viernes, 15 de enero de 2010

Via Kreuz (V): Polski swieta

La navidad polaca consta de 3 actos, siendo la cena del 24 la más importante, y apagándose en intensidad hasta el 26. En la cena de noche buena se sirven un mínimo de 12 platos, uno por apóstol, si bien no es obligatorio zampárselos todos. Además, se prepara siempre un cubierto de más, diérese el caso de que alguien apareciere de improvisto esa noche pidiendo víveres. En noche buena nadie se queda sin comer. Nunca aparece nadie pero a nivel tradicional me parece bien bonito.

El móvil del suegro bien merecía esta foto. Buena gente de cojones, y muy barcelonistas.

Luego, antes de empezar la cena, se inicia un intercambio de hostias. Cada comensal tiene una hostia grande, luego pellizca un pedacito de la de otro comensal, le ofrece sus deseos para el año venidero, y el otro comensal hace lo propio con la hostia de uno. Se realizan así todas las combinaciones entre comensales y en general terminas sin hostia y habiéndote zampado una parte alícuota de las de los demás comensales. Yo liquidé esta parte con un redundante yet hiperbólico “All the best” y ellos manifestaron sus mejores deseos para con un servidor, asumo y espero. Como en Polonia todo el mundo es cristiano o católico –ignoro la diferencia- podéis tomar las costumbres enumeradas como de general aplicación dentro del territorio nacional polaco.

Instantánea de la tangana.

En Polonia nos albergamos en casa de una tía, hermana de la suegra, conocida por ser muy limpia. Poco sabía yo que esa descripción no era más que una pequeña reseña en comparación con la patología que witnesseé en primera persona. Tan limpia es la mujer que estábamos obligados a limpiar las patas al perro cada vez que lo sacábamos. Ahí en la escalera, al lado de la puerta, había el cubo y la toalla, y cada vez que regresábamos había que tocarse los cojones. Tres o cuatro veces al día por cuatro patas por cuatro días da la friolera de un cojón de patas limpiadas. No solo eso: cada vez que el perro bebía agua iba la tía con otra toalla a limpiarle el morro.

Esto, en sí mismo malo, no fue lo peor. Al igual que su hermana –mi suegra-, la mujer no calla jamás. Esto, que puede parecer divertido al principio, al tercer día puede afectar seriamente la estabilidad mental del huésped. Hay más: cuando ningún presente la escucha llama por teléfono a sus varias hermanas, pero la muy zorra lo hace en modo altavoz, sentándose con ocho cojones al sofá -mientras yo miro la tele- con el altavoz a toda tralla y hablando ella y quien sea a la vez y en polaco.

Esta mujer está casada con un antiguo ingeniero de la CCCP pero llevan 20 años separados. Él es alcohólico y malvive en una casa que se medio construyó hace años, pero viene religiosamente a casa a comer cada Domingo y por navidad. Conocido por beodo y frugal –rácano-, sus regalos de navidad a su mujer e hijo fueron sendos alcoholímetros baratos, esos de llavero. Donde algunos encontrarán un irónico gesto rozando el cinismo su hijo me asegura que no hay más que holgazanería, desinterés, y un subyacente problema de alcohol.

jueves, 14 de enero de 2010

Via Kreuz (IV): Damage control

Opciones:
A- Encontrar hotel y esperar a que lo reparen. Una semana quemando pasta y tonteando con una depresión de caballo, en Nürnberg jamás sale el sol.
B- Intentar regresar a Munich y pasar ahí la semana que queda. La suegra y Hawking configuran una desmotivante estampa.
C- Irse al aeropuerto y coger el primer vuelo a Barcelona: imposible pues viajamos con el perro y unos 100kg de regalos y ropa vieja para entregar a los polacos.
D- Conseguir un coche, abandonar el nuestro, e ir a Polonia peti qui peti.

Hacemos lo último. Es interesante aclarar, desde el amor que me une a Polonia, que un coche con matrícula extranjera parado y sin ocupantes no va a estar donde lo dejaste al cabo de 5 minutos. No se aparca en la acera, se suben las maletas a la habitación, se regresa al coche y se mete en el parking. No, eso no ocurre pues el coche ya no está. Si viajáis con un coche extranjero nunca paréis y mucho menos abandonéis el carro en Polonia, pues en 3 minutos no va a estar. Son cosas consustanciales a otras culturas que a veces cuesta entender. En su descargo, apuntar que raramente roban coches con matrícula polaca.

Una interesante cosita en Polonia es su forma de alertar sobre los puntos negros en las carreteras, presentando precisa contabilidad de fiambres y tullidos. Me parece interesante.

Este factor fue profusamente discutido con los cabrones de Europcar. Al final, nos montamos en un C3 o C4, regresamos a la VW, vaciamos mi coche no sin antes escupir en él, cargamos el Citroën, y nos fuimos hacia Polonia a eso de las 19:15. A las 23:48 aterrizamos en un motel de carretera cercano a Berlín tras sortear las nieblas y las temperaturas bajo cero reinantes. Tras 20 años descojonándome de los Citroën, una de sus máquinas salvó mis gónadas.
Vivan De Gaulle y la egalité.

miércoles, 13 de enero de 2010

Via Kreuz (III): Das Auto

La tarde antes de partir de Múnich hacia Polonia, estamos aparcando en el hotel y el ordenador del coche me dice STOP. Critical warning de agua de circuito. Miro, seco. Pateamos a una gasolinera a por líquido. En Alemania y el norte en general el líquido de refrigeración se mezcla con agua del grifo en una proporción que depende de las temperaturas a soportar. Lo relleno pero sigue goteando. Me quedan 10 minutos de agua. Nos vamos a un taller donde se lo miran y nos dicen que hay una pieza rota. Anochece. Nos meten líquido y nos dicen que vayamos a la VW a buscarla. GPS, llegamos, nos dicen que no la tienen. Regresamos al taller de antes, el tío la pide, y dice que la tendrá mañana a las 10:00 y que a las 12:00 estará reparado el coche. Malo, teníamos previsto partir a las 08:00, pero podremos recuperar el déficit.
Dia siguiente, 10:00 nos personamos al taller, nos la pone, y a las 12:23 iniciamos travesía hacia Polonia.

13:56: a punto de cruzar Nürnberg por su ala Este con total normalidad, bajo una leve nevada y con el ocaso cerniéndose sobre nosotros, STOP en medio del salpicadero. Cuneta, warnings, miro, seco de agua. El mecánico erró el dictamen, era otra cosa. Desde la cuneta, siendo peinados por trailers a 140 Km/h, llamamos al mecánico de antes -el del ojo clínico- que nos dice que vayamos al centro de Nürnberg, strasse tal. Sequísimos llegamos. Nos dicen que hoy tienen mucho trabajo, no se lo podrán mirar en menos de dos horas, lo sienten. Empieza a anochecer como siempre a eso de las tres y pico.

Mi señora, tras una hora y pico de pie en el frio, insiste en que el meister se mire el coche y el hijo de nazis accede en plan perdonavidas. Tiene jodido algo grande. Id a la VW a ver si os lo pueden reparar, cierran a las 17:00, son las 16:40. Nos meten líquido, GPS, llegamos. Tras media hora encontramos a un tio que se lo va a mirar –va encorbatado, luego pierdo la fe-, se lo mira y no se aclara. Llama a otro y luego a otro que dictamina que tiene jodido algo grande. Ese coche de aquí no se mueve y la reparación va a salir por un pico. No solo eso: hoy es 23 de Diciembre, el 24 no se trabaja, 25 navidad, luego finde, va para largo. Nadie tiene esa pieza y en ningún caso el coche estaría listo antes del miércoles que viene (eso es una semana a contar desde el momento).

Noche cerrada, bajo cero, sin coche ni sitio donde caer muertos, cierran la VW, el perro anda confuso, nos derrumbamos. Pondero llamar al Cónsul catalán y solicitarle inmunidad diplomática, asilo político, plato de lentejas y un pin de la Moreneta. Desisto y me pongo en manos de Alá.

martes, 12 de enero de 2010

Via Kreuz (II): Über alles

Los que me sigan desde hace tiempo, millones sin duda, posiblemente conozcan ya que los episodios de ‘El mundo es un mochuelo’ intentan centrar la atención en aspectos concretos, etéreos, anecdóticos y, por qué no decirlo, absurdos y de nulo valor añadido que escribo para mí mismo más que para entretener a la selecta audiencia. Antes hacía diarios de viaje con todo lujo de detalles innecesarios pero tras otoñar intelectual y físicamente sólo me quedan estos posts holísticos para intentar capturar mis fimosis durante estos viajes astrales.

A lo que iba: yendo por donde vayas en Alemania o mires el canal que mires siempre terminas yendo a parar a algo relacionado con el holocausto y tal. Es que no falla. Si es un museo de boinas siempre terminarás viendo una foto de Hitler y la fábrica de boinas bombardeada en el ’41, si es reportaje de SAT 1 sobre bujías, siempre te dirán que el recubrimiento de uralita ya lo inventó un judío que murió en Dachau.

El permanente recordatorio sólo puede ser debido a una cosa: a que los alemanes son más nazis hoy que en el 39. Si no hubiera nazismo en la sociedad no haría tanta falta ir recordando cosas por lo demás sabidas, obsoletas y pretéritas. Sí, son nazis, y siempre lo serán. Y al hilo, no nos avergüence reconocer que Mengele tenía razón. Las norte-europeas sí son superiores y sí deberíamos parir a todas las hembras asín. Y ahora no estoy pensando precisamente en las alemanas, de fémur largo, generosidad périca y azulidad ocular pero a la vez lastradas por un ancho de hombros viril y un grosor óseo osezno. Pero sí es cierto en definitiva, que dejando a un lado las prácticas discutibles del eminente doctor, hay que reconocerle al tarado de Joseph un proyecto ambicioso, y como diría Laporta, ilusionante.

lunes, 11 de enero de 2010

Via Kreuz (I): Das parälittichen

El periplo hasta Polonia pasando por Múnich podía ser realizado en coche solamente, pues llevábamos amén del perro más o menos la mitad de mi armario ropero para regalar y un sinfín de turrones, champanes y ofrendas para nuestros consanguíneos polacos, gente que generalmente vive de forma frugal y con sueldos modestos, mientras las teles y los bienes de consumo cuestan más caros que aquí.


Tras sortear las galias y ganar el mundial de clubes, nos plantamos en Múnich para rendir inmerecido homenaje a mi suegra y su novio -o concubino desde hace unos 20 años- antes de ganar acceso a las polonias. La mujer enrocada en que esta vez dormíamos con ellos, y mi señora que ya lo tenía apalabrado con una amiga. Al final, con tal de evitar que la sangre tiñera de rojo el mar del norte en su totalidad, la suegra nos endosó en un modesto hotel a 50m de su casa, así no estorbábamos y lo que es más importante, gozábamos de la intimidad necesaria para entregarnos a la salvaje cópula, actividad en la que destaco.

Cada mañana a las 10:00 CET nos personábamos ahí para consumir un excesivo desayuno cuyos detalles os ahorraré. Tocábamos el piro a eso de las once y tal, una cosa suelta. Fue al tercer día, almorzando, cuando tuve un ‘flash of genius’, agaché la cabeza bajo la mesa, levanté el mantel y miré.

Desde el primer día en que le vi que Peter, el novio, nos daba los gutenmorgens desde la misma silla de la mesa del comedor, la mejor posicionada per ver la tele, ni se levantaba a por margarina o a desorinar, y cuando nos largábamos nos deba sus bismorgens sin moverse de ahí. Pues eso, que tuve un instante de duda que instintivamente liquidé mirando por debajo de la mesa, sólo para ver que no había silla de ruedas y lo que pasaba era que el pavo ese, el novio de la madre, era un puto moro, un vago y un maleducado. Gracias a Dios tengo previsto que mi suegra, otra que se las trae, le abandone pronto.

viernes, 8 de enero de 2010

Ojo al dato


Ya lo decía Tachito, "que no estamos tan mal". Si este dato fuera del dominio público, ¿tragaríamos con tanta mierda? Lo dudo.

De Tall&Cute.

martes, 5 de enero de 2010

Mitos del cine porno (III): Andrea Gassi

Nacida en Las Vegas de descendientes armenios, Andrea puede presumir de tener en sus vitrinas ocho grandes nabos:


Destacó por sus poderosas ventosidades, sus agosaradas rasuras, sus andares torpeznos, su mirada pizpireta, y su adhesión a la nandrolona. Se retiró del porno activo tras iniciar una relación sentimental con Rudolph Graf.

ELECTION DAY 2026: The Fountain of The Door

No he dicho casi nada aún, mayormente por pereza, pero diré mis cuatro cositas, ya a las puertas de tal. Revisionismo básico: ya sabemos c...