miércoles, 29 de febrero de 2012

Decidí iniciar un programa de tal


Me pregunto por qué las nueces peladas parecen pollos a l’ast minúsculos. Es uno de los paralelismos de la naturaleza más inverosímiles (justo detrás de la similitud entre mis pelotas y el pez globo).
Iba a decir antes de enzarzarme en diatribas sobrenaturales que estoy a régimen. ‘La dieta de la sandía’ ™ ni más ni menos, pero aún así, hay cierto sacrificio inmerso en la ecuación.

Mi indicador de divergencia esencial es el Papadómetro ™, por el cual si con el ángulo de mirarme la picha cuando meo (tengo un espejo lateral) presento dos barbillas, estoy mórbido.Cumplía cumplo esa condición con creces desde el verano pasado. Llegados a este punto, y para no perder arco de swing a resultas de la menoscabada aerodinámica, decidí iniciar un programa de tal, basado en la susodicha dieta. Me peso cada mañana a la misma hora justo tras mear y antes del café y la subsiguiente cagada –las damas sabrán excusar mi terrenal prosa.

Ahora viene mi pregunta de corte dietético: habida cuenta de que voy rapado al 2, con las axilas depiladas y las uñas apuradas y que por lo tanto no tengo más recursos ya que empezar a hacer trampas para dar el peso (cc: @Policarpo_Diaz_Official) , ¿qué me interesa más: pesarme antes del café y la cagada o después?
O preguntado de otra forma: ¿qué pesa más: un café americano {aguado y deprimente} o un tordaco de esos de ‘hombre al agua!’?

En base a la evidencia ofrecida consideraré ajustar el timing de los pesajes. Tras eso, sólo me quedará la amputación de extremidades para seguir ajustado al plan.

jueves, 23 de febrero de 2012

La fiscalía de delitos monetarios: The 90-day rule


Curiosamente, al estúpido populacho le parece normal que a un político que ha desfalcado se le condene a prisión sin más (e incluso que no se le condene). ‘Que si Camps tal que si Matas cual, hay que meterles en chirona!’.
A mí no me parece nada normal encarcelarles: que devuelvan la pasta, y que luego sirvan años en el trullo. Lo segundo no exime de lo primero, ¿no?

¿Qué sucede con tiparracos como estos, El Dioni, Roldán, el de la CAM o tantos y tantos otros? Que cuando se les pide el dinero:
A-Nunca lo tuve.
B-Pulután no lo puedo devolver.

Como estimo probado que tanto lo uno como lo otro es falso, propongo una política penal bien concreta, basada en una salita pequeña con una mesa, papel y boli, una silla y un teléfono. El imputado tendrá a partir de la fecha de ingreso en tal estancia la suma de 90 días naturales para restituir la pasta que no tiene y nunca robó. Ahí tiene el teléfono para articular cuales fueren mecanismos o artimañas que precise con tal de restituir lo birlado.
En ausencia de una restitución TOTAL de lo desfalcado, la vida del individuo será discontinuada.

Así de fácil. Ya verán sus Señorías qué rápido empiezan a aparecer sumas cuantiosas en Luxemburgo, Mauricio o Caymán. Y si no aparece la pasta, zasca voltaje y a la caja, no sin antes –y este es un punto bien visto de esta nueva política- extraerles aquellas partes aún válidas y donarlas al banco de órganos para inminente trasplante. Recordad que trasplante va sin ‘n’, gracias.

De nuevo, y van varios, plan sin fisuras.
A este gente hay que hablarles en su idioma, no entienden otro.
Si la finalidad del sistema penitenciario es rehabilitar, no hay incentivo contrario al crimen. El objetivo es el castigo, y ante el oprobio, justicia.
90 días. Ni uno más.

martes, 21 de febrero de 2012

El fracaso en imágenes (escalofriante)


Soy tío muy de números y todo lo que sean estadísticas y mierdas me encanta. Intento medir todo lo medible y no hay nunca excusa suficientemente buena para no hacer un seguimiento a cualquier acumulación de datos razonable a la que tenga acceso. Soy así, ok.

El otro día remenando cederrones antiguos encontré una hoja de cálculo que hice años ha en una de mis intentonas de dejar de fumar. Se resume en el siguiente set de gráficos mensuales donde se ve la evolución de la media de consumo contra un objetivo pre-determinado. Primero 15 pitillos al día, luego envalentonado 13, luego on fire 12, totalmente venido arriba 11…



El fracaso, el reajuste en Marzo a 11.5 cigarrillos al día para terminar palmando igual, el descontrol en Mayo, la incapacidad de aplicar medidas correctivas en Junio, y el abandono de la puta iniciativa en Julio. Precioso.

Recuerdo además vívidamente cómo me hacía trampas a mí mismo, dejaba de contabilizar cigarrillos en base a criterios opacos, me fumaba lo que quedaba cuando otros amigos se disponían a apagar sus cigarros, apagaba mis cigarrillos a la mitad para luego fumarme la colilla y, en definitiva, porfié como un tigrés para alcanzar unos targets muy por encima de mis posibilidades.

En este segundo set de gráficas –lo mío es enfermizo, lo sé- histogramas de frecuencias, separación por lo que fumaba entre semana y durante los findes, desviaciones estándar…una paranoia de cojones. Y requiere tiempo, ¿eh? Que hay que pinchar los datos cada día.
Pero es precioso ver de forma tan plástica, palpable e incontestable, la fría línea que dibuja el fracaso de un hombre débil, de un vil colillas.


Nada: que encontré esto, me hizo cierta gracia (y pena), y pensé que quizá alguien más sabría verle su ‘qué’, habida cuenta de que como escritor de blogs soy inconstante y carnaza de banquillo.

jueves, 16 de febrero de 2012

Si he llegado hasta ahí seguramente estoy seguro de lo que quiero hacer



Siempre estamos rajando que si Microsoft es una puta mierda y tal. Sólo hace falta que falle un runtime en la inverosímil instrucción 00:X00056000110100 para que en twitter salgan 180,000 tíos denunciando el securuty flaw. Microsoft es el anti-cristo.
Bien ganado se lo tienen.
Pero seamos justos. Desde Windows 7 esta curiosa casuística tiene lugar:


1-Le doy al ‘Start’ o ‘Inicio’
2-Le doy al ‘Shut down’ o ‘Apagar’
 














Y ante mis convulsos ojos, no se inicia ningún interrogatorio rollito
-¿Está seguro de que desea apagar el equipo?
-Sí
-Existen cambios sin guardar. ¿Está seguro que desea apagar el equipo?
-Sí, joder
-Algunos programas permanecen en ejecución. ¿Está seguro de que desea apagar el equipo?
Me cago en el Guadalquivir, que sí!
-¿Qué desea hacer? ¿Suspender, Reiniciar o apagar el equipo?
Gñññññññññññññññññññññññññ

No.
En Windows 7:
1-Le doy al ‘Start’ o ‘Inicio’
2-Le doy al ‘Shut down’ o ‘Apagar’
Y el jodido se apaga. Sin mediar intercambio de pareceres. Se apaga. TRUE STORY.

No sé para ustedes pero para mí esto representa una mejora conceptual in-fi-ni-ta; el ordenador ha dejado de creer que doy a ‘Inicio’ y a ‘Apagar’ accidentalmente mientras intento hacer otras cosas y que seguramente no quiero apagar el sistema cuando espetego en el menú de apagar el sistema. Ahora el PC ha entendido que si he llegado hasta ahí seguramente estoy seguro de lo que quiero hacer.

Bravo por la firma del koala rampante, desde aquí nuestro elogio y merecido homenaje. Gracias.

martes, 14 de febrero de 2012

Yo voy a ser diferente - historia de un fracaso


En la vida pasan muchas cosas. Le gente las digiere, las asimila, y se olvidan de mirar atrás y analizar cómo estos eventos les han cambiado. En el post de hoy escrutaremos, a tenor de una conversación mantenida con un buen amigo el otro día, cómo nos ha cambiado la vida el rol de manager, responsable o más feamente ‘jefe’ en los respectivos papeles.

Durante años de trabajos más o menos buenos y remunerados, todos nos formamos una idea de cómo debía de ser un buen jefe. Habíamos visto a cuatro y ya teníamos una idea clarita de qué era bueno y qué no. Basurilla como ‘convencer mejor que imponer’, ser comprensivo, flexible, justo, tal.
Y creíamos y nos decíamos los unos a los otros que ‘cuando sea jefe yo voy a ser diferente’.
El plan era bueno y tanto a mí amigo cómo a mí nos llegó el turno en su momento.

La directriz era clara: tratar a la gente cómo nos hubiera gustado que nos trataran a nosotros durante los años de trincheras. Ser flexible, premiar a quien lo merezca, ser sensible con el descarriado, inflexible con los deadlines, ser buenos coaches para los más jóvenes y tal y cual.
Todo esto es basura. Es basura porqué parte de una directriz errónea: que la gente es como nosotros. Sí, por qué nosotros éramos responsables, trabajábamos las horas que tocaban y más, cuando el equipo nos necesitaba ahí estábamos.

Pero, ay amigo!, la gente no es así. Si ofreces la mano te toman el brazo, si un día te muestras flexible con los horarios al tercero lo toman como derecho adquirido, cuando hay fuego en cubierta ‘me piro a las tres que tengo yoga’, y cuando los deadlines apremian, ‘no ví tu email, lo siento’.
Aparte de que les resbala todo, no existe tan si quiera un respeto mínimo a los horarios. Las horas no se hacen (ni en cantidad ni en calidad), y claro, para cuando uno se da cuenta, lo último que desea es ‘ser flexible, sensible o coachear’ a ninguno de esos hijos de puta. Y eso origina el conflicto, los excels apuntando a qué hora entra uno y sale el otro, las vacaciones que no cuadran, los follones que no se solucionan, y a todo ello, los chavalotes con el twitter o el Facebook abierto todo el día y de café en café con comida de 2 horas.

Aunque no lo parezca –y quien me conozca no sólo dará fe de ello sino que confirmará que a menudo se mofan incluso- soy el tío menos confrontacional del mundo (después de Rai). Evito follones, todo me va bien, y en general ‘sóc un feliçot’. Pues cómo vive Ampêre que he tenido que llamar a capítulo a los dos de siempre varias veces, tener conversaciones de tono muy subido, cagarme en La Moreneta, y todo ello para nada, para llegar a casa de mal humor y tenso como un palo de escoba mientras los otros cabrones parecen impermeables a mi apelación al sentido común, el buen orden empresarial, y el contrato que firmaron de su puto puño y letra.

La gente pasa de todo y se mean sobre el jefe, la empresa que les paga, y el mundo en definitiva. Y cómo tú eres una buena persona y hay gente que trabaja bien y no puedes tolerar que unos pocos te pudran el cesto, te obligas a encabronarte, a marcar la raya, a estimular a la gente a hacer lo debido, para al final verte convertido en un cabronazo amargado, tan borde y puñetero que seguramente hubieras sido el peor de los jefes posibles cuando en el segundo parágrafo te parabas a pensar cómo querías ser cómo jefe.

La gente, la indignidad de la gente, te convierte en un jefe como todos, en un amargado como todos. A no ser, claro, que hayas nacido hijo de puta y que para ejercer como tal manejes la posición de poder a tu antojo y disfrutes con ello. El resto, la gente normal, normalmente perdemos bastante con todo esto; nos agria, nos envilece, y nos hace envejecer a cambio de cuatro chapas.
Aun imbuidos de esa dinámica perniciosa, defensiva y fiscalizante, hay un reto que se mantiene vigente: no dejar que el conflicto originado por unos pocos enturbie el clima del grupo y saber tratar con dulzura, flexibilidad y coleguismo a quien lo merezca, proceder no fácil habida cuenta de que hay que aplicar las mismas reglas para todos.

Este post es pues una mirada atrás a aquello que quisimos ser y no logramos.

jueves, 9 de febrero de 2012

Chipirones en su toner


Me importa un huevo el vestir pero sé entender que cada año o asín hay que renovar vestuario. No se me caen los anillos de los pezones por asignar una mañana de Sábado o tarde-noche de Jueves a tan terrenal objetivo. Con los años he aprendido que minimizo tiempo de exposición al centro comercial yendo directamente a una tienda que se llama ‘Springfield’ dónde me gustan bastantes cosas y con un mazazo liquido el asunto. Supongo que me diréis que es una puta mierda -para pobres o cavazanjas- peor que Zara pero a mí me agrada bastante el género.

El otro díaz fui a por pantalones, mi Nemesis. ¿Por qué? No lo sé. Yo creo que por tener unas piernecitas tan chungas y cortas pero estando tan rematada y mórbidamente obeso en la cintura, no hay pantalón que me caiga bien: si va bien de cintura me caben dos piernas en una pernera, y si de piernas me queda normal no logro abrocharme más de dos botones (de 5).

Como me tengo que probar cuarenta-y-seis pantalones para encontrar unos (que terminaré no poniéndome porque no me entrarán ni nuevos), el proceso termina resultando tremendamente cansino y físicamente exigente. Métanse y quítense 18 pantalones en 30 minutos y verán si requiere esfuerzo o no. Y como lo que no puedo hacer es coger 3 o 4, probármelos, volverme a calzar los míos y salir a por 3 o 4 más, termino quedándome en gallumbos en la zona de probadores y mi santa va haciendo –estériles- viajes con diversos modelos, de tal lid que al final, ya familiarizado con la zona de probadores, mientras espero a mi santa voy paseando por los aledaños en bragas sin pudor alguno para asombro de algunas señoras; me gusta dar la sensación de estar loco.

Pues nada, que me quedé dos pares bajo la asunción de que mi ‘dieta de la sandía’ ™ (comer de todo menos sandía) iba a dar resultado y a la larga, en un futuro no muy lejano, podré ponerme lo que me compré. Normalmente además, lo nuevo sólo me lo pongo cuando salgo a cenar con la señora y me obliga esta a vestir de manera no-indecente. Con la niña gracias a Dios he minimizado estos envites pues ahora salgo yo, ahora ella, y cada cual folla con quien quiere.

Luego fui a por zapatos y me compré –obligado- un par que no pienso ponerme jamás y otras que van DE PUTA MADRE. Son de esas ‘Diesel’ que el logo es un punkarra, y al verlas dije ‘menuda puta mierda de junkie’. Pero me las puse, mira tú, y era como andar con zapatitos de ballet. Me sentí ingrávida, primaveral, joven y floreciente como la primera zorrita del Bolshoi. Estoy encantado con ellas, ya os pondré fotos.
A ver quien bate esto a modo de post errático, femenino, chungo y humillante.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Love is in the air...conditioning


Hay momentos de todo en la vida laboral. Hay épocas de más o menos trabajo, más o menos puteo, mejor o peor clima laboral, pero si algo nunca hice es llevarme el trabajo a casa. Cuando le daba al Start->Shut down, el día había terminado para mí.
Por lo que fuere mi escenario laboral ha cambiado y día tras día, cierre tras cierre, mi erosión empieza a resultar patente, hasta el punto en que me sorprendo en el sofá pensando en follones y cuando me ducho por la mañana ya escribo emails mentales.

Ítem más,  a veces en casa me viene a la cabeza algo del trabajo y noto como un susto aquí en el pecho, una presión y sensación de enamoramiento digamos, que me hiela la sangre. Los follones laborales me asaltan recurrentemente extra-oficinas, y en días como hoy al despertarme por la mañana en vez de venirme a la cabeza el partido del Valencia me viene el proyecto ese que no avanza.

Los findes también me sorprendo con pensamientos obscenos y, en general, noto esa ansiedad extraña para mí bastante a menudo. Tras años recibiendo más de lo que daba a mi empleador, ha llegado la hora de la venganza y los cristos multinacionálicos se me han subido a la chepa mientras doy torpes manotazos al aire y me revuelvo como un confuso Amorebieta. Y llegados aquí debo andarme con MUCHO ojo pues tengo casos muy MUY cercanos de gente mucho más sólida mental y anímicamente que yo que han petado y se han pasado meses bien jodidos con una baja como la catedral de León –if any.

No sólo eso: es que a menudo estoy en casa y estoy ansioso por volver a trincheras para mandar ese email o hablar con tal tío; la espera me corroe, fíjate tú.
Sí: o gestiono este bache con tino o puedo tener un follón serio.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Análisis Psico-social: Cenas en grupo


Tras tantos años de cenas y comidas (wtf?) me he visto compelido a analizar el comportamiento de los grupos dependiendo del número de personas y sus sexos. A efectos de TODO excluyo la infecta lacra de los niños. Asimismo, no entro a valorar –hoy- el papel del coñetas, el del pesadito, el del taladro o el del sabelotodo; es un análisis meramente algebraico-decibélico.
Vamos a ello, violines:

CENAS DE PAREJAS:
DOS PAREJAS: Normalmente se empieza haciendo conversación general si bien conforme avanza el tiempo los tíos tienden a aparearse conversacionalmente y las mujeres también. Periódicamente se regresa a la conversación general para recaer en la separación por sexos.

TRES PAREJAS: Por defecto se segrega la conversación por sexos, y como además la configuración de los asientos ha sido deficiente (o por parejas), las conversaciones se cruzan creando un guirigay molesto. No hay santa manera de conducir una conversación de grupo. Aún así, hay intentonas, algunas de estas coronadas con el éxito (si se habla de los males de otros esencialmente) durante un plazo nunca superior a los 30 segundos.

CUATRO O MÁS PAREJAS: Como que queda feísimo que los tíos nos sentemos directamente juntos en un extremo de la mesa, nos vemos obligados a mezclarnos entre las tías con la resultante de dos o tres conversaciones simultáneas que defaultean en un Cristo acojonante dónde la única manera de entender algo es hablando a cau de oreja con el de al lado. Con la excusa de que algún niño se ha cagado la gente se empieza a levantar y antes de que te des cuenta todos los tíos estamos en un extremo de la mesa evitando miradas asesinas de nuestras santas, en el otro extremo de la mesa todas y con varios churumbeles en el regazo. Nos hacemos los locos y nos descojonamos mientras pedimos un Marie Brizard cargado. Habrá follón en el coche de regreso a casa.

CENAS DE TIOS SOLOS:

UNA PAREJA: Nunca he cenado con un tío a solas. Que yo recuerde.

Estos dos mansos de avanzada edad, parecen abocados a una cabalgada en el Majestic. Uno de los numerosos peligros de ir a cenar con un (1) tio.

TRES TIOS: Conversación general óptima, amena, fluida y con su justa medida de coña y business (dónde business es hablar de la mujer, la vida en general, el trabajo y tal).

CUATRO TÍOS: Riesgo frecuente de recaer en las dos conversaciones paralelas (dónde la que te interesa suele ser la de los otros dos) pero bajo un buen liderazgo se puede mantener conversación general cerca de un 60% del tiempo. La coñeta empieza a interferir notoriamente en el business.

CINCO TÍOS O MÁS: Plausible dificultad para mantener una única conversación. Tono de voz elevado, fragmentación de temas, el coñetas que no calla, no hay manera de sacar el agua clara de nada y hay tendencia a hablar todos a la vez sin pausa. Este escenario con el que me encuentro no de manera infrecuente me estresa un huevo y terminado el segundo plato me refugio en la bebida para intentar –infructuosamente- relajarme.

Cada cual se encontrará cómodo a su manera; yo prefiero cenar con otra pareja o cenar un máximo de 4 tíos. Cifras superiores me tensan, me decibelian hasta el desquiciamiento, y generalmente me agotan más que reconfortan. Además a más gente en la mesa menos claridad, sentido i cap-i-peus tiene todo lo que crees haber discutido. Y me tajo más.