Primero
eran viejos sin amigos corriendo solos por la mañana (por prescripción médica),
luego fue ‘footing’ (algunos jóvenes neoyorquinos hacían lo mismo que los
viejos), luego ‘jogging’ (los vendedores de pulsómetros necesitaban algo más
ambicioso para hacer ver que esta senil actividad era un deporte) y ahora se
trata del ‘running’.
No he
estado en ninguna carrera ni tengo ninguna experiencia pero sí tengo multitud
de amigos y conocidos que practican este ‘deporte’ y me adoctrinan accordingly:
periodicidad de los entrenos (“nunca dos días seguidos pero nunca más de dos
sin salir” -o sea cada dos), calzado (“es vital!!! Que sean de gel, no de aire!”
–big fucking deal), las ventajas de la tierra sobre el asfalto (“te cruje las
rodillas más allá del Km 20” –big fucking deal) o las tiritas en los pezones
(not again!). Salgo a la calle bien leído, sí, vive Neruda.
Históricamente
he tendido a asociar esta opaca actividad a tíos en sus treinta-y-tantos que se
dan cuenta de que están hechos una mierda, y cómo no saben jugar a nada ni
tienen el tiempo ni la logística, salen a correr para hacerse creer que así no
infartarán y rebajarán el colesterol. Al menos creo que esta es la vía de
entrada de un mayoritario porcentaje de los ‘runners’. Hay otra cuota de
practicantes más vocacional y deportiva, la de los tíos jóvenes o competentes (que
bajan de 3h en una maratón) que hacen series y mierdas para correr rápido de
verdad.
Empecé
con esto por pura debilidad mental. Que estoy jodido lo sé, me consta y puedo
vivir con ello, pero primero un frente de amigos, luego otro, y luego una
tercera vía que jamás hubiera podido imaginar me acorralaron. Hoy en día hasta
un Controller sale a hacer ‘running’, y todo el mundo se siente tan bien, hace
cursas populares, folla más y todas le ponen. Lo que me tentó más fue la
posibilidad de escapar de mi hastiante vida familiar durante una horita al día
sin tener que ir de putas o a un bar a jugar al mus. Así pues me calcé la
nandrolona y los pantaloncitos y me armé de chocolate Valor.
Cómo
hace unos 25 años que no corro seguido más de 12 segundos, el primer día salí
acojonado. Me puse incluso una gorra y gafas de sol para que los vecinos, caso
de verme, no pudieran reconocerme y por tanto asociarme al gordo sudoroso
congestionado con tempo paquidérmico que revoloteaba por el vecindario. Me puse
auriculares con heavy metal a tope, y salí a ver si aguantaba 5 o a lo sumo 10
minutos. Ahí descubrí las bondades psicológicas de la burbuja de introspección
que proporciona el ‘running’.
Imbuido
en mis pensamientos sobre los detalles de una potencial invasión
extraterrestre, dábalo yo todo en cada paso. 5 minutos, 10, y yo erre que erre,
con paso firme y decidido. Luego me adelantó un matrimonio cargado con bolsas
del Caprabo y abandoné mis oníricos pensamientos para intentar aguantar rueda.
Hice la goma unos cien metros y les perdí. Regresé a mis pensamientos “espero
que los extraterrestres quemen vivos a todos los anormales, que absuelvan a la
gente normal (catalanes todos) y que me otorguen el rango de Sumo Pontífice”.
Aguanté
mis 25m y completé la friolera de 3.31 Kms. Llegué a casa justísimo, me paré y
me mareé. No estiro antes de empezar, menos al final. Me descalcé, encendí un
pitillo y me abrí una Estrella Damned, estiré las piernas y me pregunté cuando
volveré a Hawaii, ai…
.jpg)