miércoles, 3 de mayo de 2017

Hombres en el baño

1-Que sea champú+gel, uséase: te pones un cubicaje x en la mano y con eso arrambas con todo, pelo (if any) y carnaza.
2-Que haga mucha espuma.
3-Que tarde en terminarse, pues cada vez que se termina, la mujer tarda días en reponerlo y entre tanto nos tenemos que duchar con su Shampoo L’Oreal para pelo castigado, sometido al sol de la toscana, fatigado, teñido, deprimido, reseco y cansado, graso con matices, y/o con aroma a frutas del psiquiátrico o flores de Mozart.

En definitiva, el macho busca una cosa que con poca cantidad dé mucha espuma, que huela levemente a ‘limpio’ (un concepto que para los hombres va desde el olor de una rosa fresca al de lejía, con leves matices in between), y que sirva para todo el cuerpo del tirón, pues se busca una tiempo operativo cercano al minutito.

Creo que todo lo dicho representa el 90% del género masculino y el 100% de la porción heterosexual.

Dicho lo cual, necesito entender dos cosas que hace tiempo que me rondan por la cabeza.
1-La gente que se afeita tras ducharse (presentando a menudo pues boliches de espuma tras las orejas): ¿POR QUÉ?
2-La gente que se cepilla los dientes tras vestirse (con las subsecuentes micro salpicaduras blancas en el pecho de la camisa): ¿POR QUÉ?


Gracias

jueves, 20 de abril de 2017

Ingeniera de Telecomunicación inversa

Como comúnmente se afirma, “rueda el mono y regresa al borne”.
Aquí iría una larga perorata tecno-filosófica (“Cómo ya dijo Howard Hugues en el rodaje de ‘Próstata'...", que se podría articular de mil maneras, todas ellas aseadas y pulcras, pero que no aportarían nada.
Cómo esto no es JotDown magazine, os ahorro la chapa.

Tanta ha absorbido el Whatsapp el mundo de la comunicación ‘ligera’ que hoy en día prácticamente no hablamos vía audio con nadie.
Whatsapp arriba, Whatsapp abajo, y acudimos al teléfono, esencialmente yo, bajo tres escenarios:
*Emergencia/Hemos quedado aquí->llego tarde->y no te veo por ningún sitio!
*El intercambio de mensajes se alarga arrastrando los pies y no hay manera de aclararse de una puta vez.
*Para hablar con los padres, que les hace ilusión y tal.
Es entonces cuando agarramos el teléfono y zanjamos la controversia en 1 minuto, 2 máximo (women’s results may vary)

Cómo iba diciendo, entre esa maraña de coñas, porno, accidentes de motos y críticas al Barça, uno tiende a hastiarse de revisar el puto Whatsapp a menudo, y algunos mensajes importantes, o de relativa desimportancia, se pierden en el océano de heces whatsáppico.

Recientemente he aplicado, con notable éxito, una nueva técnica: mandar un puto SMS.
No sólo son gratis (creo) sino que a menudo tienen un –ding- diferente que el de Whatsapp, por no hablar de que el icono en status bar es diferente y por raro es más llamativo. Creo que hablo en nombre de todos cuando digo que sólo recibimos SMS cuando compramos con VISA en el extranjero, cuando el banco quiere algo, o cuando tenemos una llamada perdida (*)

Por consiguiente, como diría el difunto Felipe González, un SMS tiene hoy en día una capacidad de respuesta inmediata MUCHO mayor que la de un mensaje de Whatsapp.

Similarmente, y eso no lo he probado, imagínense ustedes la respuesta, unánime y de irremisible prontituz, que resultaría de mandar un FAX a una oficina.
Imagino las caras de los tíos, girándose todos a mirar la máquina conforme va entrando el FAX, una tecnología inconcebible para los becarios…

O imagínense recibir en casa una misiva de puño y letra de algún amigo....se te caen las bolsas del Caprabo y los ocho cojones al suelo del impacto emocional.

Lo dicho, pruébenlo y ya me dirán.
Soy un puto genio.




(*) Una llamada perdida es ‘una llamada perdida’, no ‘una perdida’; de la misma manera la sala petita del TNC debería ser ‘la sala petita del TNC’ y jamás ‘la petita del TNC’.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Post bastante importantísimo

Me presento hoy Miércoles de ceniza a ustedes con lo que quizá sea unos de los 7 posts más ambiciosos de mi larga trayectoria, y sin lugar a dudas lo más interesante que vayan a leer hoy –salvo un potencial cese del Tata Martínez.

Hoy analizaré la inteligencia emocional y la capacidad DE ENTENDER LA VIDA de hombres y mujeres de manera agregada. A algunos de ustedes no les cuadrará, incluso tendrán la imprudencia de contradecirme, pero de agregada lid porqué GENERALIZAR NO SÓLO ES BUENO sino también NECESARIO, sabrán entender que tengo razón.

El estudio se basa en la observación a lo largo de 35 años de niños, niñas, mujeres y hombres de todas las edades y extracciones sociales no chúsmicas. El margen de error, como es habitual en todas mis investigaciones, es del cero %.

La línea violeta es la capacidad mediana corregida y esmuceada de las mujeres de entenderlo TODO, y cuando digo todo me refiero a TODO, a la vida en general.
La línea roja lo mismo para los machos.
Creo que el resultado se explica por si sólo:


Las niñas son nítida e insultantemente más inteligentes EN TODO que los niños, llegando a estar los niños machos mucho más cerca del perro que de la niña durante su infancia a nivel cognitivo.

El gap se acentúa a lo largo de la adolescencia y primera juventud, dónde las dotes manipulativas, ajedrézicas, conspirativas y finalizantes de las hembras brillan con luz propia comparadas con el mongolismo playstacional, pajero, y alcoholo-fumoide de los mansos. Si quisieran nos tendrían esclavizados cómo monos haciendo cestos en un sótano.

A partir de los 25 empero el gap se empieza a cerrar (ver barras grises); ellas están descorazonadas al confirmar que ‘todos los tíos son iguales’ –extremo por lo demás cierto- les entra el no-sé-qué ese de encontrar marido y/o tener hijos, les entran las prisas, no saben si optar por la zorrez o seguir con el novio de toda la vida, y en definitiva se les nubla la vista.

El tío por lo contrario empieza a estimar que esos RESACAZOS BÍBLICOS casi que empiezan a no compensar, ya se ha metido por la tocha y fumado casi todo lo que pudo, habrá pinchado lo suyo, se empieza a dar cuenta de que todas las mujeres son diferentes, que estamos en una industria [WHERE (ACCEPTABLE=EXCELLENT)] y que ya toca ir saliendo de casa y encontrando a alguien que supla a la mami en los quehaceres domésticos que además nos podamos follar.

Es pues a eso de los 30 cuando la supremacía perceptiva y operacional de los machos haces palidecer a la femenina, y cuando guiados por unos buenos cocos y un carácter tolerable apretamos el gatillo del matrimonio o lo que sea.

En ese periodo 30-40 las mujeres que tienen suerte tiran bien, y las que no MAL. Ya he hablado reiteradamente del luzdegasismo y no ahondaré hoy, pero generalmente las mujeres tienden a espiralear downward emotivamente (y ni hablo de la crisis de los 40) mientras los hombres adquirimos una pre-claridad cósmica.

Es a eso de los 40 cuando para los hombres empiezan a florecer los hobbies (mayoritariamente por un síndrome de Peter Pang irrefrenable) y empiezan a retomar timbas de póker, meterse 80 Km en bicicleta, el pádel, el golf, ir de putas, tal.

Las mujeres se dan cuenta, ya cruzado el Colombia (que también es cruzado por el ecuador) de la vida, que no tienen hobbies, que no tienen amigas, que el marido es un palurdo, que los niños se van de casa, y dale con la crisis.

Y nosotros tan contentos, tan pragmáticos, tan preclaros, y tan panchos hasta que palmamos.

Creo que el post no presenta fisuras.


Cordial saludo.

lunes, 27 de febrero de 2017

Ya no tengo que cerrar la tapa de la basura

Y mira que me rompía los pelotones recoger el desaguisado cada vez que me relajaba en la marca del cubo.
Era asimismo un cristo poner cada noche los cojines en el sofá para que no se enfilara a dormir, o convivir con una casa llena de pelos.
Recoger zurullos por la calle me hacía sentir cómo el asistente de Kim Jong-Un, y cada vez que salíamos lejos de vacaciones era un cristo acomodarla con los abuelos o los vecinos.

Pero, me cago en Dios, que vacío ha dejado la cabrona.

El hecho además, de haberla puesto a dormir, no es menor cuando reflexionamos sobre estas cosas.
Si el Jueves por la noche no hubiéramos decidido lo que decidimos, hoy, ahora mismo, aun estaría en casa acurrucada en la agonía en su colchón.
Y eso, quieras o no, te hace sentir de puta pena.

Desde fuera parece claro que hicimos lo debido, pero el hecho es que llamamos a un veterinario que vino y la mató.
Y eso pesa.

Lo peor fueron las 2 horas y media que estuvimos ella, mi mujer y yo, en el comedor de casa esperando la visita del ejecutor. Llorábamos, ella nos miraba, y no pasaban los minutos. Es lo que tiene un perro: aun en la más tremenda enfermedad, su expresión no cambia realmente ni parece en absoluto desmejorado de cara. Nos miraba, decía, interrogativa pero sabedora de que algo mayúsculo era inminente.
Rememoramos entre sollozos varios episodios posiblemente irrelevantes mientras íbamos mirando el reloj.

Y sonó el timbre, y yo sabía que en 10, máximo 15 minutos mi perro sería un cadáver.
Y cuando Sue vio a su doctora, inmediatamente bajó la guardia y se quedó tumbada de lado, con media panza arriba, cómo entendiendo que gracias a Dios el final estaba al alcance de las yemas de sus pezuñas.

Y tal cómo aun respiraba, acurrucada entre nosotros dos, dejó de respirar y estábamos abrazando a un cadáver, lo que no nos impidió darle un beso final.

Y yo sé que nos echa de menos pero que está ya mucho mejor, ahí arriba jugando con su amigo del alma, llegado a las alturas hace escasas tres semanas en un lúgubre final también. Y ahí en el cielo no tiene un cáncer de hígado de cojones ni está paralizada ni vomita todo lo que come.


Pero hostia puta Sue, cómo te echamos en falta.

viernes, 3 de febrero de 2017

MIS RAZONES

Creo que es justo denominar ‘mobbing’ el fenómeno del cual vengo siendo víctima, no sólo en Twitter sino también en la vida irreal, la de hardware.
Todo el mundo se ríe de mi fijación con los smartwatches, supongo que no sin razón, pero voy a compartir mis pensamientos aquí y ahora.

Soy una persona infinitamente perezosa. Un auténtico despojo capaz de tragarme pelis que detesto por no incorporarme a la mesa de café a coger al mando a distancia.
Si mi mujer o mi madre escribieran un libro lo tendríamos que poner en el estante de ‘Ficción’ por increíble.

En el día a día mi móvil está o en mi bolsillo o en algún lugar del sofá bajo cojines o mantitas de invierno.
Aun estando en el sofá mirando la tele, si lo tengo en el bolsillo y vibra (SIEMPRE está en silencioso) raramente me molestaré en mirar.

Antes de 2010 tenía un Nokia simplemente metido en la guantera del coche por si tal. Jamás lo usé.
Desde que tuve hijos, entre que tal y cual, empecé a llevarlo encima. Mi desatención al mismo originó las primeras tensiones.

Al grano:
  1. Cuando recibo una llamada, no siempre tengo el teléfono a mano. Casi nunca. Luego me interesa poder responder llamadas aunque esté cagando si me parecen importantes.
  2. Lo mismo con mensajes: es un palo. El reloj me permite poder determinar en el acto importancia y necesidad de responder ya.
  3. Paso mucho tiempo en el coche y recibo cosas a veces time-sensitive; me interesa poder verlas y poder responder POR VOZ cuando me entra algo mientras sobreviro a 165 Km/h por la AP7.
  4. Me interesa saber temperatura (siempre), humedad (en verano), y viento (en invierno) en cualquier momento sin tener que manosear el móvil.
  5. Cuando juego a golf me interesa saber metrajes exactos para cada golpe; un dibujito del Green ayuda.
  6. Me interesa saber cuánta distancia recorro cada día.
  7. Me interesa saber cuántas horas duermo, con qué profundidad, y a qué horas me suelo dormir y despertar.
  8. Es importante conocer mis patrones de ritmo cardíaco no sólo cuando corro; ver cómo anda el corazón cuando duermo o si hay anomalías aleatorias.
  9. Me interesa salir a correr o en bici y saber exactamente velocidad y ritmos cardícos sin llevarme móviles, enchegar Stravas ni ponerme cintitas en el pecho.
  10. Ahora que estoy adoctrinando a mi hija en los entresijos de heavy metal, me gusta poder poner música por el altavoz del reloj cuando la baño (ya que ni sé dónde está el móvil)
  11. Me gusta ver gráficos de altitud y presión atmosférica pues puedo prever cambios de tiempo (y dolores en las articulaciones).
  12. Me va de perlas usarlo como linterna cuando apago las luces de la casa cada noche al acostarme
  13. Esa vez al año que andas desorientado por Santa Coloma de Gramenet, me gusta poder ver un mapa y que me saque de ahí rápido y ya mismo sin acudir al móvil.
  14. Y mil cosas más que no me vienen a la cabeza....¿he hablado de no quitármelo para bañarme?


Me toca los güebos cargar la pila pero el offset de beneficios es brutal (entre ellos el de que la batería del móvil me dura dos días ya que ni lo toco).

Parecerá absurdo pero a ver quien me da más razones y de más peso en favor de un puto Audemars Piguet que te da la hora, el día y quizá el mes.

jueves, 19 de enero de 2017

Atraco a pito armado -by @Raimon



Paquito, cómo estáis? Frustrados, enfadados...

Pues que te voy a contar, no? Ya van 2 derrotas seguidas y eso afecta incluso al mejor del mundo

Qué ha pasado? No habéis jugado peor que de costumbre pero ahí está el 1-2, una auténtica falta de respeto de los provincianos ésos

Hombre, cuando el árbitro no te ayuda la verdad es que no hay nada que hacer

Caras largas y mucho enfado en el vestuario, no?

Y cómo quieres que estemos?

Hablas del penalty no señalado?

Lo ha visto todo el mundo. Piscinazo de libro. Ahora, a ese señor de negro no le da la gana pitarlo, qué vas a hacer?

La jugada es clara. No hay falta, como dices tu compañero se tira...

Sí sí, se tira al instante. Penalty claro.

Muy claro. Esos siempre os los han pitado y hoy no. Por qué? Veis alguna mano negra?

Está claro que algo pasa cuando no te pitan penalty siendo el piscinazo tan evidente. La verdad, ya no sabes a qué atenerte. Le dan el premio ése al amigo cuando lleva todo el año arrastrándose, te confías, ves que la cosa en los despachos va bien, que todo parece atado y bien controlado, y hoy de buenas a primeras va y te hacen eso. Qué vas a pensar? No es normal.

Por qué crees que el árbitro no os ha ayudado? Raro, verdad?

Si me lo preguntas a mí, rarísimo. Espero que nuestros estamentos investiguen lo que ha pasado hoy. 

Luego también tenéis quejas de los 2 goles del rival, no?

Quejas? En el primero no hay una falta que el árbitro debió haber señalado y en el segundo con lo rápida que es la jugada lo normal es que pites fuera de juego.

No había fuera de juego, no?

No, pues claro que no. Por eso no entendemos que no lo pitara. En fin, prefiero no hablar más que me caliento, aunque de hecho da igual porque al final la cordura impera y a nosotros nunca nos sancionan por despotricar.

Paquito, mucho ánimo. Hay que seguir luchando, no?

Sí sí, luchar en los despachos, manipular todo lo que se pueda, lo que hemos hecho siempre, vamos

viernes, 13 de enero de 2017

HUMILDAD

La humildad es la cualidad que, cuando genuina, más difícil de encontrar es.
Mirémonos a nosotros mismos (los mismos que queríamos quemar a Galileo por haber demostrado la falacia del geocentrismo), los que inventamos el Bluetooth y Facebook, los del KERS, el Ojo de Halcón, los putos reyes del mambo…

Imaginemos un cataclismo de cojones, uno parecido a los varios ya documentados, uno que aniquilara virtualmente a todo Dios.

Tendemos a pensar, en nuestra prepotencia, que los digamos 100.000 supervivientes escampados por todo el globo, tras 5 años bien miserables, serían capaces de retomar el temita relativamente cerca de dónde lo dejamos. En las pelis apocalípticas hay criminales, violaciones y hollín, pero todos van en coche y sobreviven con relativa anormalidad.

Imaginen que su grupito de supervivientes está formado por sus 10 o 20 mejores amigos. Imaginemos que no sufren enfermedades y que todo está razonablemente bien apuntalado. Todos son educados, abogados, ingenieros, y con un razonable nivel cultural. Incluso hay el típico que siempre lo sabe todo, la Wikipedia andante.

Minuto 20: el que fuma que no tiene mechero. Un puto mechero, el pedazo de tecnología más burdo que existe tras el martillo. No queda otra que ir a buscar un estanco y saquearlo, hacer acopio de mecheros, y tenerlos bien controlados, pues si Dios no lo quiera se pierden, cuénteme usted cómo se lo montan los 20 catalanets de l’Eixample para encender un cigarro.

Vehículos: zero chance. Ya pueden ir a la Nissan a buscar especificaciones e intentar construir 10 que jamás lo lograrán. 

Comida: en cuanto perezca lo que hay en las neveras de los supers, a dos velas. ¿Cazar? Ojito, pues aun encontrando escopetas en alguna armería abandonada, a ver qué y cómo cazamos.

Mientras lo ya pre-existente se pudiera obtener, controlar, almacenar, regular y operar podríamos tener vidas semi-normales pero pasados 30 años, 100 años, 500 años, no quedaria nada. Ni tan sólo podríamos abrir los pdfs con especificaciones técnicas de las cosas pues no existirá electricidad, y ni en 100 ni en 10,000 años saldría nadie capaz de fabricarla. El proceso involutivo seria de una lentitud y crueldad tales que aun siendo todos muy listos, sabiendo programar en Linux, y siendo auténticas bestias reparando aires acondicionados, cuando cayera el martillo íbamos a flipar.

Y tras no tanto tiempo, cuando todo el conocimiento se hubiera perdido por no tener electricidad ni impresoras y haber sido incapaces de recuperar este conocimiento, entraríamos en una espiral dramática. Y cuando vaciáramos El Corte Inglés generación tras generación, nuestros tatatatataranietos tendrían que volver a vestir con pieles de búfalo, a hacer fuego fregando palos, y a cazar a pedradas gastado ya el último cartucho.

Este conocimiento que tenemos que nos hace tan superiores a todos los animales (y nos hace la ÚNICA civilización de la galaxia y la ÚNICA que ha existido jamás sobre la Tierra) puede extinguirse con dos clecas bien dadas, tras lo cual, volveríamos a la casilla 1.

Cuando algún explorador despistado, en el año 18.944, descubriera la punta de la Torre Eiffel, la gente vendría a echarse fotos y preguntarse cómo los antiguos Franceses (la versión futura de los Mayas o los Egipcios) lograron construir tal maravilla en algún momento entre al año 1.000 y el 4.000.


Cuatro fotos y tan contentos.