jueves, 17 de octubre de 2013

No me apetece dar mi IRPF a un puto extremeño

El tema de la hipotética/potencial independencia de Cataluña tiene muchos ángulos y ya se han trillado todos: desde el histórico al afectivo, pasando por el solidario, el constitucional, el racial o el económico. No entraré a ofrecer mi posición, que a nadie importa.

Sí es cierto que quiero ofrecer una óptica que en cierta manera desmenuza conceptos que normalmente vienen cogidos de la mano. En definitiva, y bajo una simplista interpretación, hay un hecho claro: unos ciudadanos aportan mucho más que otros, y esos otros, parecen cómodos con la situación. Además, lejos de mostrar agradecimiento consideran esto un derecho adquirido y presentan políticas de gasto público ofensivas para los que contribuyen.

Madrid, Baleares y Catalunya esencialmente, contribuyen extraordinariamente al bote. Los receptores netos –todo el resto- consideran el subsidio y la limosna algo que merecen. Curiosamente –o no-, Madrid y Baleares no se rebelan contra este hecho, y antes de intentar re-edificar un país donde la mayoría no dé por hecho vivir del subsidio, prefieren tomar el bando de ‘los receptores netos’.

Similarmente, y por motivos histórico-idiosincráticos, la España del terruño ha mostrado cuando menos indiferencia y a menudo gratitud para con los aportadores netos excepto para con Cataluña. Este es un tema no-menor, pues el principio de solidaridad –deseable sin duda- debe hallar reciprocidad en términos de afectividad. No estaré inclinado a dar pasta para salir a mi hija si me insulta y me maltrata, no me apetecerá darle la VISA a mi señora si se acuesta con otro, y no me apetece dar mi IRPF a un puto extremeño que ofende mi moderada inteligencia semana sí semana no.

Probablemente la clave del asunto, al menos para mí, yazca en la pésima gestión de la afectividad, el agradecimiento y la dignidad que España ha demostrado para con Catalunya. De haber mediado algo de inteligencia (algún día tendrá que debutar España en ese terreno) ni habrían insultado ni exprimido de tan mala manera a Catalunya, Baleares y Madrid.

Que luego estos últimos hayan usado la legítima queja catalana para intentar pisotearles ha sido un error de calado, y que los limosneados se rían de los que andamos asfixiados con tipos de IRPF confiscatorios con columpiadas de gasto público y tributación grotescas no está ayudando. Entiendo el tema ya, más que cómo un tema económico o racial, cómo un tema de honor. Yo no quiero, nunca, dar un puto clavo a quien me insulta, ultraja, y abusa de mí.

Me da ya igual ganar o perder pasta con la escisión, lo que me mortifica es ser un cornudo y pagar la cama.

5 comentarios:

AxL dijo...

Molt bé i d'acord.

Però: "No entraré a ofrecer mi posición, que a nadie importa." Quan fa 7 o 8 anys que opines de tot, doncs tal ;)

Ara sortirà algun mesetari en els comentaris dient que els catalans som antipàtics, no ens fem estimar, o algo així, clar.

Anónimo dijo...

Exáctamente! Deixem de pagar els rebujitos!


Firmante por Dios.

Anónimo dijo...

Si només fos això...

Perquè la realitat és que a més ens diuen lladres, que ens ho gastem tot en ambaixades i TV3, i que som uns nazis pel tema de la llengua.

La única solució és marxar.

A ells també els anirà molt bé a mig i llarg termini.

Rai

Anónimo dijo...

Tú te callas, insolidario. Lo dice la Constitución y punto. A pagar y a callar.

Semen-up dijo...

No m'ha agradat gens lo del "puto extremeño". I això que ni soc d'allà, ni hi tinc família, ni res que s'hi assembli. I pel que fa a amics o coneguts extremenyos no sé si en tinc 'un o ningún'... però no està bé, Forseps.
Però és igual, deixem-ho i fem "canvio de tercio": si en lloc d'un "puto extremenyo" fos un "putón extremenyo" què li donaries? Doncs jo li donaria el IRPF i tot el que em demanés...