miércoles, 30 de enero de 2013

La soledad del corredor de seguros


Mi legión de admiradores, seguidores, palmeros y aduladores sabe bien que empecé a correr a mediados de Octubre y lo dejé hace unos días.
Las razones de mi abandono son tan claras como turbias fueron mis razones para empezar. Considero el jogging una actividad útil para quien la vea útil e inútil para el resto. Como el karate o la papiroflexia. Creo que yo no daba el perfil, pero lo bueno con los esquizos cómo yo es que mañana puedo cambiar de opinión y retomarlo sin experimentar conflicto interno alguno.

Curiosamente, tras mi abandono, mi calidad de vida ha aumentado notablemente, y este es el objeto del post.
En efecto, antes de mi aventura extra-marital con el jogging, llegaba del trabajo, me echaba en el sofá y dejaba que pasaran las horas. No les daba ningún valor a mis juliocesáricos stages de horas y horas en el sofá chupando ciclo tras ciclo del 3/24. Si acaso me estimulaba intentando recordar qué noticia seguía –cosa que casi nunca lograba. Era un puto despojo.

Pero ahora no. Tras haberme puesto los pantaloncitos, los zapatitos, enchegado el blutooth del móvil, el GPS del móvil, el runtastic del móvil, el mp3 del móvil, cogido las llaves de casa y pasarme una hora sudando como un pedófilo y experimentando siempre vientos fuertes o muy fuertes de cara fuere en la dirección que fuera miles de veces, dejar todo esto atrás me proporciona un gran placer. Ahora cuando llego del trabajo, me echo en el sofá y dejo que pasen las horas, ahora sí, sé dar el valor que merecen a mis juliocesáricos stages de horas y horas en el sofá chupando ciclo tras ciclo del 3/24.

Pudiere parecer un paso atrás pero ha sido uno atrás para echar dos adelante. Supongo que es como el caso de esa gente que superan una enfermedad horrible o sobreviven un gravísimo accidente: tras el susto alcanzan finalmente a relativizar, a no angustiarse, y a dar cada cosa la importancia que merece. Yo he aprendido a saborear cada minuto de mi vida que no paso puteado corriendo sin sentido y soportando vientos de cara que hundirían un transatlántico. Eso es lo que me ha dado el jogging: el placer de dejarlo. Como el chiste ese del cazador de leones que sale con un yunque.
Gracias, Gebre.

lunes, 28 de enero de 2013

PARÁBOLA ALEGÓRICA SOBRE EL INCLEMENTE LIBERALISMO Y LA TÍBIA CONDICIÓN HUMANA


Fíjense hasta dónde hemos llegado y cuan convulsa es la naturaleza humana:
El Mcdonalds ese de la playa de Barcelona, cerca de las torres gemelas, tiene abierto el McAuto –que no el local en sí- las 24h del día.
En el vecindario hay varios clubs dónde la gente se taja y sale a la calle confusa y canina cuando cierran.
Cómo el McDonald’s está cerrado se van a pata el McAuto pero hay un segurata que les impide el paso. Al parecer se exige, literalmente, ‘personarse con un vehículo’.
vehículo.
(Del lat. vehicŭlum).
1. m. Medio de transporte de personas o cosas.
2. m. Aquello que sirve para conducir o transmitir fácilmente algo, como el sonido, la electricidad, las enfermedades contagiosas, etc.

Durante los primeros tiempos, la solución fue irse por ahí a un parking de Bicing, agarrarse una, pasar por el McAuto a por víveres y dejarla abandonada.
Ante la tremenda demanda, apareció el tradicional rol del hijo-de-puta, que se encargaba de recoger las bicis del Bicing  y postrarse delante del segurata para ofrecerlas a los tajados por un precio módico (tengan en cuentas que las cuadrillas andan confusas a eso de las 6AM y que un poco de asesoramiento y una derrama de €1 por cabeza a cambio de 13 Big Mcs se antoja beneficioso para cualquier joven desposeído de sus facultades mentales).

Aun así se ve que el turnover de bicis no puede absorber la demanda de tajados y la última es que los capullos del skateboard vienen y formalizan contratos de leasing de 5 minutos con idéntico propósito: te subes en el skateboard (que también es un vehículo as seen previously) vas a ventanilla y pides. Al parecer además, si para un no-practicante avanzar 4 metros en un skate ya tiene miga, hacerlo tajado y ante la atenta mirada de tu cuadrilla y otras resulta lesivo. La presión juega –siempre según reports de asociados míos; nunca lo he visto- un papel incrementalmente newtoniano, y la gente se calza unas leches sonoras en el intento.

Y todo ello por comida. Para que la gente luego diga que los jóvenes no tienen valores.

viernes, 11 de enero de 2013

INDEFECTIBLEMENTE


Digamos que existe una comunidad de tíos con un interés –relativo- en jugar pachangas de fútbol.
Se crea una lista de distribución por email de unos 25 o 30 tíos, “Así entre pitos y flautas siempre seremos al menos 10 o 15 tíos para jugar”.

INDEFECTIBLEMENTE:
1-La asistencia al evento variará de 7 a 29 tíos en base a parámetros inexplicables por la ciencia convencional. Un día con buen tiempo vienen 11 y el Martes siguiente lloviznando y con mal tráfico 22.
2-El número (en principio aleatorio) de asistentes será impar en una proporción que con creces excederá el 50% de las ocurrencias. De cada 10 pachangas, en unas 7 u 8 habrá headcount impar –en flagrante desafío a los principios estadísticos generalmente aceptados.
3-Normalmente el montante de camisetas claras a oscuras (recordemos que estamos hablando de pachangas indignas) será de un 80-20 o vice-versa (también contraviniendo los principios estadísticos básicos). Nunca habrá una obvia identificación de los integrantes de cada equipo.

Y ya está, post concluso. No sabría qué añadir.

jueves, 10 de enero de 2013

La erosión del payaso estrella


Estos días anduvieron por aquí nuestros amigos del Cirque du Soleil y, cómo es habitual, les ametrallé a preguntas, algo que no me avergüenza hacer. Recordaréis que ya sustraje algunos datillos hace un tiempo:

Me contaron varias anecdotillas de esas tan jugosas que ya olvidé, pero sí me llamó en especial la atención una, la del ciclo erosional de los payasos principales. En ‘Alegría’ (no sé si alguien fue a verles estos días; está bien) intercalados entre los gimnastas y tal aparecen varios payasos, en especial dos que son los que llevan el peso payásico del show. Lo típico, uno alto y serio y el otro bajo e inocente, la fórmula ya clásica con irritante acierto plasmada en Epi y Blas Piñar.

Pues se ve que estos dos payasos (que durante el stage de Barcelona eran curiosamente de Murcia el bajo y de Barcelona-Sant Andreu el alto) son rotados por Real Decreto cada seis meses.
Medio año de vacaciones.
Serán re-emplazados por otros dos que harán lo mismo y se vestirán igual, que a la vez serán reemplazados el 1 de Julio por el de Murcia y el catalán. Y asín sucesivamente. Ciclos de 6 meses.

Esa particularidad no concurre con ningún otro artista; ni gimnastas, ni contorsionistas, ni acróbatas ni nada. Sólo con los payasos estrella (no los subalternos). Al parecer el trabajo de payaso requiere de una sensibilidad especial o un algo que hace que se vayan quemando progresivamente, y el canadiense este que posee el Cirque o algún otro estándar de la Federación Mundial de Payasos aconsejan que no se pase de 6 meses. Entiendo que después se agotan o hastían o lo que sea y el bajón de rendimiento transpira al público.

Nunca me había parado a pensarlo pero tiene sentido que el karma del payaso se traslade con mayor densidad que el de un trompetista disfrazado de mono que va dando saltos. La gestualidad, la expresión facial, y todo el temita debe generar bastante más esfuerzo emotivo que saltar de un trapecio, y entiendo que esto ha sido probado con tamaña rotundidad que los van excedenciando cíclicamente.

Ahí queda el dato. No hay gag ni brillante frase de cierre, sólo una constatación interesante.

jueves, 3 de enero de 2013

Increiblemente sencilla...

Me mandan este buen vídeo:

Vale la pena.
Más de lo mismo pero lo mismo es bueno.

Gracias Rai.