viernes, 17 de abril de 2015

LOS PUTOS CATALANETS: Orígen, causas, desarrollo y desgarro

Pocas cosas hay peores que un catalanet.
Su nefastez y carapollismo halla parangón en muy pocas civilizaciones, todas ellas extintas ya.

Esencialmente son chungos por cobardes, pactistas, y maquiavélicos.
El catalanet es muy reservado, no presta atención a nada, pero presta atención a todo. Maquina siempre, le gusta el calor del grupúsculo, adora la conspiración, y claramente dibuja líneas y ve todo en blanco y negro. Finge paz espiritual mientras es muy envidioso, y da generalmente una preponderancia escandalosa al caler.

Luego les encantan los alegatos liberal-izquierdosos en las sobremesas pero con su pasta, otro galla canta. Hay un doble discurso bastante molesto, y una endogamia que entiendo resulte desagradable a los españoles; mucho más desagradable que matar a 900 tios a base de coches-bomba, claro.

No sé si su cobardía les induce al pactismo o si es el pactismo lo que les acobarda. Si hay una manera oscura de hacer las cosas, y entre amigos, siempre mejor que la transparente. Gusta mucho eso de las castas, y a través de los años se ha establecido una élite financiera mucho más segregada del resto que en Madrid u otros lugares.

Esa élite proviene de gente que jugó bien en el sXIX y SOBRETODO de pactistas cobardes que se alinearon con Franco. Quien no supo tocar las teclas con El Pardo lo perdió todo. E hicieron bien, yo hubiera hecho lo mismo aun a costa de mis principios; no en vano, soy Catalán.

Qué maravilloso que ahora se desvele que desde la transición hasta hace cuatro días Moncloa UNTÓ a Pujol y entourage para entibiar el tema nacionalista! Más maravilloso aún que lo consiguieran, y más aún que hubiera tantos en el ajo que el resto jamás entendimos nada. “Peix al cove” decía mi admirado Pujol, peix al cove indeed.
¿Cómo puedo criticar a un modesto activista que llegado al trono no hizo sino adaptar ese motto tan catalán y socorrido de “primer els de casa”?
No le puedo culpar porqué yo soy tan miserable como él.

Y no era un viejo loco, no, que a su rueda lleparon todos los que pudieron, que son legión. Todos ellos, claro está, ya jugaban a “la puta i la Ramoneta” con el Generalísimo, claro. Esto es lo que son los catalufos: gente rarita que ha tomado TODAS las malas decisiones durante siglos y que llegados aquí y traicionados ya por todos, están echando un puñetazo sobre la mesa.


No sé, necesitamos un poco de introspección.

jueves, 16 de abril de 2015

EL POLIGONERISMO: Orígen, causas, tipos, futuro

El actual poligonerismo deriva del charneguismo que a su vez emana de las olas migratorias alentadas por Paco Franco para disolver la –indudablemente superior- raza catalana durante los años 50 y 60.
Creo que como intro, cuesta batir esta frase.

En efecto, El Generalísimo esvalotó el gallinero anadaluz y extremeño (donde comían piedras y gatos) y les invitó a luchar por un futuro mejor en la oprimida-pero-intelectual-y-económicamente superior CataluÑa.

Estos inmigrantes que llegaron con una mano en cada huevo pasarían a ser cariñosamente nombrados ‘chusma’ por los locales. Los que vinieron con mujer engendrarían más chusma, y los que se vinieron solter@s serían los padres de los otrora imperantes ‘charnegos’. Eran épocas convulsas, rancias, retrógradas, y varias catalanas vírgenes y confusas cayeron en las redes de esa chusma inmigrante en algún baile de esos raros con peinados inconcebibles de los años 70. Ahí surge la figuraca del charnego: padre chusma, madre catalana.

Un rasgo fundamental de la cultura surespañola, lo que la asemeja horrores a las culturas moracas, es la de la inadaptación y el ghettismo. Sin duda a raíz de su deficiente cultura, el español, es incapaz de adaptarse allá dónde va; recuerden sino esas olas migratorias a Alemania de los 60s; ha pasado medio siglo y esos animales siguen sin hablar pizca de alemán.
Y el ghettismo, propio de culturas mediterráneas o sudacas: allá donde vayas no sólo no te adaptes sino que debes constituir ghettos tan fuertes y cerrados que te permitan no interactuar en absoluto con los indígenas.

Surge pues en los 80 con inusitada fiereza el charneguismo, que se sub-divide en dos grandes y desiguales-en-número grupos: el 5% que aprendió catalán, se integró, escolarizó, y adaptó al entorno, y ese 95% que se amotinó en la periferia de Barcelona y montaron su Little Badajoz en Santa Coloma y Beybiche.

Derivando del chusmismo de los 60s y del charneguismo de los 80s, surge el poligonerismo de los 2000, que es un retorno a las raíces más chúsmicas y endogámicas, presenta un discurso mucho más fundamentalista, y rehúye con mayor fuerza aún la integración con los indígenas catalanes (más allá de bajar bandera, reparar –mal- un escape de agua, o vender un gramo de coca).

El poligonerismo, a diferencia de sus antecesores intelectualmente más ancestrales, se fundamenta en:
1-El total desinterés por todo, incluyendo las raíces propias
2-El abuso de las redes sociales
3-La taja y la intoxicación permanente
4-Peinado y aspecto de puta de cuneta
5-El pleno conocimiento de la inexistencia de un futuro mejor.


Sabe Satanás qué derivará de esos vertebrados que terminarán tirando la caña a nuestras hijas, pero lo que sí podemos aventurar es que pinta mal.

jueves, 9 de abril de 2015

FACEBOOK

Esta anécdota refleja a las claras el mundo en qué vivimos.

Una amiga, que tiene una peluquería, se abrió un perfil totalmente falso en Facebook. Tras pedir amistad a docenas de personas al azar (creo que FB te propone gente basados en algo), fue sigilosamente añadiendo a sus peluqueras, aquellas a las que quería vigilar (‘que si estoy enferma’ y tal y luego fotos esquiando, ya me entienden).

Casi todas tragaron, y ella puedo así observar sus menos interesantes que burdos movimientos desde la clandestinidad. Se cepilló a un par. Que las echó digo, cerdos.
Y más o menos se olvidó del tema, hasta que un día abrió el Facebook o el correo o lo que fuera y halló docenas de mensajes de feliz cumpleaños –el día del aniversario que metió al azar, claro.
Algunas incluso rollo ‘a ver cuándo nos vemos’ y tal.
A día de ayer el total de amigos de esta tal Anna Nosequé, el perfil falso, era de casi 180.

Y ahora justamente me comentaba un compañero de trabajo que son ‘amigos’ con una de la oficina, y que el día de su cumpleaños la semana pasada se cruzaron tres veces por el pasillo y ni le devolvió el saludo.
Por la noche en cambio, abre mi colega el Facebook y ahí estaba la calurosa felicitación de la tía esa, con mucha cercanía y aparentando gran alegría.


Yo no sé qué cojones está pasando pero sea lo que sea parece malo.

miércoles, 1 de abril de 2015

47 buttons and nothing on

Otro tema que me martiriza/obsesiona/maravilla es el de los mandos a distancia. De la tele.
Bajo mi parecer presentan un nivel de absurdidad que sobrecoge.
A efectos de esta discusión cogeremos uno de Samsung (mayor fabricante del mundo) al azar.

He marcado en rojo los clusters de botones prescindibles. Prescindibles rollo MEJOR QUE NO ESTUVIERAN.


Cluster 1:
Los seis de abajo son para operar algún reproductor nativo Samsung o alguna mierda que jamás logré identificar.
Samsung son perras cómo Apple en cuanto a compatibilidad pero cuidadosos cómo puercos en el diseño.
Los otros seis nadie sabe que son excepto el de subtítulos, que nadie usa porqué:
·         Ya entienden español
·         No quieren aprender inglés –a pesar de afirmar lo contrario
·         Les rayan los subtítulos porqué son así y ‘a su edad ya es muy difícil cambiar’. Luego salen a Londres o NY 7 días (6 noches) y terminan haciendo el puto penas y diciendo que los nativos son antipáticos.

Cluster 2:
Los cuatro del ancestral teletexto, tecnología no sólo abandonada sino de uso ya inconcebible para un Sub-70. Pero siguen ahí.

Cluster 3:
Los números. ¿Qué cojones números? Navegas los 6 favoritos que te miras de arriba a abajo con CHANNEL +/- (1)
Aun así hay tarados, como mis padres, que se envainan la numeración de la memorización automática cómo si fuera designio divino.
Cómo sólo miran TV3 y el 3/24, lo único que deben hacer es poner el canal 44 cada vez que encienden la tele y luego ir al 155 y vice-versa. Conveniente.

Cluster 4:
El del cuadradito sabe Jehová qué hostias hace; el otro ilumina el teclado por si eres tan anómalo de mirar la tele a
oscuras y la escena es tan rematadamente oscura que ni el brillo de la tele te permite ver los botones. Riolloro.

Los no marcados en rojo son los (siendo generoso) útiles.
Al loro, que estaríamos hablando de 19 útiles de 47, un 40%.
O sea: 60% de los botones son inútiles. Además nos enmarañan cuando buscamos por tacto, hacen el trasto mucho más difícil de manejar y esto es, en definitiva, cómo la gorra con ventilador.


Exijo introspección a los en-otros-ámbitos-tan-diligentes fabricantes de televisores. Gracias

jueves, 19 de febrero de 2015

La maldición de los 14 años

Por acción de gracias de 2001 pasaba yo las fiestas en casa de los tíos de mi mujer en NYC; un matrimonio adorable de unos 60 tacos, admiradores ambos de Pink Floyd.
En esas que una noche después de cenar ponen el vídeo ese de Pin-flois, el famoso ese con las lucecitas y la mandanga, la vieja saca un fardo de maría, lía un peta, lo rula, me toca, le pego tres viajes y me quedo tieso.
Tieso de tener que llamar al RACC.
Tras varias tentativas, logré levantar mi cadáver y trasladarlo a la cama, lo que originaría cierta coñeta back in the day.

Mi experiencia con los petardos fue, desde su inicio, atroz.
Desde la primera calada ya vi que esto estaba abocado al fracaso. Me quedaba momificado, inane, inerte, incapaz y pétreo. Gracias a Dios, y a pesar del entorno hostil (back in the 80s en la escuela del expresidente Rosell hasta el conserje le daba al tema), abandoné el tema por completo. Por completo. Sería el año ’87.

Eso hasta la fugaz recaída de acción de gracias 14 años después, que parecía traslúcido que sería la última.
Pues no fue así.
NO FUE ASÍ.

Hace dos o tres findes quedamos para cenar en casa de unos amigos. Él es bastante perlilla y tiene cierta inclinación hacia el tema petas, lo que le ha originado numerosos, virulentos, y precariamente reparables cristos con su mujer. Ella hace ya años que da el tema por zanjado, no asín él. En esas que cómo es costumbre él y yo vamos a buscar pizzas a tal sitio, a 3 minutos andando. Salimos a la calle y:
-General, que tengo ‘tema’. Tuve una despedida de soltero la semana pasada –me dice. Saca un paquete de tabaco de la cazadora y ahí había dos petardacos.
-Ni en coña. Ya sabes Vitolo, y te lo he contado mil veces, que eso no lo toco ni en coña.

Me sigue insistiendo fuertemente, yo llevaba encima mis cervezas, y entre una cosa y la otra -y en ausencia de mi representante-, le di dos viajacos al aparato.
Avancé sin novedad unos 150, quizá 200 metros. A 30m de la pizzería, el hombre del mazo me pegó un revés a dos manos fulminante.

Me senté en la gélida terraza, sólo con Vitolo, y ya vi que tras posarlos no podía levantar los brazos del reposador.
Careta de plástico, fríocalor, taquicardia alternada con paros cardíacos, el catálogo completo de anomalías cannábicas.
A todo eso una sequedad vaginal y de boca sin parangón. Me dan un sello y lo pego con chinchetas. Se me deben parar las glándulas salivares. Desazón.

Vitolo ya vio que habíamos descarrilado severamente y raudo acudió a por aguas. Seis. Me las mamé en dos minutos, como si fueran chupitos.
Se me durmieron las piernas pues no podía moverlas. Todo mal. A todo eso las mujeres en casa; entraron las primeras llamadas y no respondimos.
No sabíamos qué hacer….
Se me está alargando el post y sé que os rayan los posts largos.


Gracias!

miércoles, 28 de enero de 2015

“There’s no fucking way I’m driving this thing”

Por circunstancias tuvimos que dejar a uno de los golfistas, el que había alquilado el coche 4 días antes y lo había conducido todo el tiempo, en el aeropuerto de Edimburgo.
Íbamos tardísimo por una retención, llegamos, saltó del coche, se agarró su carry-on y desapareció  por la puerta.
El otro y yo nos miramos. Fue un brevísimo instante, pues el otro me dijo:
“There’s no fucking way I’m driving this thing”, tras lo cual y tras tener que pensar cual era la puerta buena, ingresé en el coche, ni recuerdo el modelo.
Luego sucedieron un vendaval de anomalías.

Fue sentarme, sentarnos en el interior, levantar la cabeza y mirar alrededor como si JAMÁS hubiéramos estado dentro de un coche, cómo si eso fuera un artefacto alienígena.
Tras unos 5 o 10 segundos osé poner las manos sobre el volante, y confirmar que la palanca de cambios me caía a izquierdas, extremo que ya conocía.
Los intermitentes operaban cómo en el continente, los limpiaparabrisas también, y el freno de mano no recuerdo ahora bien donde caía, quizá al otro lado.

“Dude, this ain’t happening” le dije al otro, que miraba hacia adelante como intentando quitarme presión y/o prisa.
La prisa me la puso el poli que me hizo ademán de ‘get the fuck out’.
Tras coquetear con la H del cambio de marchas así desembragado (o sea pisando embrague, chicas), me vi capaz de arrancar el tema.
Busqué el cinturón en el vacío sobre mi hombro izquierdo y rectifiqué. Desde el derecho, me costó horrores copularlo con la hebilla del asiento pero prevalecí.
Metí la llave y no había hueco a tal fin destinado; estaba en el otro lado, o sea cómo en España.

En 20 segundos ya vi que se me cruzaba normalidad y anormalidad; incluso aquellas cosas que funcionaban cómo aquí (todo menos asiento, volante y palanca de cambios) resultaban confusamente dispuestas.
Luego, una vez puesto en marcha el tema, un obstáculo imprevisto: a pesar de ser zurdo no tenía digamos fuerza para meter las marchas. Ni daba con el vector adecuado ni tenía fuerzas para engranar; o quizá con los nervios y mi ausencia de multi-tasking capabilities, mis músculos andaban helados.

En 50m ya vi que ni sabía frenar bien, a pesar de funcionar los pedales idénticamente. Ni os cuento lo que ocurría al atacar las rotondas o entre el confuso tráfico de Edimburgo. Al final llegué, y al día siguiente deshice lo macabramente conducido para ir a recoger al golfista sin novedad, pero ¿para qué os cuento esto?

Durante las 2 o 3 horas escasas conduciendo como un imberbe de 18 años que agarra un coche por primera vez, me di cuenta de cómo se siente la mayoría de chusma ignominiosa que circula por el mundo.
Las dos manos en el volante –señal inequívoca de incapacidad permanente-, cada cambio de marcha es un desafío, el intermitente sólo lo uso si me veo sobrado y bien, y ‘virgensita que me quede como estoy’ porqué el mundo que me rodea se me antoja insondable e impredecible. Confusión, tan centrado en pedales y manos que es imposible observar el fluir del tráfico rodado; simplemente sobrepasado por los acontecimientos.


Pero, y aquí es donde quería yo llegar realmente, jamás ocupando el carril izquierdo. Puedes ir mal, vais realmente mal!, no os enteráis de nada y además no prestáis atención; está bien, no pasa nada, chusma will be chusma. Pero eso sí: salid del puto carril izquierdo. No sólo es maleducado perjudicar a los demás sino que seguramente os haréis menos daño.

The chaos

Seré breve. El caos circulatorio exponencial manifiesto desde hace una década (por lo menos) en ex_Catalunya, deriva de varios factores (q...