miércoles, 21 de noviembre de 2018

FOX in SOX


Cojones, ni encontraba el botón de 'New Post'...

A lo que iba: llevo años intentando resolver este asunto; creo que hará 10 años ya que hice un post sobre el particular.

Los calcetines, así cómo los pelos de los huevos, los tampones o los mocos, son un ítem que mientras permanece adosado al cuerpo humano resulta irrelevante, pero que una vez lo abandona, resulta bien desagradable.
Puede uno llevar los calcetines 20 horas o 20 minutos; en ambos casos tras quitárselos da grima volvérselos a poner.
Es un ítem apasionante al que no se dedica el tiempo que merece.

Yo, desde que me fui de casa, he estado porfiando gallardamente con un desafío hasta ayer irresoluble. Explícome: al no tener filipina y negarse mi mujer a hacerme de mama, me encontré hace ya décadas acorralado ante la tesitura de aparearme yo mismo los calcetines o salir de casa con muestras desapareadas.

Cómo es natural me decanté por la segunda, y mientras el pool de candidatos es 100% negro (ya hace años aparté los marrones y azules oscuro), hay infinidad de niveles de tersura, grosor, costura y sobre todo, altura.
La habitación dónde me visto está pobremente iluminada; además no presto atención y hace años perdí la fe, a resultas de lo cual a veces hay un palmo o más de diferencia entre la eslora de uno y otro calcetín, lo que me hace parecer sucnormal, o cuando menos pedófilo, cuando cruzo las piernas y alguien me ve los tobillos.
O cuando me desnudo ante alguna adolescente ávida de carnaza.

Ante este reto, cómo ya debatiérase en su momento, sólo cabe una salida tecnocrática: eliminar todos los calcetines y reemplazarlos por x pares idénticos. Pero eso no era suficiente: necesitaba 3 atributos innegociables:
  • Que la costura no fuera muy rugosa, puesto que me toca los ovarios tener un costurazo, normalmente además desalineado con la curva de mis dedillos, dándo la vara.
  • Que no tuvieran logos ni mierdas en la parte visible de la caña; aun me recuerdo a mí mismo en pantalón corto durante los años 80 con esos bordados de dos raquetas de tenis cruzadas en el puto calcetín, anda que no hizo fortuna ese “family crest”
  • Que fueran unitemporales: ni gruesos de invierno, ni finitos de esos casi transparentes (de cura pederasta o Controller de cincuenta-y-pico tacos) de verano. Un grosor perenne.
  • Que fueran, y esta era vital, reversibles: que me los pueda quitar del revés, ellos ser lavados, y volvérmelos a poner de volea tal cual. Ni en darles la vuelta tengo previsto perder un minuto.

Ante estos desafíos me encontraba yo (por cierto, he mencionado 3 requisitos, he puesto 4 y nadie se ha dado cuenta; suerte que no sois controladores aéreos) cuando inicié esta porfía hará 10 meses.
Incansablemente toqué calcetines de amigos, las yemas de mis dedos calibraron tersura y grosor con fruición; fui a chinos, al Carrefour, a diversos establecimientos, buscando el Santo Grial del Calcetín. Finalmente encontré la referencia en un sórdido Decathlon en Tabarnia…

Reconté mis calcetines negros.
41. No me sorprendió la imparidad; estimo que resulta más de la pérdida de 17 calcetines que de 1.
Arrodoní a 42, 21 pares, y raudo acudí anoche al Decathlon donde fulfilleé mi proyecto.

La cajera sin duda pensó “A este viejo lo han echao de casa a hostias y no tiene ni calcetines, pobre hombre”
Pagué, llegué a casa, cogí el caótico crisol de calcetines y los eché a la basura.


Desde hoy y para el resto de mi vida, un problema menos.
La vida, créanme, es más la ausencia de problemas que la presencia de grandes ilusiones.

martes, 3 de abril de 2018

Grandiosa historia de superación que humedecerá los ojos...


...al más gélido lector.

De pequeño, cuando en el patio los jefes elegían equipo, yo bien era elegidor o de los primerísimos elegidos.
Los elegidores normalmente aunaban dos cosas -que son tres: saber jugar a fútbol y ser jefecillos de la clase. Ser algo cabrones es la tercera.

La cadencia solía ser siempre la misma: piedra-papel-EStijera (en mis tiempos) al mejor de 5 desafíos; el ganador empezaba eligiendo. En mi curso había 3 que eran los mejores, y ya por mera divisoria, el partido empezaba ya francamente decantado pues los que tenían a 2 de los 3 ya lo tenían ganado. Hablamos de niños de 7 a 10 años. Cualquier padre familiarizado con el fútbol base infantil verá cada Sábado que con 1 sólo extremadamente bueno se ganan partidos. Lo raro es verlo en los profesionales cómo hacemos con Messi.

Pasaron 25 años y trailers enteros de cartones de tabaco por mi tórax, y en el trabajo empezamos a hacer lo mismo los jueves a las 6.
Cómo ya sabrá el viejo que pasados los 35 aun juega a fútbol, se trata de una lista de distribución por email de unos 45,000 nombres de los cuales comparecen 8. El 95% no responden al email, un 2% declinan SIEMPRE, y de ese 3% que acepta, una tercera parte no se presentan sin dar explicaciones. Regresan además el Jueves siguiente (tras dejarlos con 9 el Jueves anterior) sin pedir disculpas en clara manifestación de disonancia cognitiva grave.
A todos ellos les deseo sarro.

En definitiva, a veces 4 contra 4, a veces 5 por banda, a veces incluso hay uno o varios sustitutos, que se encuentran con la calamidad de que al no existir autoridad gobernante, a los 5 que están en cancha no les quita de ahí ni Llarena encolerizado.

Gracias a Dios en menos de 10 minutos alguien suele romperse los ligamentos o la rodilla, facilitando así una cierta rotación, viciada ya de por sí pues los recién entrados al campo JAMÁS saldrán, heridos aún por el hecho de cascarse media de hora de moto pa llegar justísimos y ver cómo terminan chupando banco.

Aun a esas edades, se transita por un proceso de criba de equipos muy equiparable al de antaño.
Cuando no me conocían me elegían a media confección, pero una vez se fueron familiarizando con mi jogo bonítol fui quedando progresivamente relegado a la cola de la selección.
En mi mente me veía convertido en el gordo gafotas que a principios de los años 80 era condenado al ostracismo en el proceso de selección, y eso es difícil de digerir…

Encontré jaueber un nicho de mercado suculento: cómo perdía infinidad de balones en la construcción, me aterrorizaba el choque, las daba todas mal, no iba de cabeza por miedo, tenía el dribbling de un urogallo herido, jamás retornaba a campo propio para defender, y no podía pegar dos carreras seguidas, por dignidad republicana me ofrecía a menudo  para ponerme de portero para recuperar el aliento y así evitar el ictus.

La posición de portero en las pachangas de Jueves de cuarentañeros es convulsa; a esa edad ya no quedan porteros. Los que lo eran de jóvenes ya se partieron la cadera hace años, perdieron el interés o se mataron en accidente de parapente tiempo ha. Lo que hay ahora son extremos derechos nerviosos efímeramente metidos bajo palos hasta que les metan un gol, esperando como jaguares encerrados que esto ocurra para continuar con la rotación y salir de ahí.

EN LAS PACHANGAS DE PORTERO ROTATORIO LOS PORTEROS QUIEREN ENCAJAR.

Eso es en sí mismo una puta mierda deportivamente hablando pero muy bueno para los delanteros venidos a menos, que se levantan buenos números a base de punterazos centrados bajo las piernas del obeso cancerbero.

Decía pues que tal, que a base de pasarme largas temporadas bajo palos (encajando probablemente en 9 de cada 10 tiros entre palos -pero no pidiendo rotación tras recoger el balón del fondo de las mallas), el resto de jugadores vieron algo único en mí: un puto gordo gafotas QUE SE PONE DE PORTERO.

La otrora incontestable inapetecibilidad de mi puta cara de repente se convirtió en un suculento manjar: “Con ese mamón en mi equipo apenas me tendré que poner bajo palos” pensaban, con acierto, los no-incapaces.

Pasé pues de ser un despreciable estorbo sin ego a figurar Jueves tras Jueves en las primerísimas rondas del draft, llegando a cristalizar intervenciones de mérito cómo el día que fui a recoger el balón de debajo de una furgoneta de DHL.

En resumen amigos, grandiosa historia de superación, de cómo nos podemos reinventar a nosotros mismos para pasar del más humillante fracaso y desdén al más estelar de los exitazos. Si Netflix no hace un documental sobre esto este año será el que viene.
Si viene.
Que ojalá no.

martes, 6 de marzo de 2018

Vamos a llamar las cosas por su nombre...


...a pesar de que, cómo natural, siempre se sea razonablemente injusto cuando se dan brochazos del calibre de los que verán abajo.

El unionismo está conformado por, en esencia, tres tipos de personas:
               1-Los hijos y nietos de los que entraron con Franco: ministretes, politicuchos, delegado de tal, empresario de cual. La administración de la ocupación, gente que ostentaron cargos de poder en la ejecución de la opresión, mandos militares y políticos analfabetos pero fieles a Paco, a los que rápidamente se unieron…
               2- Los hijos y nietos de los botiflers, el pequeño y mediano empresario catalanet (no los había grandes) que por miedo, pragmatismo, egoísmo o cobardía rápidamente se alinearon con el régimen para asegurar un status y salvaguardar lo suyo, gesto que respeto. A esto se unieron gentucilla post-Franco que engranaron con el sistema actual y por puro egoísmo quieren que nada cambie.
               3- Los hijos y nietos de emigrantes de sur. Gente mayoritariamente sin recursos ni educación y  con un panorama general muy malo, que se liaron el petate y vinieron aquí.

En porcentaje sobre la masa unionista, hablaríamos de un 3%, 12% y 85% del grueso de la población.

El independentismo ofrece dos tipologías:
               a-El indepe vocacional, muy buen conocedor de la historia y con fuerte raíz indepe familiar que se remonta a hace dos siglos            
  b-El resto de la gente.

No hay más tipos, no le den más vueltas.
En porcentaje sobre la masa indepe, hablaríamos de un 7% y 93% respectivamente.

Franco fue hábil no sólo intentando disolver a una raza con otra basado en la “fuerza en números”, principio bastante sabio, sino que -no nos engañemos-, lo que ‘trajo’ tenía un perfil que doblemente satisfacía sus necesidades: gente con muy poca cultura pero fuertemente arraigada a la suya, y por lo cual con cero interés en amoldarse, integrarse, disfrutar y aprender de otras civilizaciones. Gente con una perenne melancolía por su tierra que se supo hacer virar hacia el odio y el rechazo al ‘adoptador’.

Lo milagroso es que esa sociedad enormemente fracturada racial, cultural y afectivamente coexistiera en perfecta harmonía 60 años (1950-2010). Sin duda la brutal represión de Paquito el fusilador les ayudo a ‘hacerse suya’ esa tierra, pero con la muerte del dictador tras la tremendas revueltas de Madrid de Noviembre del ’75 (HAH; that was fun!) la estabilidad permaneció. El desafío de la democracia con Luisito Suárez primero y Felipe GALzález luego dieron un horizonte al que mirar, y lentamente esa segregación empezó a formar parte del paisaje catalán.

Nos acostumbramos a los barrios y los yates y los enclaves de los del Tipo 1, fundidos ya con los del Tipo 2, y normalizamos en chandalismo, el taxismo, y el charneguismo cómo una realidad contra la que poco podíamos o queríamos hacer. Nos acostumbramos a las malas caras de los camareros, los exabruptos de los taxistas, a fontaneros fumando llegando 2 horas tarde, a la mala calidad industrial, y en general a coexistir con una cultura baja, mucho más baja que la que hay en otros lugares de la península -pues mucho de lo que vino era lo puto peor, y discúlpenme por no andarme con rodeos.

El ruidito indepe nos abrió los ojos  a los del tipo b; nos dimos cuenta de todo lo que acabo de escribir, ebullió ese resquemor, y nos dimos cuenta de que este pequeño país podía ser mucho mejor.
Sin ellos o cambiándoles, claro. Pensamos que podíamos cambiarles pero lo que vimos fue un jabalí aterrorizado redoblando esfuerzos en una encabritada furibunda, que no fue más que la confirmación de la auténtica cara de los nietos de los que entraron con Franco y el chandalismo más bajo, lo que retroalimentó nuestro ancestral sentimiento de raza, extremo en el que andamos hoy.

Para bien o para mal hemos empezado a odiarnos los unos a los otros; yo sé por qué odio al facherío, y prepondera más el rechazo a su comportamiento y valores tras 1 de Octubre que su raíz genética y cultural -que deploro también en gran medida.
Y sé entender por qué nos odian: porqué esto es tierra conquistada y quien cojones nos hemos creído que somos los putos catalanes que hablamos como perros y Chordi Puyol con el 3% y puto Puydemong peinado cómo un teleñeco.

Ya he dicho lo que quería decir. Será tosco, en ocasiones ciertamente desafortunado y brochagórdico, pero es todo absolutamente cierto por doloroso que resulte.

martes, 19 de diciembre de 2017

CARTA DE AMOR AL UNIONISMO


No, no es coña; es un ensayo serio.

El pliegue de cargos racial, identitario, tribal y genético al tema este del separatismo/unionismo es un error, una MENTIRA. No deberíamos agruparnos alrededor de conceptos sentimentales que apelan a la longitud-latitud dónde moraron nuestros ancestros, sino que deberíamos centrarnos en la realidad a día de hoy y pensar en términos más palpables. 

Esto de “yo me siento tal o cual” es una patraña con un fin bien claro.

Entiendo que muchos de los ‘unionistas’ que viven en Catalunya se sientan españoles y que también varios incluso ni siquiera catalanes. Sus abuelos eran de Cádiz y Matalascañas, su padre nació en Écija, su madre en Hospitalet de l’Infant, ellos en Granollers, pero se sienten españoles y no catalanes. Y odian a los catalanes, las sardanas, els castellets y el puto barsa.
Oigan: muy bien, bravo; nada que decir. Yo también odio las sevillanas, torturar a toros, las chirigotas y muchas de las costumbres españolas; además siento significante repulsa por varias catalanas. Y turcas y alemanas; cada cultura tiene sus cosas y no tienen por qué gustarnos.

Nuestra opinión sobre cuánto nos gustan otras culturas es irrelevante a efectos de ver cómo queremos que crezcan nuestros hijos y cómo queremos vivir los últimos años de nuestras vidas. Además, si adora usted la cultura española y vive en Catalunya, habrá observado que no hay escasez de centros sociales, eventos y gente con la que sentirse cómo en casa, no en vano tras 50 años viviendo aquí no habla usted catalán ni necesita hacerlo. Y tampoco me consta ninguna campaña social o política, tras 40 años de ‘democracia’ para forzarles en ningún sentido.

Irrelevante es, cómo obvio resulta, el hecho de sentirnos gallegos, cántabros, extremeños o catalanes. Esto está muy bien, pero yo he venido a hablar de Business.

Usted piensa que los indepes son perros catalanes secesionistas a remolque de Árthur Mas y Puydemóng que nos han adoctrinado. Usted erra en su análisis, y le diré por qué. Usted piensa así:
1.      Porqué esto es lo que quiere oír
2.      Porqué sólo mama de los medios castellanos (de Castilla La Grande)
3.      Porqué tiene cero interés en investigar el mundo en que vive
4.      Porqué se siente más cómodo apelando a sus raíces que cuestionando lo que oye
5.      Porqué en realidad odia bastante a Catalunya, aun obviando estúpidamente que le quedan varios años por delante aquí, que sus hijos crecerán, vivirán, se casarán y morirán aquí, y que sus nietos puede que lleguen a presidir la Generalitat.

La mitad del movimiento indepe -si no más- está formado por gente cómo usted que bien alcanzaron a comprender mejor la situación o viven regidos por estándares morales diferentes a los suyos. Hijos de leoneses, vallisoletanos y un buen puñado de madrileños. Gente normal, no purasangres catalanes, ojo.

El independentismo no es un movimiento racial, es un movimiento moral. ¿Entienden eso? Moral, y debe interpretarse cómo la única manera de mejorar este país, pues mientras permanezca adosado (por la fuerza) a España (el país más corrupto de Europa) jamás podrá ser lo que hubiera podido ser. Además, extremo no menor, España ha demostrado sobrecogedor sesgo discriminativo hacia Catalunya siempre que ha podido.
Es importante pues que entienda usted, andaluz de tomo y lomo, que la encrucijada de hoy no es racial ni apela a árboles genealógicos; el tema es:
a)     si creemos que lo mejor para todos es que España nos intervenga, someta, pise y despoje de todo aquello por lo que algunos (la mayoría, pero da igual) lucharon, si ya nos va bien que un burócrata -corrupto- de Madrid, un Gómez de Caldas o Méndez de Pichas o Sáenz de Rayitas o cualquier otro nieto de Generales de Franco diga cómo coño deba llevarse este pequeño país a pesar de que las urnas, nosotros, digamos lo contrario.
b)     o no

Debe usted valorar si prefiere y es justo tolerar el oprobio al que España somete a los ciudadanos catalanes (sí, también a usted, a pesar de ser Andaluz y tener un hermano en la Guardia Civil) o no. No hace falta sentirse catalán para alinearse con unos u otros, ni ser indepe para sentirse realmente incómodo cuando se violan tantas cosas que dábamos por ganadas.

Y no hablo de gestitos, de putaditas. Hablo de gente en prisión, de libertades cercenadas, de tener a 6,000 polis metidos en un barco para salir a imponer “la voluntad de Castilla y salvaguardar la Constitución que entre todos nos dimos” (pero que sólo 18% de la gente en la calle hoy votó).

Puede usted odiar bastante a los catalanes, su puta mierda de cultura, su acento de perro rabioso, sus jetos graves y sus conversaciones fatalistas sin que por ello deba tolerar todo lo que nos endosa el Gobierno.

En este momento la deriva de este ensayo podría tomar el camino obvio: el Gobierno es el anticristo y debemos meter en Moncloa a alguien menos insensible y más justo. Mientras el plan suena bien, ahí está la historia.

Ni voy a entrar en ella porqué ya está todo más que visto. Castilla (que es en lo que España se ha convertido en realidad, ¿o debería decir las élites castellanas?) padecen -o disfrutan- de un perenne imperialismo colonial. Con todas las CCAA (ya liquidadas) y más aún con Catalunya, el perro rabioso. Sea el Gobierno de un partido hoy, de otro mañana, esto les une a todos siempre.

Establecido pues a través de sucinta bibliografía que Castilla no es civilizada, ni razonable, ni negocia, ni escucha, y que además se toma un desmesurado interés en erradicar a todo lo que emane de Cataluña…
 …el proceso decisional se ramifica en dos:

1.      Me da igual que nos jodan vivos y “prefiero seguir recibiendo €70 por cada €100 que pago en impuestos, tener que volar a todas partes parando siempre en Barajas, y tardar 3 horas en el Cercanías en llegar al trabajo cuando llueve porqué VIVA ESPAÑA y PUTOS CATALANES”. Legítima opción, pero desnuda el intelecto.

2.      O “Me da igual que los catalanes sean unos putos, pero es mi deber ayudar a poner freno a esto EN MI PROPIO Y EGOISTA INTERÉS”.

Si ha elegido el lector la opción 1, creo que mi texto no merece más de su tiempo. Yo tampoco tendría nada más que decir, tan sólo dropar aquí la cita de George Orwell que presidió mi blog tantos años:
“Del proletariado no hay nada que temer; por si mismos seguirán siglo tras siglo trabajando, criando y muriendo, no sólo sin ningún impulso a rebelarse, sino también sin la capacidad para entender que el mundo podría ser diferente a cómo es”

Si sopesan la opción 2, hablemos.
Cómo saben, es imposible un acuerdo racional con España. Seguro que los españoles son maravillosos (he conocido a varios y doy fe que mayoritariamente es así), pero:
a)     O los normales jamás alcanzan cota alguna de poder (por motivos obvios)
b)     O en manada se retroalimentan hasta quedar cegados; si algo les une es el desdén a Catalunya
c)      La más plausible: a las dos anteriores cabe sumar que a las corruptas élites castellanas les viene de perlas este discurso que el vulgo, en un espectacular esfuerzo de cerrazón, ha comprado.
Uséase: jamás nos darán ni agua y a lo más que cabe esperar es a que no nos den demasiadas patadas en los huevos. Hay dos motivos para oponerse fieramente a esa postura cabéstrica del Estado:
a)     Llegados a este punto, y por dignidad personal y pragmatismo egoísta meramente, hay que intentar aliarse con cualquiera que haga frente a la vil injusticia. Ya sea con los indepes con sus estúpidas banderitas y el prófugo cobarde de Puchdemón cómo con el Partido Animalista cómo con el Partit Pirata cómo con quien cojones haga falta.
Oponerse al oprobio notoriamente analfabeto de las élites capitalinas no debería ser una postura exclusiva de los locos e irresponsables secesionistas sino el DEBER de cualquier persona razonable.
b)     Les puedo asegurar que por locazos que puedan ser o parecer los indepes, ES IMPOSIBLE que construyan una sociedad peor que aquella que nos viene impuesta desde el odio.
·        En primer lugar, estimo que la corrupción sufrirá un bajón espectacular; vamos, es imposible que no sea así.
·        En segundo lugar, y cómo explico al final de la pág. 2 y demuestran los hechos, las políticas emanadas del Parlament serán eminentemente izquierdistas, fuertemente escoradas. Mientras eso no me entusiasma, entiendo que tiene su tal.
·        Es razonable pensar que la presión fiscal o el déficit contributivo/retorno per cápita sufrirá dramáticas mejoras. Si lo suyo es la solidaridad, manden cada mes €200 a la abuela de Albacete; así llegarán a ella y no a Bárcenas y adláteres.
·        No se puede tolerar que quien más contribuye sea quien menos recibe (per cápita) y que la “solidaridad” se convierta en una meada en la cara. ¿Han visto las 5 rondas que tiene Madrid, las famosas M30, M40, M50, …? ¿El peazo aeropuerto? ¿Los ministerios y demás oficinas gubernamentales ocupando a 2M de personas sólo en la capital? ¿Las autopistas de 5 carriles por banda vacías en Albacete? ¿Las paradas del AVE en el desierto? ¿Las tablets que entregan a los niños andaluces el primer día de educación primaria? ¿Y se han mirado a sí mismos, pagando peajes cómo cabrones, con un servicio de Cercanías de corte nigeriano, con esa T1 que tardamos 20 años en poder financiar, pagando POR TODO a cambio de tan poco?

Pero claro, “mi familia es Andaluza y yo me siento español”.
¿Son ustedes realmente conscientes de que España es gobernada por una fortísima élite económica y financiera emanada del franquismo dispuesta a servir sólo los intereses de esa élite casposa? ¿Necesitan más pruebas? ¿Es eso lo que ustedes quieren?
Señores unionistas: hay dos tipos de personas que quieren defender la unidad de España y el statu quo a toda costa:
·        Aquellos que se benefician directamente del expolio, las élites que están perpetrando este mayúsculo robo.
·        Y los confusos, que envueltos en una rojigualda (sobre la que los del punto anterior se cagan) les defienden bajo un odio a los catalanes quirúrgicamente fabricado.

Sí no es usted de los que tangan, es usted del segundo grupo, y en consecuencia tiene un problemazo. Y me lo está endosando a mí y a la mayoría de ciudadanos.
Señores unionistas: olvídense de los indepes. Seguramente no alcanzarán la independencia y a lo sumo nos conseguirán cuatro cositas cuando terminen pactando con los jabalíes de Madrid, no queda otra.

Pero, fríamente, ¿no es eso mucho mejor que la alternativa? ¿No prefieren que alguien intente hacer nuestras vidas algo mejores? ¿No han tenido ya 40 años todos los demás para hacer funcionar esto y HAN FRACASADO CON ESTRÉPITO? O mejor dicho: ¿no creen que han tenido un espectacular éxito convirtiendo a los catalanes en judíos mientras roban a espuertas entre los jaleos de una ciudadanía española tremendamente confusa?

¿No se dan cuenta de lo que es en realidad España?

Si la respuesta a todo ello es ‘no’, les agradezco haber llegado hasta el final; muchos otros cómo ustedes no lo hubieran hecho.

Yo he vivido bastantes años fuera. En EEUU. Y me sentía catalán cómo hubiera podido sentirme español, bávaro o vikingo. Da igual. Y además es mentira: no me sentía nada, no tengo necesidad de sentirme más que quien soy, pero ese es otro tema.

Lo que me importaba realmente era que no subieran el IVA (que era del 9%), el IRPF (que era cómo del 15 o el 20%), que no hubiera atascos por las mañanas y que mantuvieran bajo control el crimen. Jamás sentí el impulso de pensar que sentirme americano fuera importante para nada en absoluto. Era un paga-impuestos por lo cual tenía una serie de derechos y posturas ante la vida.

Obviamente no puedo evitar que voten lo que vayan a votar, no me quedará más que pagar las consecuencias, pero sí que, cómo damnificado por su carencia de buen juicio, estoy moralmente obligado a ponerles delante del espejo.

Ya han visto la campaña mediática: todas las plataformas al unísono lanzando mierda, soltando mentiras (sobradamente acreditadas cómo tales), pidiendo el voto unionista desde el odio.

¿Se han parado ustedes a pensar que su odio a Catalunya termina resultando en odio hacia USTEDES? Ustedes los manchegos, los Andaluces, gente que puede sentirse cómo quieran, pero cogen trenes, carreteras y pagan impuestos aquí. Pues sí, lo que están haciendo es darle por saco a usted, y les importa un huevo de dónde sea usted y se ríen el verle envuelto en una rojigualda.

Y aun con todo esto, la mitad de la población ha decidido seguir luchando. ¿No cree que es legítimo ayudar?

Si creen que tengo alguna razón en algunas cosas y les preocupa más que sus hijos y ustedes mismos puedan vivir en un mundo menos pésimo (sin dejar de ser ESPAÑOLAZOS de raíz y manifestándolo sin complejos), concédanse cinco minutos para darle dos vueltas al tema.

Gracias,

General Fórceps

lunes, 25 de septiembre de 2017

Los españoles NO son tontos

En España se ha construido un relato. Un relato que cómo bien sabemos los que vivimos en Catalunya, es de un sesgo pavoroso. Es falso.
Pero es el relato allende el Ebro y es el relato que cala en España. No es que los españoles sean tontos y el entramado político-mediático haya logrado engañarles: el entramado político-mediático les da lo que quieren.

¿Y qué quieren?
De los mil relatos que tanto España cómo todas las naciones han construido al largo de los siglos, pocos tan perennes cómo el -además cierto- relato del Imperio. Cuando el sol nunca se ponía. Tiene que ser la leche formar parte de algo tan grande, no lo dudo, vean:


Se perdió América, se perdió Asia, y España quedó convertida en lo que siempre había sido, un rinconcito con buen tiempo. Y pasaron los años, y las Coronas (¿pasaron realmente?) y las transiciones y la entrada en el “Mercado Común” y con todo ello la civilización. Y con ella España se dio cuenta de lo que era: nada.

Jamás ha tenido un presidente que balbuceara inglés, atrás en todo, estructuras de estado fascistas (o en gran medida derivadas de un régimen y una transición de talante no democrático) y en definitiva, la República Dominicana de la UE.

Pero aun con todas las carencias, España tiene un enorme superávit de auto-estima, epitomizado por el mantra de que “en ningún lugar se vive cómo aquí” (especialmente repetido por los que no viajan). Esa reafirmación del ego más castizo, gonadal y primario, pudo hallar constatación en el colonialismo hacía Catalunya al amparo de la Constitución del '78.

Ese es mi corral, mis pistas de esquí, mis playas, y los que pagan el subsidio a los ocurrentes y cachondones andaluces y extremeños”. La colonia.
Ahí sí que España era alguien, podía demostrar y ejercer poder, y podía sacar el genoma ese, el de la Armada Invencible y Los últimos de Filipinas; la testiculina ibérica que de tantas maneras se manifiesta, torturando a toros o abatiendo a moritos montados en una verja por citar unas pocas. Es todo parte de la misma concepción genital de la realidad.

Ese pisoteo que te hace sentir que eres alguien, esa actitud propia de los bullies del colegio; ese traer a Madrid vuelos de larga distancia por cojones, ese dejar que la RENFE en Catalunya se caiga a trozos, ese capar el corredor mediterráneo, ese cagarse en el AVE por Catalunya y llevarlo a Despeñaperros, ese ceder competencias pero no pagar por ellas, ese desdén, esa condescendencia, ese abuso del que carece de autoestima y busca vehículos para elevarla.

Tengámoslo claro: harán todo lo posible para evitar que Catalunya se vaya porqué es lo peor que les puede pasar; no sólo por un tema económico (que también, pero para ellos es secundario) sino por un tema psicológico. Porqué tratarnos cómo a una colonia les hace sentir bien, lo necesitan cómo una droga. Sin Catalunya serian el país de segunda que siempre han sido y no admiten ser.


Es por eso, estimados lectores, que la guerra del relato está perdida, pues la audiencia prefiere aferrarse a ese espectro, tan lejano ya, del imperio dónde jamás se pone el sol. Veremos si no se pone rapidito.

jueves, 21 de septiembre de 2017

El x de España

No sabría encontrar la palabra…. Desdén? Repulsión? Hostilidad? Envidia? Odio?... lo llamaremos x.

El x de España para con Catalunya se remonta al año de los cojones. Luego hay el tema 1714 del que sé poco (y me importa menos), mil vicisitudes que ignoro, y el franquismo del que algo ya sé. La ‘ejemplar’ transición que nuevamente no contempló una realidad significativamente diferente, y la ulterior disolución de la misma con el “Café para todos”.

Nada con Catalunya respondió, jamás, al azar. Esto, cómo ya sabemos, detona con el famoso no-Estatut de 2010. Conmovedora historia de desencuentros, RT si yoraste.
Y luego lo de ayer, sobre lo cual las imágenes y los analistas ya lo han dicho todo.

Créanme cuando les digo que de haber elecciones generales hoy la derecha sacaría aún más votos, ya que lo que hicieron mayoritariamente GUSTÓ en España. “A la mierda ya con los putos Catalanes”.

Queda esto refrendado por la postura de Ciudadanos, la única valiente y honesta, pues no se refugiaron en La Constitución ™ cómo el PP ni balbucearon sandeces desorientados desde los matorrales cómo el tétrico PSOE/PSC; dijeron lo que piensan con claridad, gesto que agradezco.

Luego los de Podemos, que ondean su indignación democrática con el único objetivo de rascar votos. Ni esos ni sus madres contemplarían, ni por un instante, conceder a Catalunya un referéndum.

Ese es el patio que tenemos, y parecería esencialmente razonable que gente a quienes se viene pisoteando fiscal y moralmente durante años pegaran un puñetazo sobre la mesa. Este movimiento secesionista se fundamenta más en la gente mayor que en la juventud, y viene de abajo a arriba -no es el proyecto de un líder guerrillero cómo el Che Guevara sino que Mas primero y Puigdemont & cuadrilla luego han sido EMPUJADOS por la gente.

Otras dos cosas le dan mucho valor: desde el principio se exploró la solución política y se socializó el problema con las altas esferas europeas y americanas (no se trata de cuatro revolucionarios en los bosques que se desentienden totalmente de las reglas del juego democrático).

Y, sobre todo, no es una anhelo que emane de la hambruna, la guerra, la limpieza étnica o la atrocidad sino que emana de la intelectualidad; de la comprensión de una serie de realidades intolerables antes las cuales gente educada, pacífica y cabal, se ha rebelado.


Y prevalecerán. Con muertos o no, en 2017 o en 2070. No lo duden.