lunes, 26 de mayo de 2014

Explotó el mechero

Lo de Lisboa el Sábado asciende a la categoría de incalificable.
Eso no fue nadar para morir en la orilla; eso fue llegar a la orilla, beber agua, ir a encenderse un pitillo, que te explote el mechero y te mate.
Eso fue como enterrar un hijo de dos años o ver cómo violan a tu madre. Lo del Sábado en Lisboa fue, ante todo, algo que jamás nadie debería haber visto ni mucho menos haber sucedido.

No entraré en términos de justicia: el madrid -aun jugando mal- mereció ganar y jugó más. Pero lo que no puede ser es que el encuentro terminara cómo terminó; eso no puede suceder en el ‘93.
No puede. Si ese es el destino, que empaten en el '77 y rematen en '88 i '92. Pero lo del otro día, simplemente, si existe un Dios, no puede suceder tal y cómo sucedió.
Desde Setiembre esos pobres Atléticos peleándose con todos, con gente de mucho cartel, dándolo todo, y luego en el ‘93, zas.

No en el '93, simplemente no puede suceder. Si existiese un 'algo' que defiendese la justícia y el proceder, ese gol no se hubiera producido en el '93.
El Sábado se me rompió Dios.

martes, 13 de mayo de 2014

Ante la duda, talonario

Somos como somos y tenemos nuestras sensibilidades.
Reconozco que soy una persona un tanto diferente y recordable, en especial por lo fuerte de mis creencias sobre lo irrelevante, por envainármela casi todo, y por una sensibilidad algo desencajada.
Hay cosas a las que soy muy sensible y otras a las que no.

Cómo tara de mi tiempos pretéritos soy muy sensible a los bombos (bass drums) TAMA y SONOR que tienen una reverberación muy seca y concreta que me placerea mucho, detesto los harmónicos de los platos (en especial Hi-Hats) Zildjian, y normalmente necesito la música muy alta. Piensen en un nivel inadmisible, pues el doble, que me vibren los pedales del coche.
En comida, siempre cantidad sobre calidad. Cuando mis amigos ponen a parir tal parrillada, yo sólo quiero que traigan más. Y si está buena mejor, pero priorizo mucho las cantidades. Igual con la bebida: me lo calzo todo siempre y cuando haya más en camino.

Jugué a tenis muchos años y terminé resultando sensible a las raquetas, decantándome casi siempre por Wilsons muy destensadas (además aguantaban las hostias resultantes de mis mcenróicos cabreos mucho mejor que las demás). Jaueber, también esquié durante muchos años y jamás logré distinguir unos esquíes de alquiler de unos de €1,000, y en fútbol por ejemplo, todas las botas me iban igual de bien o mal.

Ahora, sumido en una de-todo-menos-leve depresión, y tras cargarme un palo vital, me he obsesionado con comprarme nuevos palos de golf. Y me enfrento de nuevo al reto de la insensibilidad, o visto de otra manera, no tengo ni puta idea.
La encrucijada no es menor: si me compro unos baratos que me van mal (todos me van mal) tiraré el dinero, pero si me compro unos caros que me van mal (todos me van mal), tiraré más dinero. Cómo todos me van mal no tiene sentido comprar unos caros, pero ¿y si unos buenos me fueran bien? O peor aún: ¿y si unos MALOS me fueran bien?
-'Pues pruébalos' –dicen algunos conocidos y expertos- 'vete a un Shot Tracker y mira cuales te van bien'.

HAH!, “cuales me van bien”.
Ningunos me van bien, pero he probado pocos. Probé unos que son la polla y valen más de lo que quiero gastar y me fueron fatal. Tal día a tal hora. El día antes o después me hubieran quizá ido de puta madre porqué como no tengo ni puta idea, todo depende del momento. Como con los esquíes.
Y así estoy. Este fin de semana haré un intensivo de probar palos, tras lo cual seguiré sin saber qué hacer, pero al menos ya podré contar a los amigos que los probé todos y así podré dormir tranquilo de una puta vez y comprarme, con arreglo al sentido común y el criterio de la mayoría, aquellos excesivamente caros con colores bonitos y logos cromados.

Ante la duda, talonario.

Y si además me van bien –Dios no lo quiera- jugada redonda.

lunes, 5 de mayo de 2014

SÍ AL RACISMO

Un buen amigo, Escocés, pasó las navidades en casa, y no sé a colación de qué salió el tema de la discriminación a los suramericanos en España y tal.
Y el padre:
-But….they’re the same, no?
Y mi amigo:
-No dad, South-Americans are somewhat different.
-What the fuck, they’re the same –espetaba el padre, desconocedor de la supremacía racial española, de todos conocida.
Viene esto a colación de que en un campo escocés no quedaría tan raro cómo en Villareal tirar un plátano a un blanco, pues en sus ojos, somos monos o parecido.

¿Y qué cojones pasa con los monos? A ver si algún día va a salir una protectora de animales o un mono mismamente a preguntarnos qué hostias tenemos contra los monos. Son bichos inteligentísimos (más que la mayoría de futbolistas, negros o blancos) y comen de todo. Es como si a un Mallorquín se le cuelga el sanbenito de la sobrasada y, en nuestra colosal incultura, vamos a creer que los mallorquines, TODOS, SÓLO comen sobrasada. Un poco de rigor.

Entonces si el tío ese de Villareal le hubiera lanzado una naranja a Alves, ¿todo bien? ¿Y un plátano a Alba? Es blanco pero parece más bien justito… ¿Quién coño escribe el reglamento de esta nueva ciencia de la interpretación de lanzamiento de cosas?
Y si soy electricista, estoy en la obra pelando cables, corto y tiro por ahí un cable de cobre y va a parar cerca de un rumano, ¿soy un puto racista?
¿No nos cabe en la cabeza que la mujer del manso de Villareal le hizo, en un detalle que la honra, un bocata, añadió un plátano en la fiambrera, y el pobre hombre en una combustión colérica lo lanzó al primero del Barça que pasaba?

En esto del fútbol nuestro equipo casi siempre va justo, y hay que arrimar el hombro, ya sea apelando a atributos tan brochagórdicos cómo la raza, lo puta que es la mujer del uno, los bien que la chupa la hermana del otro, echando en cara descensos, o riéndose del bigote del entrenador de turno. Todo vale, y cómo todo vale, todo vale, ¿entienden?
Porqué mientras sea tolerable que un entrenador contrastado de 50 años meta el dedo en el ojo a otro, mientras un futbolista que cobra €8M netos siga fingiendo codazos cuando ni le tocaron, mientras haya jugadores que perpetran acciones excesivamente violentas incluso para con el amante de su mujer, mientras se escupan, agarren de los huevos, vejen, humillen, mientan, o intenten engañar al árbitro, les aseguro que EL MENORÍSIMO de nuestros problemas son los plátanos o los gritos racistas o vejatorios.

En el circo del deshonor, de la vileza, de la total y absoluta ausencia de compañerismo, de principios, y de absolutamente TODO VALOR EDIFICANTE, que un tío tire un plátano o que cuatro beodos griten ‘uh-uh-uh’ es virtualmente risible y habla con claridad de la altura moral de todos: los que juegan, los que van al campo, los que van al Twitter, y los que escriben columnas o realizan tertulias nocturnas.


Ojalá todos los futbolistas fueran monos, cómo echo de menos un poco de dignidad sobre el césped!