martes, 29 de octubre de 2013

El Malalechograma de Fórceps y variables distorsionantes (y I)

Si algo soy es observador. No me fijaré en lo relevante, no siempre tendrá sentido para los demás aquello en lo que me fijo, pero soy un ávido observador de lo implausible.
Miro, hago un esfuerzo tan abnegado como absurdo para detectar patrones, los valido, y normalmente me lo apunto y voy haciendo seguimiento de cosas. Todas ellas de nulo interés.
Hasta que, por ejemplo, comento ayer en twitter la estrechísima correlación que he detectado entre humedad relativa (o absoluta) y mal humor generalizado y la gente me inunda a preguntas –hasta tal punto que tuve que interrumpir mis vacaciones.

Tengo validada una variable maestra que se repite con temporalidad: es lo que llamo el Malalechograma de Fórceps, y que traza la siguiente función:



Si alguien discrepa, erra.
Distorsionándola abruptamente hallamos una variable infernal, que es la humedad. Nadie repara en ella, en el tiempo de la tele ni se menta, y es capital. Sobre todo en primavera y otoño. En el monte orbita entre el 20 y el 60%, y en la costa entre el 50% y el 90% (en ausencia de lluvia). Luego establezco que es más dañino en la costa, si bien afecta también el continente. Similarmente he trazado zonas de control:
Por debajo de 60% verde
61-65% amarillo
66-70% ambar
Más de 70% rojo.

Desde las tormentas de finales de Agosto pasado raramente hemos bajado del 70% en la zona urbana de BCN.
A lo largo del día suele trazar una Gaussiana convencional donde empieza a empinarse suavemente sobre las 3pm, se radicaliza el pendiente hacia el anochecer, alcanza máximos sobre las 4am, y desde ahí empieza a bajar hasta las 3pm en que empezará un nuevo repunte.

Ignoro porqué afecta tanto pero lo tengo híper-validado como fenómeno. Yo creo que hay una vertiente Maslowiana al problema, sobre la que he conjeturado abundantemente.
Uno de los elementos que contribuyen a la mala folla según mis tesis es la humedad omnipresente que nos impacta de forma directa en pequeñas cosas. En mi caso, salir de la ducha y que al secarme la toalla esté húmeda es un tema que me irrita. Las toallas apenas se secan marginalmente de un día para otro y ahora en entre-tiempo no se pueden dejar sobre un radiador. O sí pero está apagado.
El hecho es que la toalla está húmeda y esto resulta desagradable. Luego saco la ropa del armario y huele a húmedo aunque la doblara (alguien, obviamente) la noche anterior. Huele a piso de solteros a pesar de estar nueva.

En definitiva: hace 8 minutos que he salido de la ducha y me noto sucio. Esto creo yo que impacta mucho el estado de ánimo (recordemos que normalmente no nos duchamos por estar sucios ni por no apestar sino porqué psicológicamente nos incomoda no ducharnos, sin que exista un motivo objetivamente claro para ello). Luego los cristales del coche empañados, el volante enganchoso, y esa sensación de manos y frente aceitosas tan frecuente en Barcelona capital.

Estas pequeñas cosas afectan en menor o mayor medida a cada uno, claro está, pero en el agregado de millones de tíos, una pequeña divergencia sobre las expectativas básicas de higiene crea cierta desazón, impaciencia, y ulterior malafollismo.

Si alguien ha detectado variables adicionales al fenómeno que nos lo haga saber. Gracias.

martes, 22 de octubre de 2013

"Liberar a alguien del dolor"

La discusión sobre la ‘Doctrina Parot’ me está entusiasmando pues demuestra con claridad porqué la gente es tan anormal, en particular los españoles.
Y, por qué no decirlo, tan perdedores: “que si en Estrasburgo son unos hijos de puta” que si tal, nunca viendo la viga en el propio ojo.

Lo que sepan poco o nada de leyes sabrán de sobra que el principio de irretroactividad se basa en …miren, casi que copio y pego:
“En Derecho penal rige el principio de irretroactividad, que busca proteger a los ciudadanos de que se les pueda sancionar a posteriori por un acto que cuando fue realizado no estaba prohibido.
Dicha irretroactividad, sin embargo, no es absoluta, ya que sólo afecta a aquellas normas que perjudiquen al imputado, acusado o condenado, pero no a aquellas que le beneficien.”

O sea: si cambia la ley y el delito fue cometido antes del cambio, sólo se aplicará la ley nueva si beneficia al sujeto pasivo (aka el criminal).
En el caso Parot, expediente a la sazón creador de jurisprudencia (por provenir la sentencia del Supremo), concurria obviamente una violación de ese principio.
Esto es obvio, y lo obvio es obvio.

La ley, sepan ustedes que contempla un día de redención por cada dos días de trabajo –también por estudios en la cárcel– y estos días son descontados del máximo legal que una persona puede estar en prisión en España, es decir, 30.
Aquí hay diversas cosas que patinan, empezaremos por el final:
1.       Un tope de 30 años significa que para el criminal es indiferente matar a 1 que a 8 que a 80. Una Ley que no contemple el principio de proporcionalidad es una ley defectuosa. Si una botella de vino cuesta lo mismo que 8 o 80, tengo incentivo a entrar en la tienda y pedir 80. La ley incentiva comportamientos dañinos y eso es atroz.
2.       Un día de ‘redención’ por cada dos de trabajo representa que si el recluso no hostia a nadie y hace ganchillo Martes y Jueves de 10 a 12 sale en 20 tacos. Habiendo matado a sabe-Dios cuanta gente. Una ley que proteja al criminal y le empuje de nuevo a la calle es defectuosa.
3.       En tercer lugar, se habla de ‘redención’.
      Definición: La redención es el resultado de redimir.
·         Liberar a alguien del dolor o de una mala situación.
·         Volver a adquirir algo que se había perdido.

La ley menciona el hecho de liberar a alguien de dolor o de una mala situación y de que recupere algo que había perdido. Hay que pisárselos para alcanzar tamaño grado de cinismo. El fin re-insertivo de la Ley española es algo que me mortifica. ¿Cómo podemos re-insertar a un tío que ha matado a otros? Es como intentar que un perro hable. Un animal es un animal y por ende es irreinserible. Ítem más: aunque pudiéramos re-inserirles, ¿deberíamos? ¿Es correcto el perdón para gente que ha cometido atrocidades en plena posesión de sus facultades? Yo tengo mi postura y cada cual la suya, pero me cuesta respetar a alguien suficientemente imbécil como para abogar por re-inserir a un animal de esos.

El fallo de Estrasburgo se ajusta a derecho plenamente (y el Supremo sabía que su fallo era sólido como un palillo chino), por lo cual, a joderse.
A nadie gusta. Correcto. Pues cambiemos la ley.

Es tan rematadamente fácil como cambiar la ley.

lunes, 21 de octubre de 2013

Tenía una carrera ayer, mi primera, una 10k

El Miércoles de hace dos semanas, haciendo mi personal best (55:34) me descojoné de gravedad.
Tras 10 días de antiinflamatorios y reposo, el Viernes pasado salí a probarme para ver si se podría obrar el milagro y tomar la salida.
Un inicio titubeante dio lugar a una recaída manifiesta y para cuando di la vuelta ya era tarde y estaba enroscado de dolor en una acera a 1.6Km de casa.

Y lo clásico. Llamo a mi santa para que venga a finalizar el arrastre y ni puto caso. Móvil, Casa, Móvil, Móvil, Casa, Casa…. Hasta 12 o 15 llamadas hice, ninguna respuesta.
Descojonado inicié el durísimo camino de retorno, ya de noche, caminando como un zombi –literalmente.
Se desencadenó durante esta fase un brote depresivo mayúsculo –que perdura a día de hoy- y mientras arrastraba una pierna pasé por delante de un estanco.
Había una tía de esas de Nobel que intentan colocarte historias. Entré, sudado, con las gafas de sol en la cocorota y los auriculares colgando, y le pedí un piti.

Risueña y animosa, sorprendida por la estampa del típico runner Dominguero venido abajo, me ofreció un paquete con un mechero. Le dije que qué se había creído, que yo había dejado de fumar hacía ya 3 años y medio, y que no tenía intención alguna de recaer.
Que me diera sólo un piti. Cariñosa, sacó uno de un paquete, me lo tendió con lubricidad, se lo agradecí y me fui.
A renglón seguido de la calle había una terracita.

Me senté, salió el tío y fui traslúcido:
“Mire, me acabo de lesionar de gravedad. Mi mujer no me coge el teléfono y así no puedo caminar hasta mi casa que está a tomar por culo. No llevo cartera y estoy hundido. Tenga la bondad de servirme una jarra bien grande y fría que no le pagaré”
Como si fuera una circunstancia habitual –extremo que desconozco- y sin mediar gesto de empatía ni nada, me la trajo.
Me encendí el piti (no sin arrepentirme de no haberme llevado todo el paquete de Nobel para fumármelo entero ahí mismo) y me soplé la pinta.
Mi depresión no hizo sino crecer, acompañada de un odio casi violenciadegenérico hacia mi mujer, a quien quería –no sin merecimiento- arrancar la cabeza a patadas.
Llamé 4 o 11 veces más y ni caso. Ya sólo me quedaba ir de putas o encocarme para castigarme a mí mismo, a mi mujer, a la sociedad, y a la salud que tan injustamente me habia tratado.

Al rato me levanté y seguí haciendo el pena hasta casa, dónde entré y vi que ahí estaba todo Dios ignorando las llamadas telefónicas cómo si tal cosa, circunstancia para nada deshabitual. Hubo un follón serio pero no la agredí.

Y el Domingo no pude salir. La vida tras los 40 te pega cornadas difíciles de digerir.

jueves, 17 de octubre de 2013

No me apetece dar mi IRPF a un puto extremeño

El tema de la hipotética/potencial independencia de Cataluña tiene muchos ángulos y ya se han trillado todos: desde el histórico al afectivo, pasando por el solidario, el constitucional, el racial o el económico. No entraré a ofrecer mi posición, que a nadie importa.

Sí es cierto que quiero ofrecer una óptica que en cierta manera desmenuza conceptos que normalmente vienen cogidos de la mano. En definitiva, y bajo una simplista interpretación, hay un hecho claro: unos ciudadanos aportan mucho más que otros, y esos otros, parecen cómodos con la situación. Además, lejos de mostrar agradecimiento consideran esto un derecho adquirido y presentan políticas de gasto público ofensivas para los que contribuyen.

Madrid, Baleares y Catalunya esencialmente, contribuyen extraordinariamente al bote. Los receptores netos –todo el resto- consideran el subsidio y la limosna algo que merecen. Curiosamente –o no-, Madrid y Baleares no se rebelan contra este hecho, y antes de intentar re-edificar un país donde la mayoría no dé por hecho vivir del subsidio, prefieren tomar el bando de ‘los receptores netos’.

Similarmente, y por motivos histórico-idiosincráticos, la España del terruño ha mostrado cuando menos indiferencia y a menudo gratitud para con los aportadores netos excepto para con Cataluña. Este es un tema no-menor, pues el principio de solidaridad –deseable sin duda- debe hallar reciprocidad en términos de afectividad. No estaré inclinado a dar pasta para salir a mi hija si me insulta y me maltrata, no me apetecerá darle la VISA a mi señora si se acuesta con otro, y no me apetece dar mi IRPF a un puto extremeño que ofende mi moderada inteligencia semana sí semana no.

Probablemente la clave del asunto, al menos para mí, yazca en la pésima gestión de la afectividad, el agradecimiento y la dignidad que España ha demostrado para con Catalunya. De haber mediado algo de inteligencia (algún día tendrá que debutar España en ese terreno) ni habrían insultado ni exprimido de tan mala manera a Catalunya, Baleares y Madrid.

Que luego estos últimos hayan usado la legítima queja catalana para intentar pisotearles ha sido un error de calado, y que los limosneados se rían de los que andamos asfixiados con tipos de IRPF confiscatorios con columpiadas de gasto público y tributación grotescas no está ayudando. Entiendo el tema ya, más que cómo un tema económico o racial, cómo un tema de honor. Yo no quiero, nunca, dar un puto clavo a quien me insulta, ultraja, y abusa de mí.

Me da ya igual ganar o perder pasta con la escisión, lo que me mortifica es ser un cornudo y pagar la cama.

miércoles, 16 de octubre de 2013

El embrujo de la raya

Los cocainómanos, que me consta que son legión en este blog, conocen bien el tema.
Pero me refería a otra cosa: al aliviante, balsámico y rejuvenecedor efecto sobre la psique humana del primer gran rayote en la pantalla del móvil.

Porqué cuando comparamos móviles miramos los núcleos, que si Exynos o Snapdragon, que si RAMs y megapíseles, cederrón o no, pero lo que realmente te da un bienestar acojonante es meterle finalmente la gran rayada que hace que te olvides de una puta vez de tratarlo como si fuera de azúcar.

La grandiosa y liberadora puta rayada de cojones, ese instante iniciático dónde el móvil pasa de niña a mujer y nuestra relación madura: pasa de ser un interminable reguero de agasajos, de caricias, de protectores de pantalla y fundas coloristas a una descarnada relación sexual dónde no hay espacio para las velas y el Möet: el móvil es así utilizado como un objeto por el dueño, lo que no es sino la forma más sincera y carnal de amor.

Lo llevas a la playa, lo tiras desde 2 metros a la toalla, lo dropas despreciativamente en las mesas de los bares, lo mueles a palos, y, finalmente, entiendes que el amor verdadero nace de la aceptación de los déficits de los demás. Toleras que la pantalla SuperAMOLED HD 1080 quede diluida bajo una macro-roncha de cerumen, sebo, y mierda genérica, y ni te preocupan las bolas de mocos que tu hijo de 2 años estampa sobre el cristal mientras juega con esos programas de hostiar gatos y tal. Un móvil de última generación tratado como puta por rastrojo; placer.
Cuando superas el trauma inicial, no puedes sino quererlo más que antes.

Y ese trauma inicial no es una experiencia fácil de digerir. Un atronador redoble de tambores marca los prolegómenos de una retahíla de blasfemias extraordinaria tras establecer por primera vez contacto visual con la grotesca rayada. No queda figura del santoral exenta de recibir fecales afrentas, y si el rayador ha sido un tercero, no cabe descartar la agresión física. Es casi como si te dijeran que has perdido un ojo, un evento dramatiquísimo.

Pero tras el shock inicial, lentamente (los humanos como los perros nos terminamos acostumbrando a todo), empezamos a ser capaces de perdonar la traición. Cada cual lo madura a su manera; yo personalmente suelo interpretar las rayadas como una venganza del teléfono hacia mí por haber hecho algo malo.
Pero termino perdonando. Y él a mí.

Y es entonces cuando la fase más fructífera de nuestra relación empieza: los vuelos rasos, los aterrizajes sonoros, el pasarlo a la gente vía aérea, y el desprenderse del corsé de la sobre-protección: que se joda. Además, con la excusa del rayote, podemos empezar a conspirar en pos del próximo terminal, que es en definitiva lo que más nos gusta y lo que abruptamente terminó el día que estúpidamente adquirimos el último terminal.

Liberados y con la mirada puesta en el futuro, convivimos con la raya felices como Sinatra, sonrientes como Maradona.
Hagámoslo, rayémoslos tan sólo sacarlos de la caja, liberémonos para siempre de la esclavitud a la que nos someten.

martes, 15 de octubre de 2013

Ver cosas que otros no ven o no ver cosas que otros ven

Habrán advertido que las feas, sobre todo las que además son gordas, tienen una actitud muy negativa.
Malhumoradas, displicentes, arrogantes, secas, cortantes, amargadas.

Trazo el siguiente fluir causa-efecto: Entiendo que al ser feas no consuman el apareamiento con la frecuencia preceptiva, a resultas de lo cual se les agria el ánimo, lo que redunda en una actitud culébrica que genera un mayor rechazo, lo que se transforma en un notable incremento de la improbabilidad de cópula, lo que nos lleva al inicio del enunciado de manera buclear.

Simpatizo con ellas; entiendo que ser fea es un contratiempo relevante, que la cópula es una actividad edificante, y que la ausencia de la misma es todo menos vigorizante. Ahora bien: con esas actitudes mourinhescas, dónde la culpa es del mundo y me cago en él, poco lograrán revertir ese bucle masturbatorio y solitario del que son presas.

Una chica feílla, fea o feúza, si tiene gancho, simpatía, humanidad, humor, talante y tal, puede terminar resultando incluso atractiva. Sí, leen bien. Yo mismo, antes de la embolia, llegué a experimentar cierta atracción -llegando incluso a mediar falta grave o delito-, con féminas poco dotadas físicamente. Hay veces que si te abduce una personalidad agradable, puedes llegar a ver cosas que otros no ven o no ver cosas que otros ven, qué más da. La taja ayuda, claro está, pero el embrujo, la magia, y el talante, pueden ayudar a crear y transformar ocasiones de gol que con una actitud huraña jamás llegarían a materializarse.

Es por ello, gordas agrias amargadas, que os aconsejo, desde el guardiolismo más constructivo, que abandonéis esas miradas condescendientes y esos remarks zorriles a todas horas e intentéis trabajar en pos de los tres puntos de manera constructiva.

¿O preferís vestir a JJ Santos?

jueves, 3 de octubre de 2013

Tengo un perro y un blog

Soy particularmente hostil a la publicidad subliminal, las triquiñuelas del marketing, el olor a croissant artificial de las panaderías y la música taquicárdica de los Zaras.
Me ofende que me intenten manipular sub-conscientemente; soy tremendamente consciente del intento y me solivianta.

En ese sentido debo denunciar el ya manido, cansino y pueril intento de las series de TV de ir sacando opening titles y títulos de crédito hasta el minuto 15 (de 42). Creen que así uno que llegue tarde se enganchará igualmente, dando pie así a esa errónea e inconsciente asociación de ideas que traza opening titles a los dos primeros minutos del episodio. Paradigma de ese lamentable intento son series cómo ‘Sons of Anarchy’, dónde van saliendo nombrecitos a pie de pantalla hasta medio episodio.

No es la única afrenta, pero sí la más prominente. Igualmente relevante es el vacuo, inútil, ofensivo e irritantísimo esfuerzo de Raül Llimós (aka ‘Llasti’) en hacer colar cómo ‘Titulares del día’ (con esa músiquita de fondo así estresante) un amalgama de futilidades hasta más allá del minuto 18 de su programa ‘Primer Toc’ de RAC1. Esa música cree él que remite a la urgencia de los titulares para atrapar a la audiencia pero yo lo veo diferente.

Similar fórmula aplica Basté, por las mañanas creo que alrededor de las 8. Tiene cómo un ritmo de batera muy sincopado, con algunos contratiempos y un tempo muy vivo, sin música, que martillea durante unos 15 minutos cada día. No sé de qué sección se trata pero sí sé que el inconsciente lo procesa como headline news.

A todo esto: hoy en CatRadio a las 08:30 y en riguroso directo: entrevista –asumo que de 1 o 2h- con Herrera, el violinista pajolero de IC-EV; a eso de las 09:00 en RAC1, entrevista con Bótox-Camacho.
Cada vez que pongo la radio por la mañana hay tertulia política o entrevista con un mediocre-arribista político. ¿No hay más dónde elegir? ¿Una mujer que ayude a discapacitados, un tío de Llavaneres que haya subido un ochomil, un empresariete que a pesar de perder dinero se niega a despedir a sus 8 empleados (ya amigos), o algún tío de 23 tacos de la UAB que ha descubierto una célula que tal? ¿Realmente no hay NADIE interesante a quien poner delante del micro?

Me ofrezco a sentarme delante del micro y durante 1 hora contar a la millonaria audiencia que tengo un blog, un perro, que trabajo de burócrata, que antes jugaba a golf pero me hice pupa, que los fines de semana hago esto, y que en la Liga Escolar durante los 80 gané el pichichi dos años seguidos.
Nítidamente más interesante que lo otro.


Les dejo, adiós.

miércoles, 2 de octubre de 2013

F*R*E*A*K

Ya sé que cada loco con su hacha y  que cada cual tiene sus cosas. Hoy me apetece contarles una mía.
Hoy quiero detallarles cuanto ha mejorado mi día a día, hora a hora, tener un reloj inteligente.
Seguramente no les interesen ni los relojes ni la tecnología, pero echar un vistazo a esto quizá les haga pensar un poco. Son 40 segundos de explicación.

Amén de ver la hora, cuando miro la pantalla (sin apretar ningún botón ni navegar ningún intrincado menú) veo:
-Hora, día y mes. Como todo el mundo
-Llamadas perdidas

-Nivel de bateria DEL MOVIL
-SMSs recibidos
-Las próximas 3 citas de mi calendario (podría poner hasta 12).
-Último mensaje recibido (email, Whatsapp, SMS CUALQUIER TIPO DE MENSAJE). No un aviso, sino EL MENSAJE.
-Ubicación real, temperatura actual, humedad relativa, salida de sol, puesta de sol.


Todo esto para mí es importante. Para otros no, y para ello la pantalla principal del reloj es plenamente configurable. Como si te metes una foto del gato.


Además de esto, que no es poco, cada mensaje o llamada me aparece en la pantalla del reloj, ENTERO, durante un tiempo limitado. Puedo coger llamadas, poner el teléfono en altavoz y tener una conversación sin sacar el teléfono del bolsillo o del soporte del coche.
Uséase: que además de lo obvio de las ventajas que detallo, dilato la vida de la batería en porcentajes enormes al no tener que estar sacando el móvil del bolsillo, desbloqueando la pantalla, y mirando la notificación cada vez (ay, esos grupos de Whatsapp…).

No me lo quito nunca. Me ducho con él, me baño con él, no me separo de él. Friego platos, riego, buceo, todo. Además cuando me ducho también lo enjabono con lo cual no se acumula sarro de sudor en las juntas de la correa. Perfumadito incluso al aloe vera.

Hay además otras ventajas absolutamente avasalladoras: cuando estoy en posesión del teléfono está siempre en silencio sepulcral y me manda los mensajes que yo quiera (plenamente configurable) al peluco. Si me separo de él recupera los volúmenes y ajustes de vibración. Así no molesto a los demás con mis piticlines si estoy cerca del teléfono.

Además, y esto es notabilísimo, muchos de nosotros tenemos códigos de desbloqueo de pantalla, contraseñas o patrones de esos para que si perdemos el móvil no nos la líen (a menudo impuestos por al administrador del servidor Exchange corporativo). Pues bien: cuando el teléfono obra en mi poder, el reloj anula la necesidad de entrar código de desbloqueo. Si me lo dejo en el bar y me alejo 20 metros, se activa automáticamente. Para mí no tiene código, para un ladrón o intruso sí.

Ni les aburro con el display de datos en tiempo real con el Runkeeper, que puedo avanzar o retrasar las canciones del reproductor de música, ni los cronómetros o las alarmas.

Todo esto parecen tonterías, claro. Acostúmbrense a ello una semana y ya me contarán ustedes cómo se las apañan luego sin ello. Palabra.