martes, 26 de julio de 2011

Entre el minuto 3 y el 6 de vida

Por motivos equis el pasado Viernes no pude disputar el preceptivo solteros-casados que representa al pistoletazo de salida de las fiestas de mi pueblo, un pueblo pequeñito, de 500 habitantes en invierno y dos o tres mil en verano. No obstante, a lo largo de dos árduas noches en las que fui víctima del desalmado ataque de una jauría de gin-tonics, tuve ocasión de hablar con varios de los principales actores del encuentro (nos conocemos todos), lo que me compelió a escribir este pequeño hexálogo para que las generaciones futuras no cometan los mismos errores que nosotros. Debe interpretarse pues este post como un manual operativo para salir indemne de las pachangas veraniegas.

SOLTEROS:
La primera norma es que si no la tocas mejor no juegues. Al joven de 19 años le puede parecer divertido salir a hacer el ganso, pero en el solteros-casados hay mucho público, muchas jovenzuelas lúbricas deseosas de apareamiento, y por la noche habrá que cazar. Es por lo tanto absolutamente prescindible salir a hacer el indio, pues aunque las mujeres no sepan nada de fútbol saben ver a un incompetente y eso las frena en sus ansisas amatorias. Si (como es preceptivo en culturas sub-desarrolladas como la española o la argentina) la tocas bien, hay que pedirla, dejarse ver mucho, meter goles y si hay suerte interesa que te metan una entrada fuerte para despertar en las hembras en edad de merecer de la grada ese sentimiento maternal que pudiere derivar en, y perdonen la expresión, mamada.

CASADOS:
Ahí el plan de actuación es aun más simple, y romperemos el desafío en varias fases. Como es sabido, en los solteros contra casados hay muchas y frecuentes sustituciones, por lo cual es vital:
1-Caso de no haber estado en el once inicial, no lesionarse en la carrera de entrada al terreno de juego. Por la tele entran todos al sprint pero los casados, que llevamos 20 minutos sentados en el banquillo comentando la jugada y descojonándonos sin amago alguno de calentamiento, no debemos entrar a fondo. Trote cochinero máximo, y nunca en dirección a la jugada; que quede claro que estamos ahí para fines más altos que defender un puto corner. Un esguince de tobillo en la carrera de entrada es lo peor que nos puede pasar.

2-La segunda prioridad, una vez ingresados en el tapiz, será informar a los otros 10 de que nuestra posición será la de 6 o 10. Es pinacular no asumir NUNCA un rol tácticamente determinante: ni último hombre ni delantero centro, simplemente revolotearemos por la medular y si nos aburrimos ya haremos escapaditas aquí o allá. Interesa poquísimo que un chaval sano de 21 años no encare siendo nosotros el útlimo defensa, o peor aun, encontrarnos delante del portero rival en un mano a mano que no fallaría ni un mono, pues como vive Churchill que vamos a ejecutar un zapatazo a fuera de banda.

3-Solventadas con éxito las primeras dos directrices, la tercera prioridad es intentar tocar la bola antes de rompernos. Es particularmente doloroso experimentar una rotura de fibras ensordecedora sin haber ni tocado la bola. Pidámosla, toquémosla una vez al portero (fácil para que la estadística arroje un 100% de pases buenos) y a partir de ahí ya podemos ponderar la 6 o rompernos tranquilamente.

4-Intentemos evitar tener que llamar al RACC. Nada de ir a por bolas divididas (tíbia, peroné), nada de ir al corte echándose al suelo (abductores, adductores, cadera, además de estropear el césped pues nuestra pierna es como un arado), mucho menos aun ir por alto a una bola aérea dividida (traumatismo cráneo-encefálico, esguince de todo en el aterrizaje). Aconsejo -si queremos marcar paquete- coger la matrícula de algún soltero, tenerle muy presente, y en cuanto tengamos prevista una ruta de colisión interesante, ir a por él con el hombro fuerte y arruinarle la fiesta mayor; que vuele. Lo anterior no es tan fácil como parece pues con la aceleración de un superpetrolero que desplegamos debemos prever las arrancadas con unos 15 segundos de antelación, lo que hace nuestro esfuerzo particularmente complejo.

5-Caso de haber hecho el más espantoso de los ridículos en cualquier lance, es estéril intentar repararlo. No vamos a dejar en la retina del espectador una buena imagen tras la cagada anterior haciendo el gol de Messi contra el Getafe, os lo aseguro. Cualquier intento de redención redundará en una tumba más profunda aún. Os remito pues a 6.

6-Haya ido la cosa como haya ido y transcurridos 5 u 8 minutos, debemos pedir el cambio. El pico de rendimiento del casado se produce entre el minuto 3 y el 6 de vida en el campo, y es siempre mejor dejarlo en la cresta de la ola. Iros ya, vuestra presencia en el campo es una bomba de relojería.

La prioridad es que no se hable de nosotros en la barra del baile al cabo de unas horas entre descojonos, por no hablar de lo engorroso que es llegar a casa desmontado a las ocho de la mañana habiéndose dejado uno las muletas apoyadas en la barra.

martes, 19 de julio de 2011

Señor Gordo

Recuerdo cuando tenía 10 o 20 años y jugaba pachangas veraniegas que en el otro equipo –y también supongo en el mío propio- había el típico Señor Gordo que no se aclaraba. Era la alternativa ofensiva más apetecible pues cualquier amago de quiebro resultaba en el viejo gordo cayéndose de culo y haciendo un esplendoroso ridículo.

Si querías meter goles, ibas a por él de todas las maneras, pues tenías virtualmente un 100% de follártelo y encarar barraca. Se caía mal, en plan saco de patatas y a pesar de su voluntad inquebrantable, su peso y sus inexistentes reflejos hacían de él un pelele. Caños, sombreros, amagos, y el Señor Gordo caía al suelo como un viejo, que es lo que era.

Ahora soy un Señor Gordo. Si una retirada a tiempo es un victoria y una a destiempo un fracaso, lo mío no sabría como clasificarlo. Una indecencia, quizá. Ayer, however, tras encajar en la Liga empresarial un correctivo de dobles dígitos, me di cuenta de lo que ahora soy; un estorbo. Un estorbo-ofensivo que se mantiene en el equipo por la caritat cristiana del resto.

Hubo dos lances reveladores: llevábamos 5 minutos sin salir del área (táctica murciélago versión hardcore) y en esas que tenemos una contra. Me mandan una bola aérea en posición de 10 vencido a izquierdas que viene bien. Me la miro y pienso: “si tengo que pincharla, conducirla, y disparar nos dará la hora del Angelus, pulutant tal como venga le doy de volea”. Cual Ave Fénix despego, oriento el cuerpo, y tal como viene la bola le doy tan así que casi no le doy tras lo cual el portero camina mansamente hacia el esférico mientras yo caigo a peso como la estatua esa de Saddam Hussein y casi pierdo el conocimiento.

Lance dos: segunda parte, mediada. Ellos están bien replegados y no tengo a quien pasarla. Harto ya de darla fácil para meter en follones a mis compañeros, me encabrono y cual Transiberiano enfilo hacia los dos centrales con el ambiciosísimo plan de hacer una doble croqueta a la velocidad del rayo y definir en el mano a mano. Supongo que la primera croqueta la hice tan despacio que el otro hasta hubiera podido firmarme el balón durante la ejecución, pero la completé con éxito, y conforme iba a por la segunda, bien me cayó un rayo o me disparó Lee Harvey Oswald que andaba oculto en un algún edificio colindante. Sea como fuere –y yo jamás logré entender qué pasó- me vi a mi mismo tumbado boca arriba con las piernas anormalmente dispuestas (como un muñeco de trapo), tras lo cual vi un túnel con una luz al final y varios personajes famosos que me saludaban.

Y llegó lo peor, cuando los jóvenes (los del equipo rival además pues mis compañeros a-me odian; b-estaban demasiado petados para venir a verme) se interesaron por mi salud, en plan “llamad a la ambulancia que el abuelo se ha roto la cadera”.
En definitiva: tarde-noche reveladora alrededor de la cual hay mucho que analizar. En cualquier caso, mi senectud acarrea madurez y seny, y anuncio hoy delante del mundo que difisilmén am prasantaré a la re-elecsió. Es mi última temporada.

viernes, 15 de julio de 2011

El maravilloso mundo de la Empresa: 'It looks like'

Tras analizar el otro día en profundidad la fórmula empresarial ‘while i understand your perspective’, hoy vamos a desentrañar los entresijos del ‘It looks like’ y sus variantes ‘It seems like’, ‘It has been suggested that’, ‘It has transpired that’, ‘It has been brought to my attention that’, 'Allegedly'.

Cojamos un ejemplo: “It looks like quartely sales have dropped
Mientras ‘Sales have dropped’ significa que las ventas han bajado, ‘It looks like quarterly sales have dropped’ puede significar:
1-Que sospecho que han bajado pero no se me pone en los huevos investigarlo a fondo.
2-Que me ha llegado que han bajado pero ni me acuerdo ni quiero recordar quien me lo dijo (he oído campanas o veo muertos)
3-Que tal tío me ha dicho que las ventas han bajado pero no me fío un pelo de él.

Dénse cuen de la diferencia plausible: mientras en el primer caso digo tal y puedo sustanciarlo, en el segundo ni digo nada ni mucho menos tengo intención alguna de probarlo. Esta, como el vivaracho hombre de negocios habrá advertido ya, es una socorridísima y más exitosa aun fórmula de intercambio de pareceres. Basada en el más nuclear ponciopilatismo, la solución ‘looks like’ nos proporciona una esterilización aséptica de nuestras afirmaciones, un colchón de seguridad de plumas si alguien se encabrona, y una apetecible gravera en caso de pasarnos de frenada muy del agrado del burócrata medio.

No puedo sino aconsejarles su uso, sobretodo en tiempos de ajustes plantíllicos.

jueves, 14 de julio de 2011

Estás enamorado de ese hombre

Y tan pronto termina el tío empiezo a chillar ‘Fiera!, FIERAAAA!’ tras lo cual mi mujer me dice ‘Tú, tío, estás enamorado de ese hombre’, a lo que respondo ‘Ya lo creo si lo estoy!’. Esto sucedió hace menos de doce horas, ojo.

A veces, antes de que termine de despedirse ya estoy aplaudiendo. Es el puto número uno. Yo me lo imagino llegando a los estudios de TV3 en una stretch limo negra de 12 ventanillas a las 20:40 con chancletas, pantalón corto y una camisa de estas hawaianas, enfilando los camerinos mientras va entregando guiños de ojo a todas aquellas con quien se cruza –y que los merecen-, y saliendo a plató sin papeles –y a menudo sin pantalones- un minuto antes de las 21:00.

Ahí sale el tío, y es como Jimmy Hendrix, Michael Jordan, Tiger Woods, Michael Caine o Messi; se lo come todo sin moverse, sin esfuerzo, un arrollador coche bomba de carisma, soltura, sobradez, desparpajo, pasotillismo, condescendencia, escepticismo, y ojo-de-halconidad. Es un as.

Esas caídas de párpados como diciendo ‘no se crean nada’, o esas subidas de cejas diciendo ‘hay que joderse’ o esos cambio en la nalga de apoyo, los precisos movimientos de sus manos, sus labios sus pupilas…es el todopoderoso de la tele, O’Rei.

Y miren que me cae mal eh, las estrellas del rock que se creen mejores que el resto me generan diáfana repulsión, pero llega un punto en que no queda otra que rendirse al omnipotente JEFE de la TELE.
Bravo Pellicer; te amo, mascle.

miércoles, 13 de julio de 2011

¿No véis que hay 300,000 más ahí abajo?

Recuerdo bien que tras cinco años fuera, lo que más me chocó al regresar fue la mierda. Una mierda perenne, estructural, imbuida en el paisaje. Una suciedad propia de una cultura inferior. Papeles, latas, colillas, chicles, mierda. Me irritaba en grado sumo, y en mis primeros días aquí lo comenté con mi abuela, que sabiamente me dijo: “Dentro de tres meses ya no verás esa mierda”. En efecto, así fue; el código genético latino esta troquelado para soportar la puta mierda con naturalidad, y al cabo de un tiempo -y hasta hoy- ya no me molesta casi nada.

No obstante, durante esa ventana de tiempo adaptativa, un dia salimos a pescar con mis dos amigos taja-pescadores, y a eso de las 7pm nos instalamos en algún espigón de no-sé-donde y empezamos a hacer el mongolo con los cables y los gusanos (la pesca requiere más infraestructura que poner 46 monos en la Luna, el tema merce post). Yo que soy el que se encarga de la intendencia y la música no titubeé en abrir las primeras latas, al son de las cuales las tareas logisticas de los otros dos se interrumpieron y nos sentamos en las rocas a hablar de cualquier memez.

En esas que miré abajo y entre las rocas y bajo el espigón vi un mar de mierda, mayormente latas, en una visión a la que se podrá el lector remitir con facilidad. La mierda que hay entre los rocazos de los espigones es acojonante, y me quedé como compungido. El corrector de ‘compungido’ por buena, luego la dejo. A los 4 minutos, en cuanto terminé mi lata, miré abajo y simplemente la dejé caer con las otras 84 ahí entre el rocam, tras lo cual y para mi sorpresa, mis dos amigos me reprendieron violentamente.

Yo les dije “pero cojones, me cago en Dios, ¿no véis que hay 300,000 más ahí abajo?”
-Y qué, hostiaputa –me respondieron- eso simplemente no debe hacerse.
Y tenían razón, y lo supe entender, y jamás he vuelto a tirar nada.
¿Qué hemos aprendido con el post de hoy? ¿Qué ‘allá donde fueres haz lo que vieres’?
No. Que ‘allá dónde fueres haz lo debido, SIEMPRE, y punto’.
Ellos dos seguro que no recuerdan este pequeño lance que para mí fue pivotal en lo que a mi crecimiento espiritual se refiere.
Hoy soy mejor persona.

martes, 12 de julio de 2011

El más pedregoso descampado en el polígono industrial más chungo de Úbeda

No soy tio de playa. Me gusta el mar, sobretodo por la noche, bien sea paseando al perro o pescando con amigos mientras nos soplamos una botella. De día, un ratito corto en un barco me place si no hace sol, pero la playa me mortifica. Dicho esto, tengo la suficiente sensibilidad como para apreciar las bellas estampas que el litoral ofrece, especialmente la Costa Brava si trabajamos en un radio moderado. Hay zonas cojonudas y tal, Aiguablava, Llafranc, Begur, Oslo, …quizá la más paradigmática de las cuales sea Cadaqués, paraje idílico y tal que no en vano -creo que- ganó el concurso ese de TV3 en HD con colores saturados (ya nos entendemos, espero).

Que no digo que no sea bonito, pero hay un par de cosas que deben ser dichas y hoy lo serán. La primera, y más genérica, es que la Costa Brava es un puto drama de mongolismo infrastructural. Es imposible sortear el trillón de rotondas aleatoriamente dispuestas, a cual más absurda, sin enloquecer. Si hay un camino a una mierda de urbanización, sus habitantes deben tener un STOP y el resto tiramos a fondo; NO TODO CRUCE MERECE UNA ROTONDA.

Segundo elemento, igualmente genérico es el mattháusico hacinamiento humano. Cada supermercado en el que entras parece un campo de refugiados en Lesotho, aparcar es imposible, circular peor aun, y todo lo que sea moverse por ahí es una drama –a no ser que vayas con moto-, a resultas de lo cual el puto zumbido de las motoretas de los locales o los basalunins que ya los tienen hinchados es compañero perenne de fatigas.

Tercer matiz, progresivamente acusado respecto norteamos, es el de la temperatura del agua. La Costa Brava está más al sur que el norte de Cerdeña pero la temperatura del agua es 15 grados menor. Es más: entre Blanes y L’Estartit hay un diferencial de temperatura de 20 grados, y eso es conmovedor. Hallándonos en tiempos creativos en lo que al gasto público se refiere, sugiero que alguien ponga unos calentadores para el agua como en Caldea. Yo no puedo pasar por esto cada vez que me zambullo.

Y cuarto, y concerniente mayormente a Cadaqués y aledaños, es que las calas en sí son más chungas que el más pedregoso descampado en el polígono industrial más chungo de Úbeda. Si da hasta risa echar la toalla ahí, habría que poner un sofá o almenos un colchón. Rocazos, grava, polvo, piedras, uranio, cadáveres, huesos animales…un puto caos. El agua será clarita y transparente, incluso adquiriendo según la luz de las velas que llevo por montera esos tonos azalea y topacio, pero para cualquier persona normal plantar ahí campamento es un via-crucis de compleja defensa.

Y ni he hablado de la AP-7 ni del cáncer de piel ni del hedor de los protectores solares ni del ineficiente anclaje de las sombrillas –where applicable.