miércoles, 24 de octubre de 2012

YO PONTIFICO

Sí me cansaré de repetir esto pero no hoy.

Tras el enésimo -y tercero sonoro tras Inter 2010 y Chelsea 2012- encontronazo con defensas que se cierran y somos incapaces de tal, y tras re-abrirse el recurrente debate sobre si hace falta un plan B (contrapuesto al A basado en el jogo bonito/passing game/doctrina cruyiffista-guardiolista) PROCLAMO QUE:
1-El plan A hace años que se abandonó. El plan A era el estilo del FCB del primer año de Guardiola con Eto'o de 9.
2-Lo que hacemos ahora, si bien guarda un distante parecido con el plan A, NO LO ES.
3-El plan A se basaba en:
     A-Velocidad de circulación de balón elevada o muy elevada.
     B-Movilidad de los jugadores ofreciéndose siempre a la corta o la larga en un mix apropiado.
     C-Juego en profundidad, no tanto al pie
     F-Juego por fuera para desbordar y terminar entrando de cara.
4-As per the above, la única a la que permanecemos más o menos fieles es la B. Lo demás se perdió todo.

Por lo cual, IMPLORO QUE:
1-Se abandone el absurdo debate sobre si necesitamos un plan B. Estamos ejecutando un plan X de dudosa fiabilidad. Si regresamos al A no hará falta B, pero si seguimos con un plan X, necesitaremos plan Y.
2-El despliegue rápido, sin que todo el mundo tenga que pisarla tres veces, no sea asociado con el fútbol ramplón.

Y para terminar, SUBRAYO QUE:
1-Lo de ayer de jogo bonito no tiene nada. Ocho tios pasándose la bola sin mirar barraca ni tener ninguna intención de pegar al rival no es bonito. No lo es en el boxeo cuando un púgil lleva 9 puntos de ventaja en el 11 ni lo es aquí. Los estibadores analfabetos de Glasgow debían estar incrédulos ayer en sus sofas mientras ese cómico espectáculo se desarrollaba en sus televisores.
2-Anticipo un incremental nivel de sustos, épicas remontadas y amargas cagadas si no empezamos a jugar:
     A-Por fuera de verdad, encarando y desbordando
     B-Un poco rapidito, hijos míos, un poco más, de verdad.

Y poco más que añadir. sigan con los debates indepes.

jueves, 18 de octubre de 2012

Stranger in a strange lamb (The continuing episode to 'The loneliness of the long distance foca')


Salí un segundo día, lo que en sí mismo es ya un hiro hito. En la vida, la segunda intentona es SIEMPRE más jodida que la primera. Vean las bandas musicales por ejemplo: el segundo disco suele ser nítidamente el peor, y en general tras la explosividad del primer envite, el artista (*) anda siempre confuso y errático en su segundo esfuerzo. Las cosas se estabilizan en el tercero donde la tendencia, ya estructural, queda marcada de manera perenne. A veces me adorno tanto que ya no sé qué hostias decía…

Salí, dispuesto a discurrir más tiempo, más lejos, más rápido y más entero (citius, altius, fortius). Logré las tres primeras que no la última. Descojonado y sudando secreciones muco-purulentas por todos los poros en un banco al terminar, un matrimonio que paseaba me preguntó “¿Estás mareado?”.
Al menos me tutearon, que no es poco habida cuenta de mi avanzada edad. Mentí que “no”.

Corro por un paseo que ni es marítimo ni deja de serlo. Factualmente es terrestre pero alguien lo etiquetó de manera confusa y absurda cómo ‘marítimo’.
Huelga comentar que me adelantan TODOS. Strictu-sensu, todos. No obstante, en un lance, vi un tío a unos 50m que me pareció que iba más lento. Fue un efecto óptico pero, aun así, abrió la caja de Pantoja de mi imaginación: “¿Cómo reaccionaré si un día adelanto a un tío?”. Por impensable que parezca dados mis 7’30” por Km, no hay que descartar nada. Podría pasar. Y si ocurre, ¿qué debe hacerse?

Saludar es una posibilidad, un lacónico ‘adéu’, pero queda prepotente. Empezar a saltar y levantar los brazos a la Rocky se me antoja ofensivo, y echar el pecho p’alante así en plan photo-finish podría originar un doloroso tropiezo si mongoleo con mi centro de gravedad. Si algún día ocurre, supongo que actuaré con normalidad, como los grandes campeones del calado de Addis Abeba u otros.

Pero, y he aquí mi gran temor, ¿debo esperar una vendetta por parte del adelantado? Nada sería más doloroso que entrar en una espiral de violencia que nadie desea. En coche estoy harto de ver imbéciles adormilados que una vez adelantados se vienen arriba y empieza un concierto de largas y amagos de clavadas de frenos estresante. ¿Ocurre lo mismo en el gili-atletismo?

Estoy seguro que caso de adelantar a un tío, oiría sus pasos muy cerca, mucho, y nunca parecerían alejarse. ‘Tap-tap-tap-tap-tap-tap’ justo detrás y yo, con el reojo, intentaría calibrar la distancia que nos separa. Y el tío que sigue ahí, pegado el hijoputa, tap-tap-tap-tap, casi puedo oler su fétido sudor…
Y si pasara por delante de alguna cristalera intentaría medir su distancia en el reflejo, si casi me pisa o si me sigue a unos prudentes tres metros, mientras oigo su respiración pausada, poderosa, el rugir del búfalo antes de la embestida…. pero no puedo ni debo darme la vuelta, pues me desequilibraría un poco y el psicópata me adelantaría sin problemas…

Y supongo que aterrorizado ya ante la persecución infernal a la que estoy siendo sometido, pararía acojonado no rehuyendo ya más el cara-a-cara, para de repente no oír nada, darme la vuelta y ver que no hay ni Dios. Seguro que hace 10 minutos que ese buen hombre está en casa duchándose y yo aquí oyendo sus pasos… acojonado…intimidado.., metido en una espiral psicótica sin ton ni son…

Cuando ocurra, cuando deje de ser el PEOR corredor del mundo y adelante a alguien, estoy seguro de que oiré sus pasos incluso metido en cama a la media noche. La mente humana es cómo una caja de bombones-bomba…

(*) Ojo al vocablo usado para referirme a un puto cavazanjas en calzoncillos corriendo torpemente.

miércoles, 17 de octubre de 2012

The loneliness of the long distance foca


Primero eran viejos sin amigos corriendo solos por la mañana (por prescripción médica), luego fue ‘footing’ (algunos jóvenes neoyorquinos hacían lo mismo que los viejos), luego ‘jogging’ (los vendedores de pulsómetros necesitaban algo más ambicioso para hacer ver que esta senil actividad era un deporte) y ahora se trata del ‘running’.

No he estado en ninguna carrera ni tengo ninguna experiencia pero sí tengo multitud de amigos y conocidos que practican este ‘deporte’ y me adoctrinan accordingly: periodicidad de los entrenos (“nunca dos días seguidos pero nunca más de dos sin salir” -o sea cada dos), calzado (“es vital!!! Que sean de gel, no de aire!” –big fucking deal), las ventajas de la tierra sobre el asfalto (“te cruje las rodillas más allá del Km 20” –big fucking deal) o las tiritas en los pezones (not again!). Salgo a la calle bien leído, sí, vive Neruda.

Históricamente he tendido a asociar esta opaca actividad a tíos en sus treinta-y-tantos que se dan cuenta de que están hechos una mierda, y cómo no saben jugar a nada ni tienen el tiempo ni la logística, salen a correr para hacerse creer que así no infartarán y rebajarán el colesterol. Al menos creo que esta es la vía de entrada de un mayoritario porcentaje de los ‘runners’. Hay otra cuota de practicantes más vocacional y deportiva, la de los tíos jóvenes o competentes (que bajan de 3h en una maratón) que hacen series y mierdas para correr rápido de verdad.

Empecé con esto por pura debilidad mental. Que estoy jodido lo sé, me consta y puedo vivir con ello, pero primero un frente de amigos, luego otro, y luego una tercera vía que jamás hubiera podido imaginar me acorralaron. Hoy en día hasta un Controller sale a hacer ‘running’, y todo el mundo se siente tan bien, hace cursas populares, folla más y todas le ponen. Lo que me tentó más fue la posibilidad de escapar de mi hastiante vida familiar durante una horita al día sin tener que ir de putas o a un bar a jugar al mus. Así pues me calcé la nandrolona y los pantaloncitos y me armé de chocolate Valor.

Cómo hace unos 25 años que no corro seguido más de 12 segundos, el primer día salí acojonado. Me puse incluso una gorra y gafas de sol para que los vecinos, caso de verme, no pudieran reconocerme y por tanto asociarme al gordo sudoroso congestionado con tempo paquidérmico que revoloteaba por el vecindario. Me puse auriculares con heavy metal a tope, y salí a ver si aguantaba 5 o a lo sumo 10 minutos. Ahí descubrí las bondades psicológicas de la burbuja de introspección que proporciona el ‘running’.

Imbuido en mis pensamientos sobre los detalles de una potencial invasión extraterrestre, dábalo yo todo en cada paso. 5 minutos, 10, y yo erre que erre, con paso firme y decidido. Luego me adelantó un matrimonio cargado con bolsas del Caprabo y abandoné mis oníricos pensamientos para intentar aguantar rueda. Hice la goma unos cien metros y les perdí. Regresé a mis pensamientos “espero que los extraterrestres quemen vivos a todos los anormales, que absuelvan a la gente normal (catalanes todos) y que me otorguen el rango de Sumo Pontífice”.

Aguanté mis 25m y completé la friolera de 3.31 Kms. Llegué a casa justísimo, me paré y me mareé. No estiro antes de empezar, menos al final. Me descalcé, encendí un pitillo y me abrí una Estrella Damned, estiré las piernas y me pregunté cuando volveré a Hawaii, ai…

martes, 16 de octubre de 2012

Oda al Teletac


Dejando de lado la prostitución, las amantes, el Canal + Liga y el Pizza Hut, pocas cosas han contribuido de manera tan eficiente al sostenimiento del matrimonio como elemento pivotal de las culturas monogámicas como el Teletac.

El Teletac, más allá de las ventajas obvias (que no son menores), es un eficaz evitador de discusiones tal que esta:
Conforme el gallardo automovilista se aproxima a la máquina para insertar la VISA y la mujer sigue mirando por la ventana como lo haría un perro faldero, de manera absolutamente impermeable a la realidad:
AUTOMOBILISTA: -¿Qué?
MUJER: -Qué de qué?
-¿Meto la minga por la ranura?
-Dios Santo, Antonio, no hace falta ser tan desagradable; ya me dirás tú si a alguien le viene de medio minuto, que eres un estresado!
-No, pues nada, disculpas por haberte interrumpido; entiendo que tu carga de trabajo rascándote el chocho te imposibilita darme la puta VISA cuando toca.
-Toma la VISA, joder, tómala, cabronazo!
-El próximo día conduces tú y yo siesteo, a ver qué te parece. Mira, tres tios ya detrás de mí esperando, tres joder!
-A la mierda tarao, que eres un tarao.

La mujer comete dos errores de flagrancia no desdeñable:
->Uno: ser incapaz de compartir la carga operacional del viaje. Si el tío se descuerna cambiando marchas y poniendo intermitentes, no es mucho pedir que la señora tenga la VISA a mano, por solidaridad ni que sea.
->Y dos: unilateralmente dictaminar que los otros automovilistas impactados por su estulticia no tienen prisa alguna, craso error fundamental.

Lo dicho, que las bondades del Teletac con creces exceden lo obvio. Gracias a Johannes Mauritius Teletac una vez más por su brillante invento.

lunes, 8 de octubre de 2012

Existe un vacío letal...


Aunque en contradicción con la aritmética, 8 está mucho más cerca de 11 que de 5.
5 no son casi nada mientras que 8 son bastantes, cómo 11. Desde esta perspectiva, y habida cuenta de las circunstancias concurrentes anoche, doy el resultado por tolerable.

Lo que hoy diré será tan importante como breve: tenemos un vacío en la demarcación de 9 que hay que resolver. Efectivamente, entre que los extremos se abren y Messi baja a Torrelodones a recibir, en los últimos 30 metros no tenemos a nadie para rematar. Hay un vacío letal que gripa muchísimos de nuestros ataques. Esto inutiliza las subidas de los laterales que llegan al fondo para centrar, levantan la cabeza y oh, sorpresa: NI EL TATO. El tío más cercano está fuera del área –parado además esperando recibir por fuera. Mal. Si los laterales arriesgan para llegar a zona de centro, tiene que haber algún manso a rematar.

Esto, que para algún fundamentalista tendrá visos de anti-tiki-takismo e innoble cuestionamiento del ‘estilo irrenunciable’, no debe ser la manera en que juguemos ‘per se’ pero sí un elemento más de la carta operativa del equipo. Otro gallo hubiera cantado si el Chelsea hubiera tenido que tapar las bandas o si hubiera tenido que estirar/disolver su defensa para tapar más zona que su propia área pequeña. Llegar al fondo para clavar frenos y darla atrás para repetir por enésima vez la jugadita ‘impossible slalom’ no tiene puto sentido.

O empezamos a tocar registros (pronto habré olvidado el último gol de contraataque btw) con soltura o con el inmovilismo monolítico abrazados al juego de toque al trote cochinero nos va a ir muy justo. Mucho.