viernes, 27 de noviembre de 2009

Inventario

Conforme afrontamos la contra-curva de meta en esta carrera de 400m que es nuestra vida, sin saber con total certeza en qué lado del ecuador de la misma nos hallamos, llega la hora de hacer inventario.

En cuanto a salud, nos vamos levantando de la cama y esta parece seca, démoslo por bueno. El estado de salud de uno suele depender de lo profundo y detallado del último chequeo, y este manifestaba en mi caso colesterol elevado y ausencia de mayor novedad. Bien.

Dinero: conforme la fortuna amasada gana en cubicaje, noto en mis patrones de compra una visible relajación de los estándares otrora observados (que sea el bien adquirido necesario y que su uso se dilate más allá del periodo de amortización). Especulo que quizá esté coqueteando con una depresión o algo peor a resultas de lo cual me dedico a pulirme die garrofen en auténticas burradas. Siendo esto malo, lo peor es que mi señora se siente -con razón- legitimada a actuar con la misma estulticia, con lo que mis desmanes me cuestan el doble. Pero sigo viendo un plato en la mesa cada noche, con comida en él, luego demos por bueno el cariz de los acontecimientos.

Amor: infravalorado centrocampista nato en Fenidorm, palo de pajar del Dream Team de Núñez. Pechofrío, de nula definición, pero sacrificado y notable recuperador de bolas (parte del legendario centro del campo irritante con Bakero y Eusebio).

Lo dicho, que la deriva de los acontecimientos no invita al optimismo pero más se perdió en Atenas. Esperar que estos fin de semana, mes y año fiscal se clausuren con gloria a las 20:53 del Domingo.

jueves, 19 de noviembre de 2009

La territorialidad de los mamíferos -by Rai

Seré breve. Siempre he sido muy celoso de mi espacio y de mis cosas. No me meo en las esquinas porque fui a una escuela privada, pero no renuncio a hacerlo porque mis dominios son sagrados. Ojito al que ose profanarlos.

Ya de pequeñito, si me encontraba esperando el ascensor y algún vecino irrumpía en ese momento por la entrada principal del edificio, me largaba hacia las escaleras para no tener que compartir ese metro cuadrado con su aliento hediondo. No soporto a la mayoría de personas. Me siento invadido. A esa edad era consciente ya del asco que me produce el prójimo, pero todavía no de mi derecho, amparado por la Constitución ‘que nos dimos todos los españoles libremente y bajo ningún tipo de coacción’, a UN ESPACIO PRIVADO.

Con los años, la cosa no ha hecho más que agrandarse. Me encanta ir al Camp Nou y ver que algún turista despistado o algún enchufado sin entrada está ocupando mi asiento para poder mostrarle mi carnet y, sin necesidad de mediar palabra ni de mirar sus sucios ojos, ver cómo se levanta servilmente en busca de un territorio ‘no ocupado’. Lo mismo cuando jugaba a tennis: recuerdo que teniendo pista reservada pongamos que de 4 a 5 me encantaba llegar un minuto tarde para encontrarme a alguien apurando su partido y poder echarlo a gorrazos a media jugada. Eran y son mis derechos, y me excita ejercerlos.

Pero es que esa particularidad de mi carácter va cada vez a más. Ahora cuando espero el ascensor, éste llega, y aparece el vecino tocacojones a lo lejos, hago como que no lo veo y entro rápido cerrándole la puerta casi casi en los morros. Que se joda. Es mi ascensor.

Y lo último y más aterrador: los párkings. Ahí sí que me he convertido en un verdadero hijo de puta. Los que utilizo habitualmente no tienen una plaza asignada; bajo una first-come, first-serve basis, si tienes suerte pillas una buena al lado de la salida, y si no, puedes acabar en la 4ª planta del sótano, haciendo virguerías para poder aparcar bien en una esquina imposible y aguardándote luego 4 pisos de escaleras muy desagradables.

Pues bien, cuando he pillado una plaza buena (soy de los que espero y espero hasta dar con la que busco) y me dispongo al día siguiente a coger el coche para irme a trabajar, NO SOPORTO QUE ME LA COJAN por más que es evidente que en un momento u otro del día me la cogerán. Es grave porque insisto, ‘yo ya me iba’, pero si me dispongo a arrancar y veo algún coche husmeando por ahí cierro el contacto y las luces y me escondo bajo el volante para que el interfecto no detecte mi marcha. Cuando ya ha pasado de largo y veo que se dirige a plantas inferiores, entonces sí, arranco y me voy. ¿Qué se cree el imbécil, que sin esfuerzo va a conseguir el mejor sitio del parking? Y una mierda. ‘Es MI PLAZA todavía, y te lo vas a tener que currar como yo hice la tarde anterior y sino, pues eso, a pringar a la 4ª planta’.

Ése soy yo.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Fui feliz en 576


La mente humana es generosa en recovecos y taras.
La muy porcina se acostumbra a todo lo bueno con rapidez, lo que es normal, pero lo que es tan normal es que en paralelo rechace blatantemente lo que hasta la fecha de la mejora era el pan suyo de cada dia. Ahí están, mayormente en la cuneta, multitud de farloperos, cuyas mentes no supieron acostumbrarse a andar limpias por el mundo. Otros acostumbrados a la buena vida son luego incapaces de zamparse un bacon con queso o conducir un KIA Sorento. Yo mismo soy incapaz de conformarme con un teléfono móvil que no esté ubicado en mi reloj, o peor aun, un reloj sin móvil. Lo mismo pasa con el café: te acostumbras a uno decente y no tragas el de máquina, o con las aceitunas de l’Escala, o con el jamón cinco enes.

Hasta hoy he lidiado con gatuna agilidad entre este mar de cosas tontas, pero la última patacada me tiene desubicado. Me compré una tele con HD con la cual visiono –de momento- un canal HD, y empecé a bajarme pelis en HD. ‘Oh qué bonito’, ‘fíjate en los pelos de la patilla’, tal y cual. Pero pasados los primeros tres días de estupor, parabienes, y por qué no decirlo, autocomplacencia, me he dado cuenta de que mi mente RECHAZA emisiones en definición normal.

Y en un plis-plas, me noto enervado mirando TV3 cuando una línea diagonal me hace dientes de sierra, o cuando no puedo ver con detalle lo avanzado del sarro en los dientes de un transportista en huelga. Peor aún: mi rechazo me lleva a refugiarme en TV3 HD y a menudo soy sorprendido mirando unos paranormales reportajes de cocina donde tres ineptos hablan de chorradas, o mirando una peli francesa sobre moros que repiten hasta la saciedad, o ojeando clips de Catalunya con colores saturados y tal.

Como el canal está en pruebas es una mierda y repiten patéticos programas de forma buclear, pero me noto incapaz de poner un canal normal y ver programación óptima. Esto está creando tensiones en el marco de la pareja –mi perra parece resultar insensible al HD- y noto que mis hábitos de consumo de televisión están adquiriendo tintes de elevada irregularidad.
No sé qué hacer, vamos, que no puedo tolerar ya más la tercermundista definición en 576i. Me he convertido en un monstruo.
Si alguien más está transitando por tan ingloriosa vicisitud, que tenga a bien ofrecer consejos para mi refugio, gracias.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Debate sobre la clonación (ni remotamente relacionado con la película 'Moon')

Abramos pues el debate sobre la clonación:
No sólo la veo necesaria sino que inevitable. Basado en dos principios:
1-Como en ‘Moon’, para la realización de tascas que no son deseables para el humano, tales como el aislamiento interplanetario en tascas funcionariales.
2-Para fines médicos: como en ‘The Island’, cuando el genético original tenga un cáncer de próstata, se destripa al clon y se re-emplaza.

Las ventajas son indudables, tanto desde la perspectiva de la esclavitud como desde la de piezas de recambio.
Repito, LAS VENTAJAS SON INDISCUTIBLES.

Que hay contras, lo sé.
El abuso y el destripamiento de órganos parecen inadecuados e injustos para con un pavo que, no lo olvidemos, tiene la misma inteligencia emocional, sentimientos, y percepción que su genético original. Es un tío normal de quien vamos a abusar, y esto no es justo.

La solución:
Yo lo tengo claro: para los primeros, los esclavos, realizar una modificación genética simple para que queden atontados e impermeables a la realidad, como un puto gato o algún animal inferior, pero que sean capaces de obedecer órdenes simples –si no, no nos sirven para nada. Así no sufrirían apilando piedras en Neptuno.

Para los segundos, algo parecido pero más radical: que estén cerebralmente muertos desde su concepción y sólo experimenten crecimiento fisiológico. Como si estuvieran en coma desde su mismísima incepción.

De esta manera nadie sufre y nosotros nos lo montamos dabuten. Venga a fumar y tal, fot-li barrina, y cuando tal, bisturí y tornem-hi.
Mi plan no tiene fístulas.

Crítica de cine: Moon (también sin spoilers a mi pesar)

Terminamos hoy con la serie que les ha traído los mejores 25 títulos de la ciencia ficción a lo largo de la semana.

Si algún lector confuso ha hecho un scroll down buscando los 23 que le faltan, reciba pues el Mongol of the Day award.

Repasamos hoy una cinta lanzada hace bien poco curiosamente, una cinta que el Dr. J no entendió a tenor de sus comentarios en el blog YOYA.
Se trata de ‘Moon’, donde una importante multinacional produce el 70% de la energía consumida en la Tierra a base de cosechar un curioso gas extraído del subsuelo lunar.
Esa estación es comandada por un solo pavo, que ayudado por un robot en plan R2D2, va co-ordinando las cosechadoras y los envíos del gas ese a la Tierra.
El punto de partida es interesante, con ambientación y coherencia bien pulidas ambas, que pronto deriva en un hecho trascendente que desencadena una situación alarmante.

El film es lento y silencioso, pero esa cadencia no interfiere con la secuencia de eventos. El espectador se deja imbuir de ese clima suelto mientras los acontecimientos se desencadenan. El film no tiene truco: a media peli uno ya ve por donde van a ir los tiros, pero el encanto de la peli no yace en su desenlace sino en la tragedia interna vivida por el protagonista.

Como con el film de ayer, ni hay invasiones extraterrestres ni aliens comepichas, y la peli va por donde uno prevé que irá. Es uno de esos guiones que se resumen en una frase: ‘Un tio aislado en la Luna realizando un trabajo industrial de repente descubre que tal’. A partir de ella, se desarrollan 90 minutos de la mejor manera posible, obsequiándonos con un final con toques de class action y mucho espacio para la reflexión.

Un excepcional film, que no dudo en valorar con un:
8.87/10

Y Dr. J, no hay androides. Tú verías paralelismos con Blade Runner incluso en Rocky IV. Ya, Rutger Hauer se parece a Ivan Braga.
Posiblemente, pero no.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Crítica de cine: Event Horizon / Horizonte final (sin spoilers a pesar de ser del año de los cojones)

Ya saben que suelo andar 8 años por detrás de los estrenos, 12 en este caso, pero ahí va mi crónica, útil to an extent en estos tiempos convulsos de Torrents…

Esta cinta es un clásico de serie semi-B protagonizado por Laurence Fishburne y Sam Neill, y trata de blancas sobre la misión de rescate de una nave de investigación llamada como la peli que tras 7 años desaparecida de repente aparece. Una brigadilla se persona ahí a ver qué pichas pasa y se lía la de dios-es-cristo.

El filme ofrece muchas cosas: en primer lugar, una cinematografía interesante y unas actuaciones creíbles. En segundo y más importante, una trama inquietantísima que se bifurca del típico unfolding of events de los thrillers futuristas al uso. Ni hay una invasión de criaturas extrañas, ni les ataca un pelotón de OVNIS, ni reparan el turbo de la nave con un calcetín usado. Además, y en escenas muy seleccionadas, recurren a un macabrismo y una truculencia que dejan al espectador con una sensación extraña, como preguntándose qué cojones está ocurriendo en ese film.

Es un desarrollo discutible que a algunos no agradará.
No podemos hablar de un guión sin cabos sueltos, ni de un clásico de cojones, pero transmite una atmósfera escabrosa y presenta una originalidad que la hace bien merecedora a dos horitas.
Torrent en HD 720 disponible, altamente recomendable, le daremos un:

8.51/10

Colateralmente, como me sonaba que event horizon era un concepto físico derivado de la relatividad, me dejé caer por la Wiki para mi ulterior frustración. Una de las cosas que me hubieran encantado en esta mi corta vida, ya en su otoño, hubiera sido el ser capaz de entender artículos como este.

martes, 10 de noviembre de 2009

Peso gallito: Lama Vs Perez

La entrevista de Cuatro a Pérez. El primer corte va suavecito, luego se va liando.
Vean:







Vayan por delante dos cosas: mi repulsa visceral hacia el real mandril y todo lo que representa, y mi relativa admiración para con Manolo Lama; le estimo prepotente y chulesco, pero a mi entender posee una óptima lectura de los partidos y una dialéctica condescendiente pero afilada y extremadamente abrasiva.

A lo que iba: al presidente del mandril no se le tutea. En segundo lugar, las encerronas son feas. En tercer lugar, interrumpir reiteradamente a los invitados es inadmisible. En cuarto lugar, la confrontación por apabullamiento y arrollo no procede con figuras de ese nivel. El presidente del real mandril es un personaje a la altura de cualquier estadista y como tal hay que tratarle.

No me gustan tampoco sus gestos, sus ademanes de 'a tomar por culo', y los dedos amenazantes. Estimo esta entrevista un grave error, de forma más que de fondo, y los usos exhibidos en estos tres cortes son, a mi parecer, absolutamente intolerables.

lunes, 9 de noviembre de 2009

De optimizaciones y champuses

Como ingeniero de procesos que soy, reputado, detecté que entre que me levanto y salgo de casa pasan no menos de 45 minutos.
Raudo me puse a analizar por donde podíamos reducir costes –time is money-.
Café y dos cigarros, 14 minutos, no había por donde recortar.
Cagada –dios mediante-, unos 3 o 4, las posibilidades de recorte temporal no hubieran sido de mi agrado.
Afeitado (cada 3 o 4 días): sota caballo rey, dejarse perilla de pederasta hubiera redundado en detrimento de mi calidad de vida, descartado.
Ducha: ojo, ahí sí vi posibilidades.
Vestirse: nada que pelar. Incluso calzando un calcetín solamente el ahorro hubiera sido mínimo.

Así pues, centré mis esfuerzos en el proceso de la ducha, y vi que enjabonarme la cabeza, aclarar, y empezar con el cuerpo y aclarar también, me costaba entre 1.5 y 2 minutos extra que podía eludir simplemente enjabonándome la cocorota y el cuerpo de una tacada.
La encrucijada era obvia: ya que no podía ponerme champú en una mano y jabón para el cuerpo en la otra, tenía que decantarme por un químico que optimizara rendimientos.

Entendí que, por lógica, el jabón para el cuerpo debe de ser más abrasivo, ya que ataca quisca mayúscula, y que podía poner en peligro mi sedoso pelo dejándome calvo a los tres meses. El champú para el pelo, entiendo que más suave y químicamente testado (tema ph y tal), asumí sería capaz tanto de purificar mi cabellamen como de limpiar mi tersa piel y deshacerse en el proceso de combustión de cualquier impureza que hallase, no siendo menester para el empeño un jabón específicamente diseñado para el cuerpo.

Puse en marcha hará medio año el –ambicioso- proyecto, y no puedo sino reportar el mantenimiento de mi rubia melena y un cuerpo que huele como los ángeles.
Y gano dos minutos que invierto con enorme felicidad al atasco del día.

viernes, 6 de noviembre de 2009

24y4

24 años, coño, son días.
Las chicas no dudo en asumir que presentaron sus mejores galas. Maquillaje premium, indumentaria reveladora yet elegante, pendientes desenfadados pero coquetos, ya sabéis a qué me refiero, detalles invisibles y de cero importancia para un cabrío. Debo reconocer que hubo alguna que me sorprendió gratamente, y a la próxima cena seguro que alguno le intentará meter una cornada a alguna, vive Beefeater. Alguna otra, en cambio, me sorprendió ingratamente, y de icono sexual pasó a mediocre especimen de puta de cuneta revellida. En general, empero, nos repartimos parabienes mutuos sobre lo jóvenes que estamos.

Otro tema interesante fue esa mágica y casi inexplicable conexión con los más amigos, especialmente pienso en uno, ahora. Nos separamos a los 13 y no nos volvimos a ver hasta el otro dia. La hostia, pisha, parecía que esos 24 años no hubieran pasado, esa cercanía metafísica permanecía indeleble.

Se manejó contabilidad de churumbeles, y me plació ver que la gran mayoría seguíamos sin sembrar la semilla de la vida en un chochitow. Al menos de manera floreciente. Cuando uno decía que tenía uno o dos churumbos, los otros 5 que estábamos en la conversación resoplábamos. Y así pasó la noche, encontrándome además con la grata sorpresa de que no intercambiamos móviles ni nada, con que la vida seguirá igual hasta la próxima cena, si la hubiere. Me gusta no forzar las cosas: si no te has visto en un cuarto de siglo, seguramente no tengas interés en hacerlo mensualmente.

jueves, 5 de noviembre de 2009

243

Fue asimismo curioso re-encontrarse con gente cuya existencia uno no recordaba.
Mayormente han evolucionado todos sin novedad, a mi parecer no alcanzando el estrellato pero navegando en una holgada normalidad. Ahora bien, claro, supongo que la percepción depende muncho del sesgo expositivo. Me impresionó el periplo profesional de algunos, si bien es siempre difícil precisar la gloriosidad de las vidas de los demás, a veces se añade algo de brillo.

Yo, por ejemplo, y por temas de ego, me presenté con la toga de gala, el monóculo bueno, el cetro papal y el sombrero de cardenal. Afirmé convencido que muevo los hilos de la ONU a mi antojo, que soy tribunero, que ni sé lo que cobro, y que estaba destinado a fines más bajos pero tuve la suerte que no merecía en los momentos precisos, intentando terminar todas mis encíclicas con un fuerte bastonazo al suelo. Absortos me miraban, y yo en esos casos les ofrecía mansamente mi mano para que me la besaran.

El ejercicio reviste interés pues en una mesa de veintitantos, se montan los típicos sub-grupos de 4 o 6, que a la hora del café se rompen para ir a charlar con otros, y al cabo de la noche tiene uno que explicar su vida varias veces. Es pues recomendable ser capaz de sintetizarla en un minuto y medio o dos, lo que da soltura al evento. Yo, parco en palabras de por sí, resumí mi vida en medio minuto largo, y lo iba lanzando cada vez con el mismo ánimo que la primera, quedándome en lo nuclear y relevante, que es poco.

El limitado tiempo de exposición, además, te permite obviar los detalles más escabrosos y ensalzar los más gloriosos o inventártelos, pues raramente le será solicitada a uno evidencia pericial de las gestas. En definitiva, que está bien eso de resumir la vida de uno en un minuto, invita a la reflexión. Profunda incluso.

martes, 3 de noviembre de 2009

242

Confirmó el visionado de tal atrocidad alpina que el chaval, caso de llegar lejos, lo haría con los pies por delante o secuestrado –pues sus padres tocaban pela-.
Sí, teníamos 6 u 8 años, y el chaval apuntaba maneras, el típico niño al que los profesores no sabían bien como tratar, reuniones con los padres, ‘pinta mal’ y tal. Solitario, inadaptado, dibujando en las horas de recreo, pésimo futbolista, un niño de escasa edad y menos prospectos.

El sábado pasado, tras 24 años le volví a ver.
Dibujante de cómic profesional, metido en proyectos de cojones, tema comics extranjeros, un tío al que las cosas le van bien, vive de su trabajo y le encanta lo que hace.
Viene esto a colación de lo complicado que es juzgar a la gente y sus posibilidades, y viene a subrayar que a veces la vida sí es justa con algunos.

Y también que es bonito haberle podido volver a ver, cosa de todo punto improbable de no haber existido el famoso Facebook. Su existencia me dio la oportunidad de reencontrarme con él -y con otros tantos-, pero esta vez viéndole en la cima de la pirámide, no ya siendo el tonto de la clase. Una pequeña historia de superación personal que quería compartir.

lunes, 2 de noviembre de 2009

241

Ya desde primero de básica (actualmente se llamará ESO Z8 o IFIX TZEN-TZEN OMEGA) se le veía con graves problemas de adaptación. O no, pero el pavo, el niño, era totalmente impermeable al conocimiento. Ni sumaba una picha, qué les voy a contar sobre restar, líbreme Dios de acentuar, nada de nada. Lo único que hacía era dibujar, y lo hacía de manera asombrosa.

Durante una época me senté a su lado, eran mesas de dos, esos locos 80s. Pues eso, me senté a su lado y pude gozar de su arte. Porqué eso era arte, y más en un chavalín de 8 años. Convivimos durante semanas o meses, no lo recuerdo. Sí recuerdo un examen de geografía. El profesor, que descansa en paz desde hace años, le dropó a él un mapa físico (¿se llama físico? …el de montañas y ríos) de Suramérica y a mí uno político de Europa. Eran los principios de las medidas anti-piratería. Al resto de la clase fue repartiendo físicos y políticos de aquí y allá para que no copiáramos en demasía.

Bueno, completé el mío, que si Prusia, Suiza, Andorra, y seguro que algún rio metí aparte del mítico Segre. Miré su examen –por curiosidad ya que de poco me iba a servir ver lo que pusiera él para Suramérica- y para mi asombro fui testigo de unos de los más maravillosos momentos en la historia del estupor: el mapa físico de las Américas yacía impoluto excepto por dos palabras escritas en vertical a lo largo de la cordillera andina:
‘Los Alpes’.