martes, 30 de septiembre de 2014

El día que lo cambia todo

En mi mente la vida tiene dos partes claras: hasta los 40 y después. Cuando digo 40 digo tal, cada cual sabrá en su caso.
Esa línea divisoria viene marcada por la obsolescencia del alma, o más comúnmente, por el hecho de casarse, tener hijos, o lo que sea.
Cuando Julio Iglesias decía “de niña a mujer”, se refería a otra cosa pero si yo digo “de niño a hombre” ya nos entendemos mejor; las niñas se tornan mujeres a los trece y nosotros los hombres a los cuarenta-y-tantos (Dios mediante).

Decía pues que yo he cruzado ya la línea y me veo obligado a reflexionar sobre hechos objetivables. El titular sería que casi todo lo bueno sucede en la primera parte de la vida, y casi todo lo malo Y LO PEOR en la segunda.
Veamos en detalle:

1st half:
-Infancia. Cero preocupaciones a no ser que seas gordo o gafotas.
-Fútbol por un tubo, rodilleras en los pantalones.
-Primeras pajas, tajas, tetas y petas. Gloria.
-Fumas medio paquete, juegas un partido de fútbol, lo haces bien y metes 3, te fumas otro paquete, te tomas 2 Xibecas, te duchas y sales cómo si nada.
-18 tacos: carro. Universidad: fiestas.
-Novias, amigos, tajas, esquiadas y cafradas financed by Papi Investments.
-Trabajo: pasta por un tubo, más fiestas, los más viciosos por la napia.
PI-PI-PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII   --Half time--

2nd half:
-Digamos que te casas. En principio bien pero ojito.
-Pones las primeras lavadoras y friegas el primer puto plato.
-El curro ya empieza a crujirte.
-Hijos, que tienen cosas buenas pero también malas.
-Si te sale medio sub-regular, divorcio al canto. Paperassa, abogados, los niños amunt i avall, tedioso.
-Te vas deteriorando físicamente. Para correr 5 Kms en menos de 30 minutos necesitas ir en bajada o coger un taxi.
-Si te sigues liando terminas metido a putero o, peor aún, a farlopero gordo aceitoso en el Trauma.
-O la gran pesadilla, que en la puerta del Luz de Gas los seguratas nos paren y llamen a la poli diciendo que hay un anciano, probablemente enfermo de Alzheimer, desorientado en la puerta del club.
-Las hijas que se empiezan a vestir como putas y a costarte un riñón.
-Tus padres envejecen ya demasiadísimo
-Y palman.
-Y tú envejeces.
-Y tus hijos se van de casa y vienen los Domingos a darte palmaditas en la calva y no te hacen puto caso.
-Y tú envejeces demasiadísimo.
-Y te preguntas si aprovechaste bien ese flash en la eternidad de los días que fue tu vida.
-Y ves que no, pero que ya qué-más-da.
-Prótesis de cadera.
-Y palmas.

El segundo tiempo ofrecerá algunas jugadas de interés, pero ya las menos. Sobretodo centraremos el tema en el avance de los hijos, y en intentar frenar el avance del de la guadaña.

Qué NOS intento decir con esto? Que si las cosas van de culo, pues mucho vigor, tesón y fuerza; pero si no lo van AÚN, si no hemos enterrado a un hermano a los 20 años como hizo mi padre, o un padre a los 18 como hizo mi madre, o no tenemos niños ni gente cercana con problemas serios ni nada parecido, tenemos LA OBLIGACIÓN MORAL de dar gracias a Dios cada puto minuto de nuestra vida y no permitir que Douglas, el Constitucional, la liquidación del IVA o la Guardia Urbana nos den el día.

De verdad nos lo digo, seamos agradecidos mientras podamos, porqué una vez llega el día que lo cambia todo, cambia todo.
De manera irreversible.

Suerte ahí fuera.

jueves, 25 de septiembre de 2014

El Vigilante

Entre las ventajas y desventajas de tener hijos, hay una insuficientemente analizada, quizá por su insustancialidad.
Se trata de esa etérea y pesada carga sobre los hombros, que tras analizar en profundidad, definiría cómo el deber de asegurar su supervivencia, en el sentido más estricto.

Esta carga, aparentemente imperceptible o disuelta entre las demás muchas, ha tomado para mí un peso notorio en las últimas fechas, en especial desde que vi a un niño de tres tacos ahogarse en una piscina el otro día en un resort caribeño.
Se trata de un miedo muy vívido durante las primeras semanas de vida del descendiente, que se atenúa conforme el bicho ya tira, y que presenta un –primer- pico cuando ya corre por las calles, se baña en las piscinas, salta de un lugar a otro y habla con el primero que le viene. Del segundo pico ni hablo.

La percepción de peligro que tiene un adulto (*) desgraciadamente no viene por vía genética, y es harto difícil de adquirir. Ese ‘awareness’ al tráfico rodado, a las serpientes, a los rayos, o a ir a 180 Km/h por autopista en moto, no es algo con lo que nazcamos. Los niños, adquieren muchas cosas con la edad, comen solos, se cepillan los dientes, parecen personitas, pero carecen de este conocimiento holístico que les permite la supervivencia inmediata; a la vez, cómo que hablan y razonan, tendemos a pensar que su pensamiento y capacidad de supervivencia no presentan fisuras.

Pues eso, que no sé dónde cojones quiero ir a parar con esto, pero sí es cierto que, incluso por la noche cuando cierras las puertas y las luces de casa, o cuando metes al crio en el coche para ir a tal, o cuando les pones los manguitos o los dejas en el cole por la mañana hay, para algunos cómo yo, un estado de vigilancia incrementada, de ansiedad y RESPONSABILIDAD, que personalmente jamás había experimentado.

Antes si te matabas en coche te matabas, o si te cogía un chungo pues adiós-muy-buenas. Ahora, jaueber, percibo con claridad que he pasado de ser UN FIN a ser UN MEDIO, un soporte para que mi hija pueda bajar por el pasillo nupcial agarrada a mi brazo, y pueda emocionar a la escasa concurrencia con unas cálidas palabras el día de mi funeral.
Con el número 26, Forcepsita, sustituye el número 9, Fórceps, ya visiblemente cansado, carente de fuerzas, y con pinta de poder ofrecer poco más.
Que así sea.


(*) Adulto = más de 20 tacos en niñas y 25 en niños.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Pudo haber sido diferente....

Conforme ataco -por la zona sucia de la pista, trazando mal y coladísimo-, esta recta final de mi vida, reflexiono sobre lo que pudo ser y no fue.
Todas esas pequeñas ocasiones en las que, con determinación perruna, tomé todas las malas decisiones cómo un destornillador que siempre señala el Norte.
Pero da igual, mañana saldrá el Sport.

Uno de los puntos sobre los que con mayor intensidad he reflexionado ha sido el de la llegada del conocimiento, generalmente de manera tardía.
Si con 14 años hubiera sabido lo que sé ahora, otro triceratops hubiera cantado. Me pones ahora con un cuerpo de 18 años y un buen carterón en una discoteca y lleno un minibús.
Pero no entonces, no entonces…
¿Por qué se me privó, en su debido momento, de la sapiencia -que ahora ostento- que me hubiera convertido en un as?

Quizá se me ofreció consejo y no lo supe escuchar. Quizá mis padres o mis conocidos mayores me dieron hints que no supe escuchar. O no me los dieron porqué me rechazaban, no recuerdo.
Estoy inclinado a pensar, en cualquier caso, que hay un componente genético en el joven que le impide escuchar; una realidad cósmica no con fines morónicos sino con fines de pervivencia de la especie o algo parecido. No entiendo cómo ni por qué pero si todos, generación tras generación, nos negamos a escuchar y aprender de manera sistemática hasta que nos damos de bruces con la terca realidad en persona, algo esotérico habrá.

La mente del hombre no está preparada para procesar, no hasta los 25, momento en que el arroz empieza a pasarse. A nuestra inmadurez y necedad hay que añadir que el rival juega con blancas, con 7 caballos y 13 damas, y que nosotros no sabemos ni enrocar. Las mujeres, y lo veo con mi hija de 4 tacos, tienen una putería y una capacidad manipulativa que, en mucho, excede nuestras capacidades. Compiten, tejen, traman, conspiran, marranean, siempre con fines inconcebibles para un chaval de 15 años.

Mientras nosotros tendemos a ir a por la zebra herida y pegajosa -pues las buenas se acuestan con los guapitos-, ellas pican siempre alto; su preferencia es tirarse aquél a quien todas las demás preferirían cepillarse. Y si eligen a otro, algo habrán visto que en el largo plazo, y tras barroca triangulación, tiene algún sentido ulteriormente valioso para ellas. Complicado incluso para mí que soy quien intenta explicarlo. Su intrincación procedimental es tal que, incluso para un viejo cómo yo, es complicado de entender. Si además vienes genéticamente mongolizado cómo todo manso, pasa lo que pasa: pajas a punta pala, tajas, drogodependencia, accidentes de moto, alcoholismo y ulteriormente, desempleo y playstationismo crónico.

Es este un mundo complejo, y conforme veo la bandera a cuadros ondeando para los pilotos ante mí, en cierta manera agradezco haber abandonado estas lides –o, cuando menos, hasta que me divorcie, me líe con una del trabajo 20 años menor, empiece a encocarme y a vestir camisas hawaianas.

Lo dicho, que intentemos pasar a nuestros hijos algo que les pueda servir, cojones.