada de cojones estúpida, en tanto en cuanto perjudica al usuario sin que exista un beneficio plausible.
Quizá a resultas de todo ello aparece la sectarización del usuario, cansina, previsible, infantil, deprimente… tan deprimente, dicho sea de paso, como la del Android fanboy, la del PS3 freak o tantas otras. Que un grupúsculo de gentuza crea que la dictadura del iTunes les beneficia es asombroso; que lo publiciten como tal, sonrojante. En las consideraciones estéticas y de diseño ni entro porqué poto.
Pero que haya indivíduos dispuestos a pagar un premium de cojones por un aparato, es también comprensible; comprensible porqué los trastos Apple generalmente funcionan, y yo entiendo perfectamente a la gente que quiere previsibilidad operativa. Apple ha excelido en diseño, rendimiento, marketing y fidelización, ha marcado el presente y el futuro de la informática, y ha mejorado nuestra calidad de vida en general. Ya sea de forma directa o por usar maquinaria de sus imitadores, Apple es referente mundial y el bueno de Jobs deja un legado legendario. Desear que el nuevo capo sea algo menos yihadista; entonces me compraré uno.
Descanse en paz.