viernes, 5 de julio de 2013

Entienda el mundo HOY: Economía Política (y V)

Se obstaculiza la iniciativa privada a la vez que, para mantener al populacho contento, se les empieza a mandar cheques. A los de la almendra, a los parados, al otro, y al de más allá. La intromisión del Estado en los quehaceres de mercado no sólo es sonrojante, sino que además ha sido flagrantemente contraproducente en TODOS sus ámbitos.

En una sociedad basada en el subsidio, y porqué es naturaleza humana, proliferará el jeta, que no dudará en reclamar que el rico (que se lo ha ganado trabajando más y arriesgando mucho más), pague más impuestos y, en definitiva, le mantenga, que mantenga a “los más desfavorecidos”, que no son ni más ni menos que una mayoría de holgazanes.

Y de nuevo, quien intente colar el discurso de que en Extremadura y tal está todo disecado, que no hay industria y que sin subsidio la gente se moriría de hambre, demuestra una capacidad de entendimiento insuficiente a pesar de mis esfuerzos. De Madrid para abajo no hay industria ni trabajo porqué la gente ha crecido con la boca abierta esperando el cheque en el correo. Como los leones del zoo: los sueltas ahora y no cazan un antílope en silla de ruedas. Se han mongolizado. El sistema les ha mongolizado. El socialismo del subsidio mongoliza. Si no hay incentivo a trabajar, la gente tiende a no trabajar. Masivamente. Si además castigas el empresario, la gente ni quiere ni puede trabajar.

En el capítulo 1 de Teoría de la Imposición (y uno de los principios Tributarios) se establece que el impuesto debe ser una herramienta para estimular las actitudes beneficiosas y desincentivar las perjudiciales. Tiene pues sentido grabar duramente tabaco y alcohol, pero ¿por qué cojones hiper-tasamos gasolina, que es vital para un fluido devenir de la economía? ¿Por qué existe el IVA que grava la actividad económica que es la más deseable de las finalidades? ¿Alguien entiende algo?

Buena parte de la explicación a todo ello recae en la Administración, con mayúscula. Con el paso de los años (y regreso a nuestro pueblecito by the river), ‘El Rey’ dará paso a un sistema burocrático ‘necesario’ para coordinar todas esas ‘necesarias’ actuaciones. La financiación de esa ‘necesaria’ maquinaria administrativa será más y más gravosa, la gente de la calle disfrutará cada vez de menos renta disponible, el barranco entre ricos y pobres se ensanchará, y la desafección al legislador/regulador será mayoritaria.

Nos hallamos pues ante dos cismas inherentes a todo proceso de evolución social: el del populacho contra el Gobierno por estimar que sus impuestos se gastan mal (descontrol en las políticas a aplicar), y el de los pobres contra los ricos. Este es el punto en que se encontraban las economías socialistas europeas al empezar el nuevo siglo.
En todas partes pero en España más, se produjo un alarmante viraje hacia la corrupción, que se explica por motivos genéticos (los mediterráneos somos la basura moral de Europa).
La desfachatez en la cual ejecutivo, legislativo y judicial se entremezclaron, unidos por los tentáculos del conglomerado empresarial, originaron tal volumen de desfalcos que la desafección ya fue virtualmente absoluta.

Es importante darse cuenta de que estamos todos sometidos al sistema –que teóricamente elegimos- por vía de la coacción. Si no nos obligaran a tragar con este sistema, nadie lo aceptaría. Acojonante, ¿no? ¿A que nunca se habían parado a pensar en ello?
=>Este es el momento en que un sociata del caviar con un Q7 i apartamento de primera línea en Begur se siente empujado a hacer un comentario diciendo que miento, que él sí cree en el sistema y que contribuye encantado.
Get a life.

El círculo vicioso se retroalimenta y, amparado en una democracia más o menos de pandereta sin fin último más alto que la perpetuación/reelección, y para asegurar el statu quo y evitar una revuelta popular, el Gobierno claudica a la extorsión y se dedica a mantener a la mitad de la población; lo que llamamos ‘el estado del bienestar’.

Entre eso (la perversión socialista perpetrada por el socialismo), el desvergonzado desvío de fondos públicos a los bolsillos de las clases dominantes (políticos, financieros y empresarios) y la ABSOLUTA pérdida de norte en la política de Gasto Público, se accede a una situación de déficit presupuestario (se gasta más de lo que se ingresa) irreversible.

Una porción cada vez más significativa del Gasto Público se destina a amortizar intereses de intereses de intereses de préstamos cuyo principal es inamortizable, y el espiral hacia el colapso total es ya inevitable.


Creo que no les he enseñado nada –ni tengo la autoridad moral ni los conocimientos para hacerlo- pero espero haberles invitado a reflexionar sobre el mundo en que vivimos. 
Gracias por su atención.

jueves, 4 de julio de 2013

Entienda el mundo HOY: Economía Política (IV)

Tras detallar las complejidades derivadas de las políticas de gasto público, volvamos a la iniciativa privada. Existirá como es natural una dicotomía entre empleador (el que tuvo la iniciativa, tomó el riesgo y tuvo su suerte) y empleado (un tío con aversión al riesgo o sin la capacidad suficiente para llegar a empleador) que, en un sistema limpio y sin estridencias legales, coexistirán simbióticamente. El empleador no puede producir sillas sin el empleado, y el empleado no sabría qué hacer si no existiera la fábrica de sillas; no tendrían de dónde sacar renta para comer el uno sin el otro.

Cómo es natural, con el florecer de la iniciativa privada nacerá algo que lo cambiará todo: la diferencia de poder adquisitivo; aparecen los primeros ricos, una minoría de empleadores que han sabido triunfar (y dar de comer a las familias de decenas de empleados).
Es aquí donde la sociedad crea un cisma irresoluble y muy mal gestionado. Lejos de comprender esa simbiótica relación, los trabajadores (vehiculados a través de los ulteriormente llamado ‘sindicatos’) entendieron la relación de manera contraproducente. A la vez, el empresariado, tendió a no socializar sus beneficios y aspirarlos hacia arriba, puteando más y más a sus empleados. Se alimentó el bucle durante años hasta tornarse en un clima de guerra fría a cara descubierta.

Esto, cómo todo, a la larga es extremadamente simple. Si el empresario de la fábrica de sillas cada vez gana más y no me sube el sueldo ni mejora mis condiciones laborales, lo normal es que el currante se vaya a trabajar para el empresario que hace neumáticos, que al parecer paga bien. O el que hace cucharas. Eso al principio era así, pero se gestionó la situación de manera muy pobre.

Las primeras leyes sindicales, asegurando unos mínimos procedían. Y los incrementos legales quizá también. Lo que realmente magulló la relación fueron las trabas legales al despido. La gente debe entender que la imposibilidad de ajustar la plantilla a las necesidades de producción (por indemnizaciones costosísimas o por no salirle de los mismísimos al burócrata de turno) es un cáncer para la economía.
Si me piden menos sillas y debo fabricar menos sillas, necesito menos tíos.

·         -Que el gobierno me compre sillas para luego quemarlas NO ES LA SOLUCIÓN.
·         -Que el gobierno me dé un tanto cada mes para compensar lo que me hubiera ahorrado echando a equis tíos NO ES LA SOLUCIÓN.
·         -Que el gobierno me compre la fábrica de sillas para así no tener que echar a nadie mientras se produce un excedente de sillas que el mercado no absorberá NO ES LA SOLUCIÓN.
·         -Que el gobierno me impida echar mano de obra creando tensiones financieras en la empresa por una estructura de costes inadecuada NO ES LA SOLUCIÓN.
·         -Que sólo soportando unos costes indemnizatorios acojonantes pueda echarles NO ES LA SOLUCIÓN.

¿Saben por qué? Porqué si sé que no podré echarles, directamente no ficho a nadie más. Y esa es, amigos, la clave de todo: la tremenda aversión al fichaje por parte de los empresarios ya que saben que no se podrán desprender de ese exceso de capital humano caso de que no lo necesiten. Pueden comprar menos madera si tienen que hacer menos sillas pero no pueden ‘comprar’ menos trabajadores. Están atrapados. Y eso DESINCENTIVA la contratación.

La solución es, como en todo, permitir que oferta y demanda de trabajo se nivelen automáticamente, tal y cómo demostramos que ocurre en el mercado de bienes y servicios o el monetario (ver posts de hace dos semanas).
Desgraciadamente, se implantaron todas las políticas perniciosas arriba detalladas y muchas más. El cisma estaba creado entre Capital y Trabajo y el mercado estaba (está) artificialmente estabilizado por vía de la coacción al empresario (que es quien da de comer al 90% de la población no-empresaria).

Lo que digo no es opinable: es así. Podemos entrar en un tema de matices, de grises, de si los trabajadores merecen una estabilidad y seguridad laborales X o Y, si el despido debe ser más o menos caro, si los beneficios debieren distribuirse así o asá, pero el hecho es que todo lo que se pudo hacer mal se hizo mal. Y también es cierto e inopinable que sin empresarios nos morimos de hambre todos. O sea que deploro vigorosamente el discurso sociata de que el empresario es el anti-cristo. El empresario es Cristo. Y si algún lector es incapaz de entender esto, es indigno de este blog.

La cruzada socialista que asoló Europa a finales del siglo pasado tomó clara posición a favor del trabajador –cosa muy bien hecha; todos queremos lo mejor para inmensa mayoría trabajadora- pero lo vehiculó a través del puteo al empresario –cosa muy equivocada- y, peor aún, a través de la limosna. Con la excusa de la ‘libertad de oportunidades’ y la ‘justicia’ social (y sobre todo para ganar elecciones) se institucionaliza el subsidio, la más macabra y perniciosa política de gasto público aplicable.


Y es en ese punto, querida audiencia, dónde a la extorsión a la iniciativa privada (al creador de trabajo como vimos ayer) se une una iniciativa pública (de la que hablamos en el segundo capítulo) de tono paternalista, que estimula la holgazanería, el desempleo, la poca ambición, la ausencia de un espíritu de lucha, y el conformismo total ante la vida; el socialismo del subsidio, “no les enseñes a pescar, dales pescado”. 

miércoles, 3 de julio de 2013

Entienda el mundo HOY: Economía Política (III)

Es interesante desarrollar la reflexión alrededor de tasación y gasto público.
La tasación es importante porqué sus mecanismos nos determinarán qué % del total de la renta obtenida por el individuo será sustraído por la fuerza y desviado al Erario Público. Más allá de principios en los que todos estaremos de acuerdo cómo el de progresividad fiscal, es interesante señalar (sin deuda pública) su linearidad total o correlación perfecta.

En un mundo sin impuestos, cada individuo gasta exactamente en lo que quiere y obviamente adquiere lo que quiere (o puede). Mientras esto es ideal, no contribuye a ‘alisar’ diferencias de renta y no permite beneficiarse de economías de escala (hacer cosas entre todos, luego más baratas) ya que no existe el erario público. No permite la existencia de tribunales, policía, salud pública, tal. Es eminentemente individualista y económicamente no es un sistema óptimo.

En un mundo con un tipo impositivo del 100%, nadie tiene nada para sí mismo; la versión hard core del comunismo (que ya es radical en sí mismo). El Estado lo proporciona todo, desde tribunales a policía y salud pasando por pipas, PlayStations, coca y fajas. Esto quizá podría funcionar con monos (con unos plátanos y cuatro lianas los tienes contentos) pero no con personas, con intereses y necesidades tan variados. Un sistema más óptimo económicamente que el anterior pero que genera tremenda infelicidad entre sus miembros y resulta por lo tanto menos satisfactorio que el anterior.

Estaremos pues de acuerdo en que la solución es un modelo mixto. La articulación de ese sistema mixto es la madre de los huevos y de hecho el único aspecto realmente relevante del debate entre diferentes escuelas de pensamiento.

La escuela ‘liberal’ propugna que el sector público actúe sólo proporcionando bienes/servicios que la iniciativa privada no podría ofrecer a un precio que el mercado puede/debe tolerar. Esto en sí mismo es un concepto con tantas trampas que nos podríamos pasar años dilucidando qué precio es ese, y qué puede/debe tolerar el pueblo.

La escuela intervencionista o sociata propugna lo mismo pero con la coletilla de la ‘justicia social’, que en definitiva viene a derribar lo anterior.

Todos sabemos (o creemos saber) que RENFE es deficitaria y que si la operara un ente privado los billetes costarían el doble, es por ello que lo opera el Estado, porqué es un servicio perentorio. Ante esto, podría aducirse que si las infraestructuras fueran adecuadas y la inversión en Capital la necesaria, el coste por billete sería similar mientras generaría beneficios. En esta discusión nada está claro y por cada ‘what if’ que se resuelve se generan 34 ‘what ifs’.

Además, cada pequeña sub-división de RENFE está operada de facto por sociedades privadas (ya que el Estado en sí no está para operar taquillas ni reparar cilindros) con lo que al final tenemos un servicio ineficiente en Capital y Trabajo, más caro que si lo operara una privada plenamente, pero menos capitalizado y mucho menos eficiente. Eso es la iniciativa pública, la malversación y el sub-óptimo operacional permanente.

¿Por qué las eléctricas están tan fuertemente subsidiadas y no así el pan que es mucho más necesario? ¿Por qué se ayuda a aerolíneas mientras al populacho nos putean con hiper-tasación contra los carburantes? ¿Por qué se regalan millonadas al sector de la avellana o la hosteleria y no al de los mecánicos o maestros? No tiene ningún sentido. Y eso es lo que genera buena parte de la desafección a la que nos referíamos ayer; la ausencia total de lógica en la aplicación de las intervenciones estatales. Como dije ayer, a más políticas públicas más desafección, más inoperancia, y más despilfarro.

Si en algo podríamos ponernos de acuerdo es en que todo el mundo necesita comer, tener un techo, sanidad y educación. Sí, ¿no?
-Vale.
Bien, pues díganme ustedes como se vehiculan estas 4 necesidades incontestables. El estado no hace mucho por dar de comer más allá del subsidio de desempleo (la mitad del cual va a gente que ya trabaja y come pero cobra en negro), de la vivienda ni hablo, y sólo en salud y educación vemos políticas razonablemente bien ejecutadas, si bien ineficientes, caras, y sub-óptimas.

Es el gran problema del Gasto Público: burócratas intentando hacer ‘cosas’, viéndose incapaces de hacerlo, fichando a más burócratas para intentarlo más, fracasando de nuevo, y cobijándose finalmente en la iniciativa privada (los únicos que saben hacer ‘cosas’) a un coste mucho mayor que si lo hubieran hecho en primer lugar. Como ese dinero ‘no es de nadie’ y a nadie importa si se hace mal o bien porqué la maquinaria estatal es tan pesada e incompetentemente operada que nada puede hacerse bien, pues se hará como se pueda, y cueste lo que cueste.

Luego hay el argumento de que la iniciativa privada se guía por el beneficio, y que por lo tanto si dejamos el ferrocarril en manos de la iniciativa privada ningún tren llegará a Ripoll o a Falset. Podría derribar este demagógico argumento desde tantos ángulos que me abstendré de hacerlo. El ‘todos tenemos los mismos derechos’ me valdría si hubiera ferrocarril a Cornudella de Montsant o a La Seu d’Urgell. Pero no lo hay. ¿Merecen menos estos que los de Falset?
Entonces, ¿por qué llega el ferrocarril a Falset i no a Cornudella?

La pasta es LIMITADA y cómo tal hay que aplicarla ahí dónde maximice un retorno. En pocas políticas, obvias e incontestables por la mayoría, y con un valor añadido manifiesto. Lo que exceda esos parámetros conducirá al agravio, a la incomprensión, a la injusticia, a la desafección y ulteriormente a la quiebra del presupuesto público.


Y si alguien es incapaz de entender esto, posiblemente va a ser carne de desahucio pronto.

martes, 2 de julio de 2013

Entienda el mundo HOY: Economía Política (II)

Vimos ayer que la cesión de soberanía decisional conlleva -conforme la sociedad se torna más compleja- la aparición de los primeros procesos democráticos y, paulatinamente, una cesión de renta.
Subamos un nivel más: el pueblo, una aldea de 200 tías y tíos (vota IC-EV!), en total 100 matrimonios.
Hay un río que les obliga a dar un rodeo para llegar al mercado y varios quieren hacer un puente. Ahí empieza a complicarse el asunto… pueden pasar dos cosas:

1-Que entre todos y en aras del buen orden social pongan 100 pts cada uno y les pidan a los del pueblo de al lado que les construyan el puente. Nace el concepto del Erario Público, el Gasto Público, y el beneficio comunitario (más allá de nuestra escalera), amparado en la voluntad de la mayoría que desea ceder renta propia en aras de un beneficio social cómo ejemplificamos con lo del ascensor y ahora con el puente.  Todo el mundo contribuirá a pachas (asumamos que todos cobran parecido) y disfrutará de aquello a lo que se dirigió el pago: el puente.

2-Que nadie quiera ceder renta a tal fin destinada y que desentiendan del proyecto con un vistoso ademán de ‘a la mierda!’.
Nacerá, vive Cristo, la iniciativa privada: algún espavilao ahorrará hasta reunir la pasta para hacer el puente, lo hará, y cobrará un peaje de 2 pts a quien quiera usarlo para ir al mercado. Quien quiera usarlo que lo use y quien no, pues que no lo use. No hay mecanismo más justo para acarrear los costes infraestructurales que el pago-por-uso. Y luego habrá otro que hará sillas para que la gente no tenga que hacérselas, el otro hará tal, y todo el mundo pagará por aquello que quiera disfrutar.

El escenario 1 puede sobrevivir en exclusiva por poco tiempo: la iniciativa privada siempre aflora porqué la gente tiene inquietud en hacer más, llegar a más, y ser mejor. Nos encontraremos pues bien pronto en un escenario en que co-existirán iniciativa pública y privada. La privada poco evolucionará con el paso de los siglos, pero el Gasto Público experimentará un evolución considerable…

Una evolución, bajo mi prisma, intromisiva y desajustadora, no en su naturaleza pero sí en su ejecución, cómo me dispongo a explicar. Conforme el puente se pagó a pachas y la gente estuvo satisfecha de dar su pasta, empiezan a salir ideas, iniciativas para el bien del pueblo que son bien recibidas. No sólo se hacen porqué a la gente le guste montar saraos comunitarios; sin entrar en microeconomía, el concepto de economías de escala y tal, es intuitivamente obvio para todos que un ‘pedido’ conjunto de 200 televisores sale más barato por unidad que comprar uno. Es más barato un puente majo para todos que construir un puente para cada familia. La concepción comunitaria/comunista de las cosas tiene una justificación económica incuestionable que excede las consideraciones filosóficas. Eso tan simple es algo en lo que pocos reparan; se juzga al comunismo como doctrina filosófico-moral exclusivamente sin juzgar sus insuperables beneficios de escala.

Una carretera asfaltada para ir al pueblo de los carpinteros, Digital+ en el bar del pueblo, y varios proyectos más son generalmente deseables y económicamente eficientes para la comunidad. Conforme el alcance de las iniciativas va evolucionando, empieza a surgir la necesidad de un ente que las co-ordine y priorice. Es una tuerca más a la cesión de soberanía y renta, pues ahora todos la cedemos al mismo, no sólo a la mujer, a los del bloque, o el mando que coordinó lo del puente. Nace la figura del Gobernante (un ente independiente que teóricamente intenta maximizar la suma de beneficios de los integrantes individuales) como catalizador y gestor del sentir popular.

La figura del gobernante único, del ‘Rey’, se ampara en la cesión voluntaria de soberanía y renta por parte de todos los individuos sin mediar poder coercitivo. Lo ponen porqué quieren, y pagan un tanto alícuoto de los proyectos porqué creen en ellos. Si El Rey pretende ejecutar políticas sostenidas de gasto (teóricamente beneficioso para todos, claro) deberá institucionalizar definitivamente un canon, periódico o ad-hoc. Nace El impuesto.

El impuesto es una cesión (involuntaria como su nombre indica) de recursos que toca bastante los cojones. Bastante. Hay que tener plena convicción en el sistema y en la buena aplicación de esos recursos para no ser reticente a su aceptación.
Esa aceptación se verá erosionada CUANDO (no ‘en caso de que’) las políticas de gasto dictaminadas por El Rey no sean del agrado de uno (que es cuestión de tiempo), lo que potencialmente, y en exponencial dependencia al número de medidas adoptadas, generará disgusto; nace la desafección al régimen.


No hay política de gasto público que satisfaga a todos, y a más políticas, más desafección. Al que no va nunca al pueblo de al lado le toca los huevos que se gaste pasta en una carretera y al que no le gusta la tele le repatea que se meta pasta en el Digital + del bar. Es IMPOSIBLE que el Gasto Público, más allá de lo perentorio, satisfaga no ya a todos sino a una mayoría. Este es un principio que los gobernantes y los sistemas no han sabido entender.

CONTINUARÁ...

lunes, 1 de julio de 2013

Entienda el mundo HOY: Economía Política (I)

La economía, a nivel macro (sin entrar necesariamente en macroeconomía) no es más que la exposición a la potencia que se quiera de algo tan simple como uno mismo, los procesos decisionales que le guían, y su impacto e interacciones con el entorno.
Lo que hace que la economía resulte tan inasequible al no docto es la complejización de las interacciones y, sobretodo, el hecho que nadie lo explique bien desde la base.
En las últimas fechas intenté explicar las vertientes pura (oferta y demanda) y monetaria de la economía. En adelante intentaré hacer lo propio desde la vertientes política y social.

El nivel de madurez social que hemos adquirido, en todo el planeta -a excepción de regiones de América, África y Asia- es conmovedor. Hemos alcanzado un punto de solidaridad, voluntaria o no, remarcable, y eso es algo que se nos olvida a menudo. Si hay inundaciones en la Val d’Aran que se llevan por delante tres puentes, todos entendemos que los repararemos con la pasta de todos y ni se nos ocurrirá decir que deben pagárselo ellos. Esto, que parece simple, requiere de un esfuerzo de madurez social elevado. Que nos intenten colar el meltdown de Bankia como una variante de lo anterior es, simplemente, demencial. Aun así nos lo cuelan, por lo cual a pesar de haber recorrido un largo camino, seguimos lejos de la meta.

---Música de violines...---

Imaginen un mundo atrás en el tiempo sin impuestos y sin Autoridad Tributaria –pero con anacronismos que el lector atento verá con nitidez. Todo el mundo campa a sus anchas.
Yo trabajo luego cobro; obtengo una renta. Puedo destinar esta renta disponible a varias finalidades, y actúo con arreglo a lo que me sale de los cojones. Me compro una PlayStation o no, salgo mucho o no, colecciono chapas o no, tal.
Puedo también decidir ahorrar o no, y lo que ahorro lo puedo invertir o no, a un riesgo moderado o elevado –nunca nulo. Soy una persona libre.
Todo esto es obvio, ¿no?
-Sí.

Subamos un escalón más: ahora vivo en pareja. Ella también trabaja (uso una mujer para que podamos diferenciar; respeto y apoyo el matrimonio gay y nadie me gana a tolerante). Ahora tenemos dos rentas, cojonudo (asumamos cuentas conjuntas, ¿vale?), pero amanecen las primeras fricciones a nivel de políticas de gasto familiar. Yo quiero ahorrar más que ella, yo quiere un viaje a Thailandia mientras ella quiere un sofá nuevo, y empieza a resultar complejo determinar en qué dirección debe aplicarse el gasto y qué proporción de ahorro nos hace sentir cómodos. Nace la cesión de soberanía (yo ya no soy el único que determina mi política de gasto).

Un peldaño más: la comunidad de vecinos. Ahí además no existe –en principio- afinidad familiar entre las unidades integrantes y nos la envaina que los demás salgan perjudicados (esto ya empieza a parecerse a una sociedad).
Los del tercero, cuarto y quinto quieren un ascensor, los del segundo casi que no, y los del primero ni en coña. ¿Qué ocurre entonces? Necesitamos un mecanismo que dilucide qué debe hacerse. 

En sociedades ancestrales esto se liquidaba por el tradicional mecanismo de darse de hostias, pero conforme la humanidad evoluciona socialmente hay que intentar hablar las cosas, que haya un mecanismo/autoridad que ponga seny. Esa autoridad, en ausencia de un líder específico, es la democracia y el sentido común. Cederemos soberanía a la democracia, dejaremos en cierta manera que la mayoría decida por nosotros. Se pedirán presupuestos y se votará lo del ascensor. Nacerán las primeras tensiones y discrepancias sobre el gasto comunitario -y esó que sólo son 10 famílias…


En cualquier caso, si el tema del ascensor sale adelante y se paga a escote, representará la primera cesión real de renta fuera de la unidad familiar (si bien con individuos con los que aun así existe cierta afinidad y un objetivo común: vivir bien en el mismo edificio).

De momento, aún voluntaria... (ceder soberanía a la democracia implica también ceder renta... no olviden que en definitiva, TODO es dinero...)

CONTINUARÁ...