jueves, 28 de noviembre de 2013

Diner llençat

Más seguro que si sueltas una manzana caerá al suelo, es el hecho que si te das de baja de algo lo vas a necesitar.
Ni los principios de Newton son más fieros que los de Murphy; es por ello que somos todos reticentes a rebajar coberturas de seguros, más explícitamente aun, dar el traumático paso -conforme el coche se obsoletea- de pasar de todo riesgo a terceros.

Todos sabemos qué va a ocurrir en cuanto lo hagamos; es por ello que seguimos a todo riesgo contra viento y marea. ‘Diner llençat’ nos decimos, pero no hay arrestos de rebajar a terceros.
Cómo soy listo un rato, lo sé, y me lo creo, procedí el pasado Septiembre a dar el gran paso, a luchar contra los elementos, a demostrar que Murphy es un fraude, y que Dios todopoderoso y Eterno trata bien a la gente de bien.
No han pasado dos meses y el coche yace ahora chafado.


Corolario: sucede, vive Dios si sucede. Que lo sepan. MURPHY LIVES.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Los clarividentes

Podríamos recurrir a comparaciones grandilocuentes, remitirnos a los faraones, o apelar a los jardines colgantes de Badalona.
En cualquier caso, como dicen en mi psiquiátrico, ‘no hay más chinches que la manta llena’ en Can Barça.

Vamos líderes con récord de puntos –varios de ellos de sutura- y de putos. Puto Alexis, puto Xavi, puto Piqué, incluso puto Iniesta. Estamos encabronados con los jugadores y con el mundo a pesar de presentar los mejores números desde Magallanes.

Un espectador imparcial podría hablar de esquizofrenia entre el seguidor culé, pero quizá lo que tengamos es un remarcable, superlativo y testeado infaliblemente a lo largo de los decenios, don premonitorio. Cuando denunciamos que el equipo juega como un oso panda sordomudo, quizá no sea una denuncia estética de niños malcriados sino una profecía sibilinamente camuflada de que nos vamos a tomar por culo. Y de eso sabemos un rato.

La divergencia entre juego y resultados no es nueva. Ya con Van Gaal se hablaba del tema; ganamos dos Ligas para luego perderlo casi todo. Tras París y la Supercopa de Europa donde el Sevilla nos metió 3, llegamos a primavera líderes pero ya había preocupaciones sobre el juego. Se avecinaba año y medio de horror. En el último año de Pëp se empezaron a levantar cejas, que se solidificaron ahí arriba tras las infaustas navidades de Tito, y ahora, llevamos casi un año sin jugar a nada.

Ganando pero sin jugar a nada. A mí no me preocupa excesivamente no jugar bien. Sé reconocer los méritos del juego a la contra, del desempeño viril, o del juego acromático-pragmático si reúnen los atributos de predictibilidad y adhesión ejecutiva a un plan teórico. Pero me parece que lo de ahora es otra cosa.

Me parece que podría ser la antesala de un cataclismo de severidad severa. En Liga sólo hay 3 equipos y todos son una mierda, ya lo sé, pero hay 2 equipos probablemente mejores ahí fuera. Y en Europa, ¿qué podemos añadir? Hay posiblemente 12 equipos que nos pondrían en serios aprietos, 6 de los cuales probablemente nos ganarían al menos 6 partidos de 10.

No culpo a Martino. No ha hecho nada meritorio ciertamente, poco ha corregido en los descansos o en ningún sitio, pero él vino sin credenciales y asumo que se irá con las mismas credenciales con las que llegó. Nosotros, por nuestra parte, seguimos tocando el violín mientras lentamente derivamos hacia la irrelevancia. Necesitaríamos un golpe de timón que se me antoja implausible.


No vale la pena hablar de Martino, mucho menos aun de la directiva, y los jugadores ya se retratan en cada partido. En definitiva, no tenemos mimbres, olvidémonos del cesto. Lo siento, chicas.

jueves, 21 de noviembre de 2013

El que debutó con una langosta

A todo esto, y merece la pena pensar en estas cosas, en su día, tiempo ha, hubo un tío que fue el primero en zamparse una langosta.
Claro, ahora una langosta es un ítem de lujo, ‘me encanta el marisco y tal’, pero hubo un momento, hace siglos, cuando la gente cazaba mamuts y recolectaba tomates, hortalizas y tal, en que un tío sacó una langosta del agua por medios que desconozco, y se la zampó.
Hay que echarle valor, hay que echarle valor.

Aquellos a quienes os gusta el marisco habéis perdido la nítida percepción que yo aún retengo. Las langostas, gambas, percebes, y demás mierdas subacuáticas no son más que insectos de mar, atroces artilugios articulados artísticamente por años de escasísima evolución, con ojos saltones, antenas, articulaciones raras y caparazones que, repito, son como un saltamontes o un grillo pero submarinos.
Los aéreos os dan repulsión pero los acuáticos son la hostia. Relevante.

Aun así, en el año 1,428, milenio arriba o abajo, un tío aburrido sacó una atroz langosta del agua, y lejos de huir despavorido, la miró directamente a las bolas de los ojos, la molió a palos y se la zampó. Luego, y en un despliegue de persuasión sin parangón, convenció al parecer a algún otro –desequilibrado mental- para probarla, y así poco a poco, siglo a siglo, la devoración de insectos submarinos se convirtió en una actividad Premium.


Mi merecido homenaje al pobre tarao que debutó con una langosta. Hats off.

lunes, 18 de noviembre de 2013

El fin de Messi

Tengo una adoración para con Messi, juegue bien o mal, marque o no, sude o no, que trasciende el amor de padre.
Me estremezco sólo con pensar en olerle, acariciarle, besarle...

Es por ello que me partiria el corazón verle terminar como Di Stefano, Cruyff, Pelé o Maradona, haciendo el ridículo, cada uno a su manera, ensuciando su otrora glorioso nombre entre saraos, declas y bambalinas burocráticas.

Es por ello que la manera como me gustaría que finalizara su carrera Messi, a los 38 años y de vuelta de todo, es colgado de un ventilador en los prolegómenos de una gala FIFA, o seco en un hotel de carretera de Wisconsin con una sobredosis de heroina.

Los grandes como Kobain, Pantani, Bon Scott y tantos otros saben que sin un buen final la película cuaja menos. Cuando te llegue el día, estimado Lionel, no dudes un instante en hacerlo.
Hagámoslo juntos.



miércoles, 6 de noviembre de 2013

Conversión y renacimiento

Soy un hombre en extremo religioso, y muy dado a buscar, interpretar y obrar en función de ‘señales’ del Altísimo ™ que creo haber percibido.

Exactamente 7 meses y 3 días después, me plantaba en el tee del uno.
Ningun miembro de la plétora de médicos y fisios consultados fue capaz de ayudarme de manera fehaciente, y el último, la semana pasada, en un arrojo cruyffista, me dijo: “General, sal y disfruta”.
“Si te rompes te rompes, y ya tenemos algo más claro en lo que trabajar. Y si no, pues ya habrás jugado”.
Irreprochable razonamiento.

La noche antes, no me avergüenza decirlo, dormí mal, y a lo largo del día de ayer anduve tenso. Creo que psicosomáticamente me dolía el brazo bastante más de lo normal.
Cuando metí la bolsa de palos en el coche me di cuenta de que estaba polvorienta. Aun llevaba bolas, scorecards y memorabilia de St. Andrews. Los palos estaban todos.

Jugaron mis compañeros el primer golpe, me dispuse, la di, y así terminó:


Cómo decía al principio, no pude sino interpretar esto cómo una señal de que ‘Jesus Loves me’.

Creo que ya despojado de mis pecados y reconciliado con el Todopoderoso ©, mi regreso al golf significa el nacimiento de una era de purificación y resurrección.
O cuando menos, de hacer algo que me gusta con gente que me gusta, que no es poco, más a nuestra edad.

Si el dolor –nada incipiente hoy- me sabe tratar con justicia, ayer fue el primer día del resto de mi vida, una vida en que, tras 41 tacos, abandonare la zurdez y me convertiré en uno de los primeros diestros conversos, probablemente el primero en la península tras la muerte de Franco.