miércoles, 18 de noviembre de 2020

martes, 20 de octubre de 2020

2028: I have a dream

Me levanté a las 9:42 exactamente, 3 minutos de que sonará la alarma puesto que tenía vuelta de golf a las 12 en punto pero quería pasar antes por el despacho.

Tras los maravillosos progresos realizados con mi entrenador en los últimos meses estaba convencido que podía romper par.

Había una rubia de impresión maquillándose en el baño, Lídia, una de mis novietas preferidas. Estaba radiante esa mañana. Me pusé el albornoz, le pessigué su firme culo, le guiñé un ojo, y bajé a desayunar.

Me preparé un café americano, a la vez que mi esposa, Verónica, me servía sendos Frankfurt y lomo con queso recién hechos. Me mostró un cocazo abriéndose ligeramente el batín. Vaya cocos, hoyga.

“Hello Alexa” ordené, “Enchega la atele y pon Antena 3”

Se encendió la 65 pulgadas curva, sintonizó el canal, y ofreció imágenes en vivo de un accidente de helicóptero con desenlace funesto. Se temía que fuera el que trasladaba a Arrimadas, Carrizosa, Colau, Bartomeu y García-Caridad al Valle de los caídos a realizar una ofrenda floral.

“Vaya rachita” pensé; primero Pablo Casado y Aznar, pareja inconfesa, fallecían de SIDA en primavera, luego el accidente de parapente de Soraya Saenz de Santamaria que costárale la vida en Organyà, y ahora esto.

Sonreí. Abalanzóse sobre mi mi santa esposa dispuesta a achucharme un poco; me dejé y confeccionamos acto de cópula.

Subí a la suite, me duché y Lídia me vistió. Bajé y Sebastián el chófer me preguntó si íbamos al Club de Golf cómo siempre.

-No -respondí-, hoy pasaré por la oficina a echar un vistazo.

Cogimos Ronda hacia la A2 y una luz en el cielo me sorprendió: era un meteoro, un cuerpo celeste colosal, qué rápidamente descendió estrellándose en el RCDE Estadiun. Me cegó el destello y me encendí un pitillo. "Se acabó el infierno de la Segunda División" pensé.

Llegué a la oficina; los números iban muy bien. Sonia, la directora financiera, me agarró la mano y se la puso sobre uno de sus senos. Con un ademán decliné. “Hoy, golf” le dije y le guiñé un ojo.

Fuimos al campo de golf. Ya casi llegando recibí una push notification de mi app del 3/24: “Tremendo tsunami arrasa España”.

Raudo abrí la app, que ofrecía los siguientes detalles “Tremendo tsunami ingresando por la costa Atlántica, zona de Huelva, asola toda la España sur y centro hasta morir mansamente a las puertas de Galícia, Rioja, y valle del Ebro. No se esperan supervivientes”.

“Dios ahoga pero no aprieta” pensé. Me calcé el guante y me saqué de la chistera un drive de 279 metros a tocar de green. Terminé la vuelta con 69 golpes, 3 bajo par.

Llegué a casa e hice la siesta, merecidísima.

Me levanté sobresaltado: eran las nueve menos cuarto y la final de Champions empezaba ya. Ya sé que era la sexta consecutiva, todas ganadas, pero este año parecía que el Osasuna nos podía dar guerra.

Aguantaron hasta el minuto 25; con el segundo gol de Messi (el hijo del otrora astro argentino) se vieneron abajo para un 8-1 final.

 Abrí una Voll-Damm para celebrarlo, me puse un episodio de "Billions", y me dormí en el sofá de vellut cómo un bebé.

lunes, 21 de octubre de 2019

El fin de la inocencia


Al igual que le está ocurriendo al estado español con lo de su ‘democracia ejemplar’, en casa estamos teniendo ciertas dificultades manteniendo, apuntalando, el relato.
Hace un par de meses se fue a tomar por culo lo del ratoncito Pérez, con la consecuente erosión conceptual del tema Santa Claus y reyes magos.

En esas andábamos cuando, en mi empuje didáctico y de valores -no relacionado con lo anterior-, le puse a mi hija de 8 años “Stop at nothing”, el espléndido documental sobre el tema Lance Armstrong.

Me sirve, cómo el hábil lector habrá triangulado ya, para articular una retórica demonizante sobre el tema drogas. “Mira que malos estos tíos que eran TRAMPOSOS y tomaban DROGAS para ganar pero luego les descubren y lo pierden todo, y tienen CÁNCER” tal y tal.

El discurso está bien hilvanado, y ciertamente -y hasta que pruebe la primera clencha-, está volcada contra las drogas y el alcohol. Bien ahí.

Pues en estas estábamos, cuando hacía el final del documental sale Tyler Hamilton (exciclista del US Postal -creo- y excompañero de Lance) entrevistado a cámara y proclama “Somebody has to tell the kids that Santa Claus is not real” [Álguien debe decir a los niños que Santa Claus no es real] referido obviamente al hecho del desenmascaramiento de Armstrong.

Yo noté que a la niña se le ponían las orejas de punta pero no dijo nada. Sabía que la bomba de relojería estaba ya en marcha. Seguimos hablando de que si ‘qué mal los que se drogan’ y tal. 

Pero al día siguiente, ayer, y mientras estábamos en silencio en el sofá, me suelta un:
-¿Los que se drogan dicen mentiras?
-Por supuesto, TODOS.
-¿El niño que ayer en el documental dijo aquello de Santa estaba mintiendo?
-Absolutamente, cómo todos los drogados.
-Uffffffff, menos mal, me pondría taaaaaaaaaaaan triste que fuera mentira….
-Descuida mi amor...

Si le faltaba una pizca de evidencia para confirmar el trolón de Santa y de TODO, lo halló viendo el puto documental. Ahora además ve claramente que soy un MENTIROSO.

La inocencia se puede perder de muchas maneras, y esta fue la suya.
Una pena.

martes, 1 de octubre de 2019

En el Mundial 82 iba con España


El 1 de Octubre de 2017 me afectó a nivel personal, y desde entonces no he vuelto a ser el mismo.
No diré que no puedo hacer vida normal, ni que estoy deprimido, ni ansioso, ni nada de eso, pero a partir de ese día mi vida cambió.
Para mal.

Quieras que no, yo en el mundial 82 quería que ganara España, y en el 86, ya menos en Italia 90, hasta que me importó un cojón en el 98. Pero tampoco les odiaba.
Recibía cómo buena noticia cuando bajaba el paro, cuando fue admitida en la CEE, y cuando parecía que esto podía ser un lugar normal.
Yo, aun sin simpatizar demasiado con ella, no odiaba a España.
Y a pesar del atropello del Estatut y todo el jabalismo micropénico demostrado desde 2010, más que odio lo que sentía era desdén y resignación con un país muy retrasado a todos los niveles pero que parecía querer intentar ser decente.

Pero ese 1 de Octubre de 2017 lo cambió todo.

Yo pensaba que mi padre era cortito por venir de dónde venía, pobre hombre. Venido del terruño, trabajó cómo estibador hasta el accidente en 1984. Hasta entonces no había sido un buen padre, mucho menos un buen marido, pero el tío hacía lo que podía y a pesar de su porfía con el alcohol, yo quería pensar que tenía buen corazón. Por eso tras el accidente y con 16 años me puse a trabajar y a darle todo el salario. Seguía chillando a mamá pero yo pensaba que era por su frustración, por sentirse inútil, y por no haber tenido nunca una educación.
El 1 de Octubre fue el día en que mi padre me cruzó la cara a hostias llegando borracho del bar y casi mata a mi madre a palos. A mi hermano lo tuvimos en Bellvitge dos semanas ingresado.

Ese fue el día en que entendí que siempre estuve equivocado, y que mi padre siempre había sido y siempre sería lo que era. Un cerdo.

El 1 de Octubre abrió mis ojos, y lo que vi me dolió mucho.
Ya nunca volveré a abrazar a mi padre, le deseo lo peor, y si Dios me da ocasión de segar su vida, ni por un momento dudaré que eso es lo debido.
Y si no puedo yo, mi deber es que mis hijos busquen la ocasión de hacerlo.

Ahora sí les odio. No me gusta, me duele, pero es así y es lo justo y debido.

martes, 10 de septiembre de 2019

El gambito del baluarte (o la dejada del jabalí)


Tras 6 años de ausencia, regresé al tenis hace 6 meses, y lo hice por la puerta del gato. 
Trampilla diríamos, ni a puerta alcanza mi retorno a las pistas.
La verdad es que tras un primer set explosivo repleto de subidas a la red, reveses en carrera, dejadas, lobs, passings y un suculento crisol de diabluras, me planté en el segundo set con un meritorio 6-4 en la buchaca. serví mal (ese servicio tan rematadamente malo que ni conlleva doblas faltas; flojo, centrado, inseguro y quebradizo tal que pondrías un niño de 6 años al resto y las devolvería todas) y el resto de mi juego no fue diferente.

Gracias a Dios mi rival tiene mi edad, y a pesar de estar fuerte, fornido, frondoso y jovenívol, carece por completo de calidad; es un puto jabalí. Pero corre cómo tal y las va devolviendo cómo si su vida fuera en ello.
Es además, y esta es una de las ventajas del anonimato en las redes, un hijo de puta.

Cada vez que subo me mete un globo (a pesar de ser un negado mete los lobs cómo Michael Chang) con el consiguiente desgaste -y desorientación por mi parte.

Cada vez que me quedo en el fondo me mete una dejada (a pesar de ser un negado clava las dejadas) con el consiguiente esprint de cojones y, peor aún, el frenazo perturbador.

No le cuelo un puto passing, no comete un solo error no forzado, es el Terminator de las pistas. Cero calidad, todo pundonor. Es un puerco.

A lo que iba: el día de mi retorno, hace ya meses, en el tercer set (6-4, 5-7) y con creo que 2-3, me mete la trigésimovigésimoséptima dejada -a mala folla, cómo todas las dejadas.

Una cosa que me pasa desde hace un tiempo con las dejadas es que me paso un buen rato sopesando si voy o no, y normalmente para cuando la bola da el tercer bote decido que sí, que 'vamos allá' -pero veo que ya es tarde.

Pero en ese momento, cuando vi al jabalí meter ese gestito luctuoso con la muñeca para la dejada letal, por circunstancias que no recuerdo -o jamás conocí, puse en marcha los reactores del Columbia y cual billones de barricas de nitrogeno líquido ardiendo para salvar a la humanidad del apocalipsis hacia galaxias más acogedoras, me dispuse a proyectar mi tripa, zapatos, raqueta y huevazos hacia la red a capturar esa bola que cambiaría mi vida.

Paró el viento, subieron los mares, se abrieron las nubes, y un canto celestial así en plan oh-oh-ooooh (de cuando aparece un ovni o la vírgen en las películas) surcó la central del Arthur Ashtray Stadium. 

Los pájaros cayeron a plomo, los girasoles empezaron a rotar cual tiovivos, se pararon los relojes y yo, heroico y a cámara lenta, acometía con los ojos inyectados en semen el momento que definiría mi carrera.

Habría ya atacado enfurecidamente dos tercios de mi periplo (y me faltarían aún unos dos metros más para coronar la gesta), cuando me petó un huevo o algo bajo pantalón sito. 

La ingle, el abductor, el adductor o el rotor de Jenkins. No sé qué reventó (y fue una pena que Abraham Zapruder estuviera en la pista 2 y no en la central para filmar el evento) pero el momento fue cósmico. Caí al suelo como Nixon, enroscado, patidifuso, lloroso y otoñal. Sabía que mi carrera había acabado -antes de empezar.

En resumen, que me estoy enrollando cómo una papela de farlopita: que tenemos partido este Jueves y he alcanzado un pacto de mínimos con él, con el jabalí, que asegura la taxativa PROHIBICIÓN de hacer dejadas por parte de quien fuere que vaya por delante en el marcador. Así de fácil.

Soy un monstruo de la negociación, ¿no?
Ya os contaré el Viernes. Estoy optimista.

lunes, 9 de septiembre de 2019

El enigma de Camilo


Poco que añadir a una brillantísima carrera. ‘Jesucristo Super Star’, ‘Sesto en Nueva York’, el ‘Sesto Sentido’, … clasicazos, historia viva de la iconografía pop de finales del siglo pasado.

Una pregunta, empero, jamás será contestada… ¿Qué empujó a Camilo a elegir tal nombre artístico?

Estaremos de acuerdo en que el nombre de Camilo Blanes, su nombre auténtico, carece de carisma y gancho a partes iguales.

Ni por un instante dudo que le aproximó su promotor con la necesidad no menos perentoria que apremiante, de buscar un nombre artístico con más atractivo.
Naturalmente tenía en mente el promotor ajustar el nombre de ‘Camilo’ mucho más que lo de ‘Blanes’, que suena neutral o incluso anglófono pronunciado así en plan ‘Bleins’.

¿Pero Camilo? Joder, cómo Hermenegildo o Olegario. De viejo naftalínico sondado. Que me venga con un “James Blanes” o “Oliver DeBlanes” y ya iremos tirando, pensó el promotor, ansioso por empezar a imprimir papel.

Sure enough, cómo vive Demis Roussos, que al tercer día viene el bueno de Camilo y le abofetea con lo de “Camilo Sesto”.

Aún no existía el WOOOOT DA FUCK entonces, todo era mucho más formal y diplomático, y seguro que el promotor arqueó las cejas, ejecutó un breve pero tenso facepalm, se incorporó hacia adelante en su mesa y tras mirar a Camilo fijamente a los ojos dijo:



“Entesos”

Y de ahí al cielo. Es curioso.

martes, 3 de septiembre de 2019

El Estaticienne


Sabido es que soy un fan de estadísticas, métricas, gráficas, medias….todo aquello que pueda ser medido y sea medido me interesa. No entraré en detalles pero es bastante enfermizo.

Cuando con 14 años jugaba a tenis, y bastante antes de que en la tele pusieran estadísticas de break point conversion % y tal, yo ya ponía estas métricas en las hojas de papel en que me apuntaba cada partido de tenis.

Con el golf, ¿qué les voy a contar? Esto son capturas de mi Golf.xlsx:

(y esta es la versión simplificada; la antigua tenía más métricas):




Sea cómo fuere, de Marzo 2017 a Marzo 2018 me dediqué a medir una serie de métricas, tales cómo cerveza ingerida (en litros), cubatas, cigarrillos, tal.

Tengo la app en el móvil con todo guardado y cómo me dispongo a desinstalarla, cuelgo a modo de tal mis consumos más destacados a lo largo de los 383 días analizados.

Cubatas:













Muy bien, consumo modesto o mejor.


Cigarrillos:
Mejora notoria, ahora estoy a 0 o 1.

Cerveza (en litros a la semana):


























Cifras algo excesivas, 328 litritos en un año. Gracias a Dios ahora estoy a la mitad o menos.

Pues nada, me la desinstalo. Y buenos días.

ELECTION DAY 2026: The Fountain of The Door

No he dicho casi nada aún, mayormente por pereza, pero diré mis cuatro cositas, ya a las puertas de tal. Revisionismo básico: ya sabemos c...