jueves, 18 de diciembre de 2014

Discurso de Navidad de Susan El Generalísimo

En estricta adhesión al pragmato-creacionismo, el año ha sido bueno.
Casi todos tenemos un aceptable nivel de salud, mayormente retenemos nuestros empleos, y a pesar de los pesares, de las contracturas, de los gripazos, de los achaques, de los esguinces, y de los visos de obesidad mórbida, cabe dar el año fiscal y calendárico por bueno.

En el solar estrictamente personal, mi mujer sigue soportándome relativamente (gracias probablemente a no hablarme o a mi turgente liquidez) y mi hija crece cómo una Diosa. No hay mejor tarjeta de presentación para tener un segundo hijo que mi primero, a pesar de lo cual que les den por saco a los niños. Enough is enough que decía Sinatra.

Centrémonos en lo importante: a pesar de dos baches realmente severos y algunas fases de muy profundo serra-ferrerismo, el año me ha consolidado alrededor del 10 sobre par, que es el punto de apoyo sobre el que atacar objetivos más altos. Estamos tocando más greens, ganando consistencia en el swing, y cómo se observa en el siguiente infográfico, vamos intentando dejar atrás los lagos. También valorar positivamente que este año sólo me he cargado dos palos golpeándolos violentamente contra algo a resultas de mis cabreos, uno menos que el año pasado y dos menos que en 2012.


En lo deportivo, cómo en lo político: en manos de chusma, sin salida plausible, y sin unidad para derrocar el establishment, sea en Moncloa, Zarzuela, Plaça Sant Jaume o Palco del Camp Nou. Si no nos ponemos de acuerdo y violentos no vamos a solucionar nada.

Pues nada: a seguir cómo siempre, que mejorar, esto no va a mejorar.
Sobre todo salud, hamichs.
Cordial tapa del delco,


GF

miércoles, 3 de diciembre de 2014

TODOS SOMOS SEGURATAS DOMINICANOS

Otro día, también en el resort dominicano, ocurrió algo bastante interesante y que demuestra que hay gente brillante aún.
Pocos pero algunos. El follonero es uno de ellos.

La noche esa de la taja en la playa (ver post anterior), uno de la comitiva catalana perdió las gafas. Dado el estado general, se dio cuenta al día siguiente y cada segurata que veíamos era interpelado alrededor del tema de si había encontrado las gafas. Todos que no hasta que uno que sí. Albrícias.

El que las había perdido las agarró, dio las gracias 12 veces al segurata, y se largó. El salvador esperaba algo de virolla, y aun con un gesto torcido, siguió con su ronda.
Le señalamos al de las gafas que era preceptivo y buenacostúmbrico untar un poco al dominicano. Aún con un gesto desaprobatorio, accedió al untaje en cuanto le volviera a ver.

Efeméride que se produjo por la noche, a eso de la una, cerca –extrañamente- de una barra. Fue ahí el dominicano uniformado y el otro le soltó un tanto, un fajillo, ni idea de cuánto, digamos que 10.
Y es ahí donde otro del grupo, el follonero, brillante él, vió la luz: en cuanto se alejó el segurata fue tras él y le ofreció 30 por hacerse el encontradizo con el de las gafas –de nuevo.
Y así fue: empezó el segurata a rodear al de las gafas así a lo tonto, con las manos en los bolsillos, y Gafas que se iba incomodando.
Sale el follonero y le susurra al oído a Gafas: “No le has dado suficiente; hasta que no pagues más no te va a soltar”.
Y Gafas que se iba incomodando, Prosegur que iba pivotando sobre el área, y nosotros desovados.

Al tiempo va Gafas y le suelta un segundo fajo, ante lo cual Prosegur se acerca con sigilo al follonero para dar por concluido el operativo, ante lo cual Follonero le da 50 para que le atosigue 10 minutos más, evento que se materializa; Gafas realmente angustiado, el segurata dándole conversación con gran determinación y trazando envolventes, y nosotros literalmente llorando.
Hasta una tercera vez se repitió el ritual, y créanme que eso fue algo muy remarcable.

Si uno fuera realmente bueno escribiendo, seguro que hubiera podido hacer llegar esta historia de la manera que merece, porqué fue un momento pivotal de mi existencia; creo que no he terminado de saber transmitir/reconstruir la jugada pero espero que al menos se haya entendido.

En cualquier caso, más allá de la comicidad intrínseca, la anécdota del otro día y la de hoy reflejan la espumosa relación entre necesidad y opulencia (todos somos opulentos en repúblicas bananeras). La pasta, y cuan más necesitado este uno más pirotécnicamente se manifiesta, es un poderoso manipulador de conductas y, en resumen, lo compra TODO.

Sin darnos cuenta nosotros mismos, cada día, en mil cosas, somos cómo esos pobres seguratas del resort dominicano. Hacemos, deshacemos, planificamos y arriesgamos en virtud de la recompensa del sistema, un sistema que –si pudierais verlo desde fuera cómo yo- os revolvería el estómago por su perversión.


Cordial abrazo.

lunes, 1 de diciembre de 2014

TODOS TENEMOS UN PRECIO

Escribo esto antes de que se me olvide el tema, ya que sea por pereza, por desidia o por estar criando un toro de lidia, llevo días sin escribir y hay cosas que merecen la pena ser contadas.
La de hoy, “TODOS TENEMOS UN PRECIO”, cómo indica el título.

En Agosto, varios trolls fuimos a un sarao a la república dominicana (con minúsculas). Nos alojamos en un resort de esos de pulserita con playa, buffet y tal.

La primera noche salimos a fondo (de putas cómo ya habrá inferido el hábil lector) y regresamos al resort con sendas tajas piramidales y una hambruna canina. A pesar de la vigente prohibición de bañarse hasta las 8am, nos zambullimos en la piscina a la española originando gran estruendo y mortificando a los que dormían. Raudos acudieron  tres tíos de seguridad. Les hincamos un fajote de pesos o no-sé-qué mierda de divisa tienen ahí, y les dijimos que otros tantos estaban en camino si nos traían de zampar. A los 20 minutos salían los 3 negritos con bandejas de jamón, paté, croissanes resecos y tal.
Wòndaful.

La noche siguiente nos quedamos tajándonos en el resort, en lo que llaman ‘discoteca’, y tres minutos antes de que cerraran fuimos desfilando los 6 u 8 que éramos por la barra a pedir 6 copas cada uno. Hicimos acopio de víveres, bajamos a la playa (que de hecho estaba ahí mismo), y nos pulimos las 40 copas desnudos en el mar Caribe, no sin zidanes ni pavores ya que hay algas cómo trolebuses.

No de lid sorprendente, nos entró el apetito a eso de las 4 o las 5. Empezamos a chillar cómo locazas y vinieron los negritos. Sacamos el fajo y les EXIGIMOS comida. Se alejaron sólo para regresar a los 10 minutos: al parecer alguien había cerrado la cocina con candado tras el abuso de la noche anterior. Les cayó la del pulpo a los negritos.

A la tercera noche, volvimos a ir de p…copas, y al regresar ahí andaban los 3 negritos del Prosegur dominicano con un despliegue de bandejas que hubiera dejado helado al mismísimo Julio César Augusto. El sistema, las ofertas y demandas de Marshall, en un nuevo despliegue amatorio, se habían rápidamente equilibrado. Chupáos esa nacional-tietistas o sociatas del caviar… chusma, que sois chusma.


Lo dicho, poderoso caballero es Don Dinero.