jueves, 8 de noviembre de 2012

ASIMETRIA PERCEPTIVA - YA OS DIJE YO QUE ERA UN HIJO DE PUTA


Uno de los aspectos más miserables de la condición humana, y al que he tenido acceso más directo desde hace unos pocos años, es el de la asimetría perceptiva de la que es víctima el empleado.
Generalmente nota poca sensibilidad del jefe hacia sus necesidades, inflexibilidad e intransigencia para con él, mientras que el resto del equipo goza y disfruta de total libertad de conducta. “El jefe me tiene manía”; cómo en el cole.

El jefe hace la vista gorda con los horarios, las llamaditas, el Facebook a todo trapo y las vacaciones de todos los demás. En cambio, a mí me tiene más collado que a Machado. Esta curiosa aversión a un sujeto del equipo, que aparece de forma injustificada como una seta otoñal, viene siempre apuntalada con la evidente existencia de otro sujeto favorito del jefe. “Me trata peor que a los demás, y su coleguilla es Paco, que tiene barra libre porqué juega a squash con el jefe desde hace años Y SEGURO QUE VAN DE PUTAS JUNTOS”.

El empleado que detallamos arriba ve a sus hijos enfermar pero no los de los demás; los suyos tienen ébola sarnoso mientras que los demás se inventan las enfermedades de los hijos para ir de picnic. 

Se esfuerzan, cuando reunidos con la jauría en la máquina de café, en poner a parir al compañero que hoy no está "Esa zorra seguro que se acostó a las tantas, valiente putón", incapaces de entender que cuando ellos no están son igualmente criticados. 
Interesante déficit de contacto con la obviedad.

No dudan además en criticar a un compañero ante el jefe, cómo si desesperadamente creyeran que estableciendo sesgadas, absurdas y patéticas comparaciones la percepción del jefe pudiera cambiar y verlo todo como lo hacen ellos; lejos de alcanzar su objetivo, con su traición al compañero, sólo logran abismalizar el cisma claro que el manager establece entre esos despojos humanos y los compañeros siendo ahora cobarde y mourínhicamente apuñalados.

Asimetría perceptiva, celos, discriminación, abusos. Viga en el ojo ajeno, incienso en el propio.
"Me duelen las cervicales y te mando un Whatsapp que me quedo en casa". Sobre todo si es Viernes y hace un buen día.
Eso sí, el jefe es, digámoslo ya, un hijo de puta. Yoya lo dije cuando de pusieron (a dedo y por nepotismo, claro).
Un hijo de la gran puta.

P.S.: Podría alargar el post, me sobran literatura, contenido, calidàt, porte y ganas, pero en virtud del post de ayer, aquí lo dejo.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

A veces creo que curras en un circo romano, casi huelo el sudor de los gladiadores o seré yo el que ha currado siempre en barrio sésamo y los mundos de Yupi?

Guillem

PENELOPE dijo...

te noto quemadillo, quemadillo eh

Semen-up dijo...

Lamentaria mucho que cuando dice usted que no alarga más el post, que sea -aunque en diezmilonèsima razón- por mi réplica de ayer. (Bueno, aunque sé que "se te'n refot", solo me queria der un poco de pisto).
En cualquier caso, por favor, siga usted, alàrgase, deléitenos con su florida prosa y sobre todo yo le ruego que prosiga con este ritmo de publicación diaria (o casi).
Sobre el tema que planteas?
1) El jefe: un hijo de puta. Si, siempre, todos ellos, en cualquier parte.
2) Los empleados: unos completos haraganes, todos, siempre y en cualquier parte.

Anónimo dijo...

N'hi ha centenars de milers. I normalment trepen més i més ràpid. Plorar i fer-se la víctima és extraordinàriament útil.

Es creuen lee seves queixes? Amb els anys he arribat a la conclusió que, la majoria, sí.

Rai

Anónimo dijo...

Recorda'm que no envii mai el meu CV a la teva empresa.
A quin cony de xiringuito treballes?


Ant.

General Fórceps dijo...

penalty gol es gol

14 dijo...

Hijo de puta hay que decirlo más.